jueves, 11 de septiembre de 2014

PERIODISMO: EL DERECHO A LA CORRECTA INFORMACIÓN

PERIODISMO: EL DERECHO A LA CORRECTA   INFORMACIÓN.

               1.- LA PRENSA EN EL SIGLO XXI.

                      No he de callar, por más que con el dedo
                      ya tocando la boca, ya la frente,
                      silencio avises o amenaces miedo.
                      ¿No ha de haber un espíritu valiente?
                      ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
                      ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
                         Francisco de Quevedo y Villegas:
                         “Epístola al Conde de Olivares”.
                          …………………………………..
          La reunión, casi secreta, que mantuvo el Presidente de la Rca. Horacio Cartes, con algunos exponentes del periodismo local, tratando de aconsejarse, (¿o influir?) sobre cómo mejorar la imagen de su Gobierno a través de los Medios, merece ciertas reflexiones.
         Cuenta Platón que Solón, el legislador de Atenas, solía recibir, a menudo, de los gobernantes de los pueblos allende las fronteras que los griegos llamaban “bárbaros”, solicitudes para que escribiese leyes, o sea “Constituciones” para sus patrias. Y que Solón generalmente aceptaba, pero que su aceptación era precedida por dos preguntas: “para qué pueblo” y “para qué momento”.
         Esto viene a cuento ahora que trataremos de analizar la situación del Periodismo en “nuestro pueblo” y en “éste momento”, ya que en otras latitudes, como en las de los países del “Alba”, y especialmente en Venezuela y Ecuador, las relaciones de la Prensa con los Gobiernos que los rigen, se han vuelto bastantes ríspidas, con clausuras de periódicos, estaciones de radio y televisión, y una política de hostigamiento y amedrentamiento general, que desea inducir a los medios independientes u opositores que quedan, el camino hacia la autocensura para seguir subsistiendo. En el Paraguay, por fortuna, existe una irrestricta libertad de prensa, y por ello queremos examinar lo que hizo, hace y debería hacer la prensa en el comienzo de éste siglo XXI que ya está entre nosotros, pues es una cuestión que ocupa un interés fundamental en los proyectos e ideas de Horacio Cartes, quien se plantea la importancia de la tarea periodística en el mundo de hoy y la responsabilidad que le corresponde, al tener que llamar la atención del ser humano del siglo nuevo que vivimos, acerca de los retos que le esperan en el futuro inmediato.
        La historia del Periodismo, desde que la imprenta lo hizo posible a mediados del siglo XV, ha sido la de un reto, un desafío intelectual y moral a las condiciones sociales, políticas, económicas y culturales de las centurias posteriores. A lo largo de este dilatado espacio de tiempo la prensa fue –a través de la noticia y la opinión– la gran suscitadora de innovaciones en todos los campos de la actividad humana, a veces por el juicio crítico acerca de las situaciones imperantes, a veces por la formulación de propuestas movilizadoras de las fuerzas históricas. Los antecesores en el ejercicio de ésta profesión desafiaron a la ignorancia y el analfabetismo y terminaron por dar origen a ese fenómeno tan típico de la Edad Moderna que es la opinión pública, que desde el siglo XVIII se convierte en motor del progreso. Los predecesores del periodismo, con las precarias hojas de las épocas iniciales, promovieron las ideas que abrirían el camino a las grandes revoluciones –la Inglesa, la Norteamericana, la Francesa, la de la América hispánica– que imprimieron a la civilización occidental un viraje radical en su desenvolvimiento. Sin la prensa no hubiera sido posible el Iluminismo, ni su consecuencia política: la declaración y la vigencia de “los derechos del hombre y del ciudadano”.
         La democracia, que es condición existencial para la prensa independiente, encuentra en la prensa libre una condición también existencial  necesaria. La libertad de prensa es la garantía de todas las otras libertades. Claro está que, entre la prensa y la sociedad hay un desafío recíproco, un reto mutuo que va cambiando según el transcurso del tiempo. Y el siglo XXI, cuyo umbral ya hemos traspuesto, nos plantea reclamos perentorios, que podemos intuir e incluso notar, de los hechos y tendencias del futuro. Para seguir la norma prudente del justo medio, digamos que “el fin de la historia” es algo que podría darse sólo si se agotara lo que Henri Bergson llamaba el “elan vital”: la evolución creadora, el impulso vital que lanza para adelante a los individuos y a las colectividades; una circunstancia imposible de eludir. Pero nosotros creemos que tampoco parece demasiado original.
         Pongámonos por un momento en el punto de vista del futurólogo desde el que puede conjeturarse qué va a pasar con la gente en el transcurso del siglo XXI. Ya sabemos que a esta altura de la segunda década, la población mundial aumentó en tal medida, que parece inevitable que en el futuro se acrecienten aún más las necesidades insatisfechas que ya padece gran parte de la humanidad; y lo que la hace más desfavorable es que la explosión demográfica se está verificando en los países menos aptos para soportar sus consecuencias. El Norte, es decir los países más avanzados, tenía en 1914 el 50% de la población mundial; y ese porcentaje se había reducido en 1988 al 25%. Y, ahora, en el primer decenio de nuestra centuria, ya es solamente del 15%. En los países desarrollados, contrastando agudamente con el resto, sus pobladores son mayoritariamente de edad avanzada, y en este año 2014, Japón y Alemania son las naciones más viejas del planeta. ¿Cómo encarará la Prensa las legítimas aspiraciones de los jóvenes que ansían abrirse paso en la vida y carecen de empleo, frente al voto decisorio del los más viejos? “Es necesario obtener una participación más amplia en la toma decisiones, ésta es una condición sine qua non para la supervivencia de la democracia”(1).
         Otro rasgo muy peculiar de este tiempo es que lo intangible tiene más importancia que lo material: para la producción, el acento recae sobre la investigación, la capacitación, las patentes, la publicidad, etc. Ahora ya el sector terciario constituye el 70% de la fuerza laboral y sólo un tercio de los insumos lo lleva lo material, lo tangible, con lo que tenemos que apenas entre un 15% y un 20% de la población ocupada es obrera en los países centrales. Semejante predominio de la demanda de habilidades intelectuales significa un gran compromiso en matera de la actualización de la enseñanza y el periodismo debe insistir en éste aspecto. Se calcula que los conocimientos se duplican cada siete años y que ese ritmo podrá acelerarse con los superordenadores, concebidos a imitación de la estructura neuronal del cerebro y ya no como meros procesadores de secuencias lineales. La competencia por los puestos laborales, que serán menos en las sociedades avanzadas debido al mayor empleo de técnicas cibernéticas de automatización, llegará a extremos desconocidos en el siglo que dejamos atrás. Los países del 1er. Mundo tienen ya una tasa de desocupación permanente de cerca del 15% ( y en casos de las naciones del sur de Europa, en crisis, del 25%. Por otra parte, la ocupación femenina dispondrá para muy pronto del 45% de las plazas. En esta esfera, la prensa libre tiene una función indelegable e impostergable, la de advertir a quienes cuentan con la autoridad y la capacidad de decidir acerca de las cuestiones inéditas que el presente y el futuro reserva a los pueblos, cualesquiera que sean los niveles de su desarrollo. También debemos  señalar que este siglo será el de las grandes comunidades de naciones y que parece justificado sostener que el “Estado-nación” cedería el paso a la organización supranacional; pero también advertimos que la lógica de las nacionalidades está enfrentándose con los Nacionalismos regionales pues es un hecho innegable que se introdujo en el panorama mundial el resurgimiento del Nacionalismo. También en este campo creemos que la prensa independiente tiene una misión y un compromiso: el de mostrar a sus lectores el rumbo que toman los grandes procesos mundiales que, por decenios, quizá determinarán la suerte de los países y, por supuesto, de sus habitantes.
          Y una de las principales funciones del periodismo es la de hacer al hombre contemporáneo de sí mismo, por intermedio de la comunicación, cumpliendo la tarea prospectiva que requieren los individuos y las sociedades para orientarse en un mundo en vías de transformaciones portentosas, en trance de cambios vertiginosos. Al respecto decía  el entonces Director del Diario “La Nación” de Bs. Aires, Bartolomé Mitre, en 1991, durante una Conferencia, que: “como circunstancia estimulante, se destaca la unidad (ahora resquebrajada) de los mayores países de la Tierra que parecen haber comprendido que sólo la competencia en la paz para los avances para el bien común es un camino válido y sensato”; y agregaba: “esencialmente, son las comunicaciones y la prensa, como mecanismos de difusión y permanencia de los mensajes y las informaciones, los que tienen a su cargo una responsabilidad que, sin exagerar, supera hoy a la de los Gobiernos y los Ejércitos”(2).
       Y es verdad lo antedicho, vivimos en la era de la información; la “aldea mundial” es el producto de la notable sofisticación tecnológica aplicada a la comunicación; quizá ésta sea la marca distintiva del comienzo de éste siglo para los historiadores futuros. Se predecía hace varias décadas que el siglo XXI sería el de la inteligencia artificial, el de las máquinas que no se limiten a la realización de operaciones rutinarias sino que sean capaces de inferencias más complejas, semejantes en alguna medida a las del cerebro humano, que enfrenta situaciones nuevas y las resuelve por la vía de la creación intelectual. Hoy, estas máquinas inteligentes ya se están destinando a exploraciones y operaciones peligrosas o imposibles de cumplir por el ser humano, tales como las reparaciones de estaciones espaciales, la limpieza de usinas nucleares después de accidentes (como sucedió hace no mucho en Japón), trabajos de reconocimiento en la superficie del planeta Marte, estudios en las grandes profundidades oceánicas, entre otras. El cúmulo de conocimientos obtenidos por su intermedio –el conocimiento científico es también, al fin y al cabo, información– va a modificar las concepciones que el ser humano del siglo XXI heredó de sus antepasados acerca del mundo y del universo.
        Y en el campo más próximo del procesamiento y difusión de información se notan algunos hechos que ya son más que proyectos y marcan una tendencia muy clara: se está yendo hacia el periódico, impreso o transmitido por ondas, personificado, hecho a la medida del usuario. En el Media Lab, del Instituto Tecnológico de Massachussets, se ha trabajado en un proyecto denominado News Peek: consiste enderezado a que cada usuario reciba sólo la información que necesite o que prefiera. El perfil de cada uno de los suscriptores está archivado en una computadora que, cuando empieza el flujo informativo, elige lo que interesa a cada uno, lo procesa y lo despacha a su destinatario; como el sistema está previsto que sea interactivo, el abonado puede pedir cambios y ampliaciones, según que sus necesidades vayan variando. Por eso, los medios de prensa han de seguir paso a paso el desenvolvimiento tecnológico, del cual dependerá acaso su éxito y quizá su supervivencia. Es que nuestra civilización está fundada en el texto. Sin el Diario, sin la Revista, sin la Publicación Científica, sin el Libro, sin el manual de uso, no habríamos llegado al grado de avance de las ciencias y las técnicas actuales, ni las ideas hubieran circulado con la libertad que exigen la democracia y el progreso. Hugo de Jouvenel, especialista en prospectiva, sostenía a finales del siglo pasado, que el valor máximo en el siglo XXI sería el de la inteligencia. Pues bien, el instrumento máximo de la inteligencia es la palabra, el logos, el verbum. Y es a través de la palabra, en definitiva, que la prensa aceptará durante el transcurso de este siglo, el reto de lo desconocido, esa aventura que tienta al hombre desde el principio de los tiempos; y para expresarla seguirá defendiendo la libertad como uno de los bienes más preciados; porque la democracia es el ámbito natural para el ejercicio de la libertad de prensa.

          2.- EL PERIÓDICO EN UNA SOCIEDAD CAMBIANTE.

         En una de sus más novedosas obras editada hace ya una generación: “La Tercera Ola”, Alvin Toffler, el célebre autor de “El Shock del Futuro”, calificaba como una tercera revolución, después de la revolución agrícola y la industrial, el tránsito de la obsoleta política de su época hacia nuestro actual siglo XXI. Se preguntaba si se estaba presenciando el nacimiento o la muerte de una civilización, dentro de su texto hay en la obra mencionada un capítulo de penetrante actualidad aún hoy, relativo a “la desmasificación de los medios”, fenómeno obvio, porque si se trata de desmasificar el poder político, y también el económico, algo similar tiene que dejarse sentir en los medios de comunicación, que son en alto grado, reflejos de aquéllos; es un “Cuarto Poder”, pero lejos de la pretensión de antes de ser un poder concentrado. La prensa escrita tuvo que compartirlo con la radio primero, y luego con la televisión. Es así que los grandes periódicos de las grandes urbes de los países desarrollados, han ido viendo decrecer el número de sus lectores apreciablemente y, en cambio, ha sido visible la “explosión” de los pequeños diarios de interés regional. Y en el Paraguay, pese a la reducida dimensión de los lectores de diarios –comparándolo con los grandes centros– está pasando algo similar: En Ciudad del Este, por ejemplo, ya existen periódicos de gran tiraje y lo mismo empieza a pasar en otras ciudades importantes; es decir, que los periódicos de masas han perdido influencia para dar paso a los de interés más circunscrito. Igualmente se han multiplicado en las estaciones de radio y de televisión los programas de opinión; y todo ello es bueno, porque está bien que este “cuarto poder” de que hace más de dos siglos hablara el Conservador inglés Edmund Burke, pueda ser compartido entre las diversas ideologías que determinan el destino de una nación y difundido de igual manera a lo largo y a lo ancho del territorio de un Estado. Debe la prensa expresar los puntos de vista encontrados de una sociedad pluralista, pues cuando se convierte en espejo cóncavo de un solo partido, o en el eco solícito de los Gobiernos de turno, pierde su verdadera dimensión espiritual y su justo valor político.
        Marshall Mcluhan, apodado por sus contemporáneos “el mago de las comunicaciones”, por la profundidad de sus investigaciones y su dominio del tema, puso de relieve, hace ya varias décadas, algo que era cierto, pero que no se había comprendido en todo su valor: “Los medios son el mensaje”. Este sagaz observador, afirmó ya entonces, algo que ahora estamos viviendo: el orbe se ha “tribalizado”, el mundo es una aldea, y en consecuencia, el poder del Medio está adquiriendo inusitada influencia en la conciencia universal y en la de cada ciudadano; para McLuhan “el periodismo no sólo influye en el curso de los hechos sino que los determina”; no es un simple portador de comunicación, sino que es actor en el diseño de la sociedad. La palabra transmitida deja de ser así “el amo del ser humano para convertirse en el más justo, o peligroso, instrumento de su tarea comunitaria”.
       Y ahora –respecto a las afirmaciones de McLuhan– en nuestro Paraguay debemos hacernos las siguientes preguntas: ¿cómo podemos traducirlo en alguna realización práctica? ¿Qué tenemos que hacer para reafirmar y fortalecer la determinación de nuestro periodismo de proteger y perpetuar el derecho básico a la prensa libre, el derecho inviolable a conocer y publicar la verdad? Examinemos nuestra situación: hemos cruzado el umbral y penetrado en la segunda década del 2000. Una vez más el Periodismo Paraguayo enfrenta un gran desafío. Comenzamos esta nueva década siendo una Nación que quiere ser más fuerte, más libre, más sensible a las necesidades de los otros y más humana sobre la tierra que pisamos; no obstante, a diario oímos que desde muchas partes nos critican y se burlan de nuestro modo de vida, de los valores que apreciamos y nuestro carácter nacional. Y ciento de miles de nosotros –que aquél Presidente norteamericano Richard Nixon llamó en su momento “la mayoría silenciosa”– permanecemos en silencio, no haciendo nada por enfrentar y refutar esas críticas. Estos detractores del Paraguay nos bombardearon  hace pocos años  con  la denuncia de que nuestro sistema no era democrático. Y realmente podemos asombrarnos: ¿pudieron acaso señalarnos que en nuestro país no se permitía la mayor libertad de prensa y la mayor libertad personal? ¿Pudieron probar lo que dijeron, que en nuestro país no se aseguraban los derechos civiles, que no poseía las instituciones más democráticas, más libertad de palabra, más libertad para desplazarse, en resumen, mayor cantidad de todo aquello (excepto la solución de la cuestión social) que vuelve la vida más promisoria, digna y gratificante?
        “Enfrentémonos con nosotros mismos con absoluta sinceridad”, ha dicho alguna vez Horacio Cartes. Y los periodistas –que siempre han insistido y continúan insistiendo en el ejercicio de la objetividad– tienen que preguntarse si verdaderamente han sido objetivos al informar sobre las palabras violentas y las violentas acciones de ciertos Dirigentes políticos y los Movimientos sociales. En esta era agitada, ¿han mostrado todos los hechos o han tolerado que los dirigentes autodesignados, los vocingleros buscadores de publicidad, los “remediadores de todos los males” acaparen las noticias, al destinar un exceso de espacio a sus críticas y censuras?; porque hay que reconocer el peligro que representa la violencia desenfrenada e impune. O hay respeto a la Ley o el País está destinado a su destrucción; si tenemos objeciones contra una Ley, enmendemos, modifiquemos o rechacémosla. Pero en tanto tenga carácter de Ley, rindámosle obediencia.
        Hoy, el Periodismo Paraguayo debe enfrentarse a la dura realidad de que esta tarea reposa íntegramente sobre sus hombros. En tanto que periodistas deben atenerse a las garantías constitucionales en lo que respecta a su derecho a conocer e informar la verdad; y cargan con la responsabilidad de hacer tomar conciencia a la gente de éste país del peligro que entraña su silencio y su inacción; pues ellos a su vez tienen que recordar a los representantes electos, especialmente al Congreso, que el pueblo hace tiempo reclama acción; que ya no pueden permanecer tranquilos, adormecidos por la opulencia de su estado, o corrompidos por la tolerancia y la indulgencia que fueron la característica de Gobiernos anteriores. En una sociedad cambiante como la nuestra, los Diarios constituyen un tipo único de institución. Ocupan un lugar especial para proteger y promover el bienestar social; ocupan también un lugar especial como guardianes de la libertad individual y colectiva; tienen la perpetua y constante responsabilidad de presentar, no sólo ambas caras de cada cuestión, sino todos los puntos de vista racionales posibles. En época tan lejana como 1786, Thomas Jefferson, quien a menudo criticó a la prensa, decía: “Nuestra libertad depende de la libertad de prensa, y ésta no puede ser limitada sin perderse”. Desde que él vivió, el mundo ha sufrido cambios espectaculares, pero las cosas en las que Jefferson creía son ajenas al tiempo y al cambio; por eso, al recordarlo, pongamos énfasis en la libertad de prensa y, a través de ella, en la protección y perpetuación, para todos, del derecho de saber.
        Si no tenemos prensa libre, ¿quién le hablará sinceramente a la humanidad? ¿Quién puede brindarle las verdades que requiere, para poder elaborar soluciones duraderas a los angustiosos problemas que hoy afligen a nuestro país y al mundo: el problema de los medios para evitar las guerras y para acabar con la pobreza, la ignorancia y la tensión social con sus concomitancias de crimen, violencia y olvido de la ley, el problema de la preservación del ambiente humano contra su ulterior destrucción antes de que nuestro aire, agua y fuentes alimenticias sean definitivamente envenenados y el invalorable tesoro de nuestra fauna sea aniquilado?
        Éstos son sólo algunos de los problemas que debe encarar la humanidad; pero no nos equivoquemos, sin libertad de prensa la humanidad se enfrenta a éstos y a todos los demás problemas prácticamente sin guía. Sólo la prensa escrita, radial y televisada cuenta con los medios para interesar a la gente en el papel que pueden y deben desempeñar exigiendo soluciones para sus problemas, y para respaldarlos en sus exigencias hasta que éstas hayan sido satisfechas. Hacemos un llamado a los hombres de prensa y a todos aquéllos que estén dispuestos a enfrentar el terrible desafío de nuestra época. Porque a menos que lo hagan, no estarán en condiciones de ser periodistas, y nuestros diarios, radios y T.V. no merecerán los excepcionales resguardos que les brinda nuestra Constitución Nacional.

                    3.- LA PRENSA COMO CONTRA-PODER.

        Decía el popular periodista Alcibiades González Delvalle en uno de sus artículos dominicales del Diario “ABC Color”: “El Poder Político y la Prensa Independiente nunca se llevaron bien. La Prensa y el Gobierno son dos poderes que colisionan con frecuencia, generalmente por motivos opuestos. El Gobierno quiere ocultar  muchos de sus actos, y la prensa quiere ventilarlos; el Gobierno quiere que se lo aplauda en todo, y la prensa lo hace sólo en contados casos; el Gobierno se reserva la suma del patriotismo y deja para la prensa la suma contraria. Algunas autoridades eligen una mal disimulada sutileza para debilitar a la prensa”.
        Y continuaba, “…En la dictadura no se permite a la prensa difundir sus ideas contrarias al régimen. En democracia, en nuestra democracia, se la deja hablar libremente, se la deja decir cuanto quisiese, pero las preocupaciones de la población –expresadas a través de los medios– son tomadas con arrogancia o desinterés por los políticos que tienen la sartén por el mango”.
         “…Entonces uno se pregunta, con cierto desánimo: ¿La libertad de prensa sirve solamente para el desahogo? ¿Es democracia la que no tiene en cuenta a la opinión pública? En la dictadura se socava a la prensa con la represión; en democracia, con la indiferencia o directamente con la burla o el desprecio. En estas y otras condiciones no hay más posibilidades que el desencuentro del poder político con la prensa, y la prensa con el poder político”(3).
        Y es verdad en cierta forma, pues a todo Gobierno le gustaría que el periodismo le sirviera de claque. Pero una prensa verdaderamente libre no tiene la obligación de apoyar la política gubernamental; en realidad su obligación consiste en abstenerse de respaldarla; de otra manera se convierte en un mero brazo propagandístico del Gobierno. El verdadero papel del periodismo es escrutar, debatir y darle una oportunidad al público para resolver si las decisiones del gobierno son correctas. Quien lo expresó mejor fue Walter Lippmann, famoso periodista de la segunda mitad del siglo pasado, cuando declaró que los Medios de Comunicación tienen la responsabilidad de proveer “un cuadro de la realidad sobre el cual los hombres pueden actuar”. Tienen el deber de informar a los ciudadanos acerca de las acciones y del pensamiento del Gobierno sobre los asuntos públicos. Ese deber trae aparejada la responsabilidad de analizar cómo se adoptan las resoluciones y las motivaciones de los hombres y mujeres que fijan la política oficial; si la prensa libre no asume esta tarea, no sólo deja de informar sino que distorsiona la información. Pero, sin embargo, debemos reconocer que mucha gente sigue albergando una profunda desconfianza hacia los medios de comunicación; y una y otra vez resurgen las preguntas: ¿Por qué los medios de comunicación “se adjudican el papel de Dios”? ¿Cómo es que la prensa siempre ataca a los funcionarios públicos y nunca investiga a los periodistas faltos de ética ni la emprende contra la gran Empresa? ¿Es el periodismo una profesión realmente honesta? ¿No deberían los periodistas contar con una licencia para ejercer o estar controlados como los médicos y los abogados?
        La lista de estos interrogantes es inquietante e interminable. Una fracción realmente importante del público parece creer que los medios de comunicación no dicen las cosas como realmente son, mientras que otro sector igualmente importante afirma que la prensa habla por demás. Afortunadamente, en el Paraguay la prensa goza de gran credibilidad apenas superada por la Iglesia Católica. No obstante, para ser imparciales, hay que tener en cuenta los interrogantes que el público plantea respecto del papel de los medios de comunicación. Y si la prensa no puede defenderse adecuadamente o reconocer sus propias deficiencias y corregir su rumbo, el concepto de prensa libre no habrá de perdurar mucho, ni siquiera en los países más democráticos y desarrollados. Y así, la prensa está obligada a vivir en esta especie de “tierra de nadie”, sujeta a la crítica constante del Gobierno y del público y sin gozar del aprecio de aquél; pero la prensa no necesita ser hostil, sino que debe seguir siendo un adversario, dispuesto a examinar, investigar y poner en tela de juicio las decisiones gubernamentales.
        Criticar al Estado es el hecho de cada día: el editor del prestigioso diario Londinense “The Times”, ya a mediados del siglo pasado escribió con sobra de autoridad que “el periódico no debe ser órgano a través del cual el Gobierno pueda influenciar al pueblo, sino a través del cual el pueblo pueda influenciar al Gobierno”. Por ello, la libertad de prensa en última instancia depende de la prensa misma y de la conciencia adquirida, que es inútil pretender que pueda acumular poder sin tener responsabilidad. Cualquier reglamentación de la prensa y su manejo deben estar en manos de las categorías comprometidas: el público representado, los dueños de los medios, los periodistas que lo sirven. En las democracias pluralistas la regulación de la libertad de prensa desde hace ya más de medio siglo han tenido su inspiración en estos criterios: son los llamados Consejos de Prensa, copiados del modelo Británico. Como se ha dado en decir: “Inglaterra, que le ha dado al mundo la Democracia Parlamentaria, le ha ofrecido a esa democracia uno de los más sabios instrumentos de participación”. Tienen los mencionados organismos, como papel principal, “establecer un código de conducta para propietarios y periodistas”, y, desde luego, vigilar para que éste sea cumplido. Está integrado por representantes de los Propietarios, de los Directores, y los Periodistas de planta, fundados en el concepto de que la libertad de prensa corresponde ampararla a los mismos periodistas, y que ésta en grado sumo reposa en la confianza del público. Es así que se les asigna la función de supremo tribunal de todo reclamo del ciudadano, si éste estima que se ha violado la ética profesional bien sea por la publicación, o por la no publicación de algún hecho. Y el buen suceso que han conseguido ha llevado a que esa iniciativa haya sido imitada en numerosos países. Por ejemplo, Alemania los creó en 1956, Austria en 1961, Canadá en 1972, Dinamarca en 1954, Finlandia en 1968, y también operan en Israel, Suiza, Japón, Italia, India, y otras naciones importantes. Así se garantiza que aquella parte de la “Declaración de los Derechos Universales del Hombre y del Ciudadano”: el recibir, buscar, impartir información e ideas, sea una realidad sin cortapisas, ya que a la larga el único secreto bueno para un Estado es la VERDAD.

                                   4.- PERIODISMO Y ÉTICA.

         Cuando entramos en el terreno de la ética periodística nos adentramos en un terreno cenagoso de especulaciones filosóficas, donde brumas aterradoras de juicios flotan sobre el pantano. A pesar de la inseguridad que crea el carecer de una superficie sólida donde apoyar el pie y de una visibilidad escasa, no existe razón para desistir de la jornada. De hecho, es una jornada que vale la pena emprender, porque plantea el problema de la moralidad de la persona: obliga al periodista, entre otros, a considerar sus principios básicos, sus valores, sus obligaciones para consigo mismo y para con los demás. Lo fuerza a decidir por sí mismo cómo quiere vivir, cómo manejar sus asuntos periodísticos, cómo pensar acerca de sí mismo y de los demás, cómo pensará, actuará y reaccionará ante lo que lo rodea. La preocupación por la ética es muy importante. Al periodista que tiene esta preocupación lo lleva a buscar el súmmum bonum, el bien supremo, en el periodismo, realzando así su autenticidad como persona y como periodista.
         Lo que caracteriza a una cantidad de periodistas actuales es la falta de compromiso y de coherencia; todo periodista decide elegir entre ser una persona ética o no: como lo demostraron Jean-Paul Sartre y otros existencialistas “la no elección es una forma de haber elegido” y que “la negación a elegir lo ético es inevitablemente la elección de lo no ético”(4). La ética es la parte de la filosofía que ayuda a los periodistas a determinar qué es lo correcto en su actividad como tales; es principalmente una ciencia normativa de la conducta, entendida ésta fundamentalmente como conducta voluntaria, autodeterminada. La ética tiene que ver con la “autolegislación” y la “autocorrección” y aunque está relacionada con el Derecho, es de naturaleza distinta. La ética tiene que brindar al periodista ciertos principios y pautas básicas mediante los cuales juzgar si sus acciones son buenas o malas, correctas o incorrectas, responsables o irresponsables.
        Es mucho más fácil analizar el Derecho que la ética; el derecho es más fácil de captar, porque lo legal está establecido en la ley. Lo ético rebasa el derecho, porque hay muchas acciones que son legales pero no éticas; y no hay “códigos de ética” que puedan consultarse para resolver los litigios morales. La ética es primariamente personal. El periodista “virtuoso” es aquél que respeta y trata de vivir de acuerdo con las virtudes cardinales que Platón analiza en La República((5): La primera es la sabiduría, que brinda una orientación a la vida y que constituye la base racional. La segunda es el coraje, que hace que la persona persiga sus objetivos de manera constante. La tercera virtud es la templanza, que exige una moderación razonable o una combinación de la razón con otras tendencias de la naturaleza humana y es la que ayuda a evitar el fanatismo en la prosecución de cualquier objetivo. Y la cuarta es la justicia, que se distingue de las demás virtudes cardinales en que se refiere más específicamente a las relaciones sociales del hombre.
         John Whale, quien fuera redactor de editoriales del Sunday Times, de Londres, allá por la década del ’70, sostenía que la base de la ética periodística “es una entrega a la verdad; la autenticidad de la información contenida en el relato o “historia” es lo que constituye la principal preocupación del periodista. Ahora, ¿qué métodos tiene que emplear un periodista en la obtención de esa “verdad”? Y Whale responde: Sólo aquellos métodos que el periodista estaría dispuesto a incluir como parte de su relato. Ésta es la razón por la cual Whale y muchos otros se oponían a la aprobación de “leyes escudo”, porque mucho más importante que mantener en secreto el nombre de su informante –afirma– es que lo que se dice sea verdad; a su juicio, la virtud, en el periodismo, consiste en lograr que el relato contenga “la mayor proporción posible de verdad”, y, por supuesto, la fuente de información es parte de la “verdad” del relato(6).
        Naturalmente, el problema principal de esta concepción de la verdad reside en que hay que considerarla en el contexto de la selección de las informaciones por parte de los Directores del Diario. ¿Qué verdad –o qué partes de la verdad– elegirá para darlas a conocer un medio de comunicación periodístico?: “Todas las noticias adecuadas para ser impresas”, responde The New York Times, con lo cual proclama que ciertos asuntos, aún cuando sean veraces o aporten la verdad, que no se consideren “adecuados” no se publicarán. Por lo tanto The Times dijo explícitamente lo que todos los periodistas creen y practican: la verdad es aquello que los periodistas creen adecuado llamar verdad, de la misma manera que las noticias son aquello que deciden que es adecuado llamar noticias.
        Pero en la actualidad, los periodistas parecen sentirse especialmente frustrados en el terreno de la ética; se encuentran cada vez más atraídos por lo que consideran sus “derechos” como periodistas, como por ejemplo, el derecho a la autonomía en la redacción, y su responsabilidad para con la sociedad o para con distintas personas o grupos que la integran. Además de esos problemas básicos, hay otros cuyo control está mas al alcance del periodista, como, por ejemplo, el simple (o complejo) aspecto de la integridad. De todos modos, en virtud de su importante virtud cardinal dentro de la sociedad a la que pertenecen, los periodistas –repetimos– tienen la posibilidad, por lo menos colectivamente, de influir de manera masiva sobre la dirección que toma esa sociedad, ya que son ellos quienes ponen al alcance del público la información sobre la cual se toman las decisiones.
        Es por ello que resulta muy importante el principio consagrado en nuestra Constitución Nacional de que el ciudadano no sólo tiene el “derecho a la información”, sino, por sobre todo, “el derecho a la correcta información”.

                                                       N O T A S.
(1) Bartolomé Mitre; Director del Diario “La Nación” de Buenos Aires: “Conferencia en el Seminario Prensa para la Democracia”; Bogotá, 2 de Mayo de 1.991.  Loco citato et passim.-
(2) Ibídem.-         
(3) Alcibiades González Delvalle: “Poder político y prensa”; ABC Color, Domingo 20 de  Mayo de 2.012.-       
(4) Citado por Hazel Barnes: “An Existencialist Ethics”; p. 7; Mentor Books; New York,   1962.-                                                                                                     (5) Citado por Josef Pieper: “The Four Cardinal Virtues”; Notre Dame University Press; New York, 1966.  
 (6) John Whale “Conferencia pronunciada en la Universidad de Missouri”; 1º de Julio de  1.973.



martes, 9 de septiembre de 2014

LA GUERRILLA CAMPESINA

LA GUERRILLA CAMPESINA 

        Los nuevos y continuos ataques del EPP nos obligan a examinar esta cuestión en su aspecto teórico como práctico:
        En un estudio publicado en una fecha tan lejana como 1964, el escritor argentino Jorge Abelardo Ramos examinó las ideas de Ernesto “Che” Guevara sobre la aplicabilidad de la guerrilla como fórmula única de la lucha en América Latina (1): “La autoridad revolucionaria legítimamente adquirida por Guevara por su actuación en la Revolución Cubana volvía indispensable esa puntualización, por más severa que fuese. Respetábamos su notable figura como guerrillero, pero expresábamos nuestras reservas como teórico de la revolución latinoamericana, justamente porque su prestigio aumentaba los peligros de la difusión de una concepción voluntarista profundamente errónea. Pero la ratificación por Fidel Castro de aquellas tesis de Guevara y su tentativa de aplicación en varios Estados Latinoamericanos obligan a considerar nuevamente la cuestión”(2).
       Esto parecería haber sido escrito en esta época y para el Paraguay de ahora, que tiene a una Guerrilla al parecer intoxicada por esa ideología aunque nuestro bobalicón Ministro del Interior
–que debe ser removido sin más trámite y cuyo reemplazante ideal sería el Dr. Bader Rachid Lichi que es un político consciente, experimentado, informado y con capacidad de organización, que tiene un plan– asegura que sólo se trata de “un grupo de criminales y narcotraficantes sin ninguna ideología”(sic)             pero el EPP está fuertemente ideologizado (por la ideología del “foco”), por eso continuaremos analizando la cuestión. Las ideas de Castro y Guevara han sido reformuladas por, en aquél entonces, un joven intelectual francés: Regis Debray (que ahora, en su madurez, ha abjurado completamente de ellas en su libro “Alabados sean los Señores”). Sus tres trabajos publicados (3) permiten ofrecernos una idea de conjunto de lo que es la escala de valores de los revolucionarios cubanos (porque perviven aún hoy) sobre los múltiples problemas de América Latina y en particular acerca de los métodos aplicables a su revolución. Y los errores de Debray alcanzan proporciones espectaculares: el concepto dominante de estos trabajos consiste en elevar la lucha armada al nivel de único para la lucha revolucionaria y en reducir todas las etapas de la lucha política a un conjunto de fórmulas técnico-militares porque “la lucha armada parece tener razones que la teoría no conoce”(4). La fórmula introductoria es muy singular: “Liberar el presente del pasado”, esto es, no hacer mucho caso a la experiencia histórica de las revoluciones. La originalidad que va a brindarnos Debray así lo exige, pues nos dice a continuación que pocos años de experiencia armada en América Latina han hecho “mucho más para dar a conocer la singularidad de sus condiciones objetivas que las décadas precedentes de teoría política copiada”. Pero ignora que en “las décadas precedentes” no sólo se habían formulado en América Latina “teorías políticas copiadas”, sino además movimientos de masas no copiados, entre ellos algunos armados; recordemos a Zapata, a Sandino, a Prestes, a los mineros bolivianos de 1942 y a la clase media y obreros de Bolivia de 1952.
        De la idea central de Debray se desprenden necesariamente todos sus extravíos laterales. En efecto, afirma que la Revolución Cubana ha sustituido el Partido por la Guerrilla, y que sólo la guerrilla puede generar al Partido. El Jefe de ésta debe reunir a la vez la condición de Jefe político y militar. Sin embargo, en China y Viet Nam el Partido creó su fuerza militar subordinada a la dirección política de aquél. Pero Debray dice que en América Latina, Cuba ha enseñado un nuevo camino, es la Guerrilla la que genera el Partido: “esta es la desconcertante novedad inaugurada por la revolución cubana”(5). Esta novedad habría puesto fin a “un divorcio de varias décadas entre teoría marxista y práctica revolucionaria” (6). Ahora, el marxismo se ha encarnado al fin. ¿Y los Partidos Marxistas?: “Ahí donde el instrumento no sirve ya, ¿debe detenerse la lucha de clases o deben forjarse nuevos instrumentos?”.... “la Guerrilla se convierte en Dirección Política…” y, “una perfecta educación marxista no es, para comenzar, una condición imperativa” (7).
        Naturalmente esto no lo comprenden los hombres de ciudades porque “El hombre de ciudad vive como un consumidor…. Aunque sea un camarada, si se pasa la vida en la ciudad es un burgués sin saberlo en comparación con el guerrillero…. Se dice bien que nos bañamos en lo social: los baños prolongados ablandan (8). Los únicos que no se ablandan son los que se bañan en el propio ombligo. Es decir, que se bañan en lo individual; son los duros individualistas que pretenden sustituirse al Partido y al pueblo y se autoeligen para el martirio. Lenin escribió varios volúmenes para condenarlos, al mismo tiempo que se inclinaba ante su heroísmo personal. Es imposible seguirlo a Debray en su romantización del “núcleo elegido” sin recordar la observación de Engels, que no sólo era un maestro del socialismo, sino también un robusto joven que luchó con las armas en la mano y algo sabía de milicia: “¡Qué pueril ingenuidad la de presentar la propia impaciencia como argumento teórico!”.
       Pero ahora ya tenemos entre nosotros al EPP (Ejército Paraguayo del Pueblo) un foco guerrillero al parecer imbuido de las ideas Castro-Guevaristas divulgadas por Regis Debray, que no admite pertenecer a ningún Partido Político y ha perpetrado importantes golpes donde ha corrido sangre, haciéndose inaccesible, tanto a la policía como al ejército, operando en el norte del país –y también en el bajo Chaco– moviéndose entre la población “como pez en el agua” según decía Mao Zedong (Mao Tse Tung en la antigua grafía china) en su “Manual de Guerra de Guerrillas”. Ni el “Estado de Emergencia”, decretado dos veces en la era Lugo, ni el consiguiente rastrillaje de tropas del Ejército y dotaciones de la Policía Nacional especializada dieron –ni dan ahora– resultado alguno, teniendo por resultado que vastos sectores de la opinión pública acusaran al ex-Presidente Lugo y su Gobierno de “complacencia” con dicho grupo extremista y violento, y al actual Gobierno de “inútil” junto a su inexperto y burocrático Ministro del Interior.
        Pero la guerra campesina ya está declarada y continuará, y no puede ser para menos en un país donde casi el 80% de las mejores tierras cultivables está en manos del 1% de la población y en el cual los Partidos de Izquierda, cuando estuvieron en el Poder, se dedicaron a soliviantar los ya encrespados y levantiscos ánimos campesinos pero sin gestionar ni emprender medidas prácticas para su solución, pasando –eso sí– a ocupar cuanto cargo burocrático se ponía a su alcance y con visos de corrupción que se fueron detectando.
         El problema guerrillero no se soluciona con un aparatoso despliegue de fuerza militar-policial, que es –según la irónica expresión de Ho Chi Ming cuando los EE.UU. tuvieron 500.000 soldados en Viet Nam– “una guerra de elefantes contra conejos” que no podía ser ganada por aquéllos pues los conejos se les escurrían entre sus patas; como ya lo demostró hasta la saciedad la experiencia histórica en China, Vietnam, Laos, Camboya, Argelia, el Congo, Angola, Cuba, Nicaragua, El Salvador, y actualmente Colombia; sino que se soluciona apoyándose en un gran Partido Político de masas, de raigambre popular histórica y Agrarista reorganizado, concientizado y reeducado, listo para la acción en profundidad a corto y largo plazo entre el pueblo, oponiendo idea-fuerza a idea-fuerza, propaganda a propaganda e ideología a ideología; y eliminando la bandera de la guerrilla:  eliminando la gran asimetría estructural campesina con una radical y profunda “Reforma Agraria”, tocando los intereses de la Oligarquía Latifundista Agraria Semifeudal, (no en balde la Guerrilla se desarrolla y prospera en los dos Dptos. más pobres del País: San Pedro y Concepción) como lo hicieron los países que emergieron del subdesarrollo luego de la 2ª Guerra Mundial y ahora están en el “Primer Mundo” constituyendo “modelos” para nosotros: Taiwán, Corea y China Popular, que empezaron su camino hacia el éxito socioeconómico y político solucionando, primero que todo, el gran descontento campesino.-
N O T A S.                            
(1) Jorge Abelardo Ramos: “Los peligros del empirismo en la revolución latinoamericana”. Revista “Izquierda Nacional”, Nº 5; Febrero de 1964.-                
(2) Ibídem: “Historia de la Nación Latinoamericana”; p. 547; A. Peña Lillo Editor, Buenos  Aires, 1968.- Jorge Abelardo Ramos fue un escritor y político argentino de la Extrema Izquierda (Trotskysta), y Presidente del “Partido de la Izquierda Nacional (PSIN).-
(3) Regis Debray: “América Latina: algunos problemas de estrategia revolucionaria”; Ed. Banda Oriental; Montevideo, 1967.-                                          
“El Castrismo: la larga marcha de América Latina”; Revista “Pasado y  Presente “; Córdoba, 1964.-                                                                     
“¿Revolución en la Revolución?”; Ed. Sandino; Montevideo, 1967.-         
(4) Ibídem : “¿Revolución en la Revolución?”; p. 107.-                                                   
(5) Ibídem : p. 113.-                     
(6) Ibid. : p. 113.-  
(7) Ibid. : p. 111.-  
(8) Ibid. : p, 70.-     


jueves, 4 de septiembre de 2014

OSVALDO BERGONZI

             LUMINARIAS EN EL HORIZONTE REPUBLICANO

                                OSVALDO BERGONZI

       El ex-Diputado Nacional, Dr. Osvaldo Bergonzi, es ya una figura histórica de la política paraguaya y en especial del Partido Colorado. Su larga y fecunda trayectoria como militante y Líder partidario son proverbiales y hacen que sea ya un “paisaje” en el horizonte Colorado y nacional. Ahora, ya de vuelta de importantes Cargos en el Gobierno de la Rca., parece a punto de encontrarse en el colmo de su destino como gran intelectual, ideólogo y conductor del Partido Colorado. Nada parece capaz de detenerlo; o, mejor dicho, sólo la “Nada” podría detenerlo; ya sea por el fracaso en su posición o algún error político irreparable (recordemos lo que dijera aquel “político entre políticos” Talleyrand, Ministro de Relaciones Exteriores de Napoleón y, a la caída de éste, lo mismo en el Gobierno del restaurado Rey Borbón: “en política, hay solo una cosa peor que cometer un crimen, y es cometer un error”). Pero no creemos que Osvaldo Bergonzi pueda caer en esa “Nada”; porque su capacidad de trabajo y dinamismo en la praxis y teoría política no tiene actualmente parangón y, además, su calidad intelectual –que se da en muy pocos Dirigentes políticos colorados de éstos momentos– hacen que tenga también la capacidad de ver el momento y la parte a la luz de lo perdurable y el todo, con la amplitud y la precisión de un filósofo político y el rigor incisivo de un Estadista práctico.
         Nadie en las últimas décadas ha puesto al servicio del Estado y del Partido una mente tan completa y cultivada como la de Osvaldo Bergonzi, una imaginación tan vívida, y un interés tan intenso y universal por todos los asuntos humanos, tanto del pasado como del presente. Un famoso historiador (el inglés Macaulay), en el más sentido y quizás el más hermoso de sus pasajes, lamentaba que Cicerón gastase en la controversia política el tiempo, la salud y el pensamiento que podría haber dedicado con provecho a la literatura. Pero la humanidad debe recibir agradecida todo aquello que Cicerón quiso darle, y puede sostenerse con razón que él encontró el material que mejor se adaptaba a sus talentos, en el Senado antes que encerrado en una biblioteca. Si Cicerón no hubiera bebido profundamente en las ambiciones, las pasiones –y, en su caso, los pesares y los errores de la vida pública romana– las “Cartas a Ático” y a Brutus y Quinto, no se hallarían entre las más estremecedoras y patéticas de las obras escritas que existen; y si Osvaldo Bergonzi se hubiera mantenido apartado del Liderazgo político y del Congreso, podría haber hecho cosas maravillosas en las esferas de la historia, la filosofía y la literatura política, pero no hubiera creado nada de tan alto valor como sus discursos,  disquisiciones y actuaciones sobre conciliaciones y enfrentamientos en la historia política paraguaya o la expresión de sus pensamientos sobre los presentes descontentos y la esperanza suscitada.
        No es a los políticos a quienes corresponde la elección de una carrera con la que ciertos hombres, más que ningún otro, adornan y embellecen la profesión de la Política: tal es el caso de Osvaldo Bergonzi.
         Durante este periodo de su vida, Bergonzi tiene un seguro instinto para seleccionar los temas que le permitan ejercitar toda la fuerza de su magnífica capacidad. No tiene tiempo que perder, pues tiene ya cerca de 70 años, una circunstancia que pesa mucho en una generación cuatro de cuyos miembros llegaron a ser Presidentes de la Rca. o del Partido a una edad promedio de, precisamente, 50 años. El problema de la renovación del Partido Colorado, del Estado y la sociedad paraguaya, ha hecho pasar a un segundo plano a todos los demás problemas, y se trata de una cuestión por la que Osvaldo Bergonzi, con sus vastos conocimientos y su comprensión que todo lo abarca, se siente sin duda atraído con seguridad, y para cuyo tratamiento es muy competente con esos grandes principios de gran sentido común que son los artículos fundamentales de su credo. Bergonzi ha repetido –con palabras que todos podían comprender y con una fuerza y una claridad que ningún político podría mejorar– que el “espíritu del pueblo” debía ser el principal objeto de estudio de un Estadista, y que en el mundo de la política la verdadera sabiduría es la magnanimidad.
        El Parlamento, lo admitía sin resquemores, tiene derecho a imponer su mayoría, pero ése es un derecho que, en vista de los sentimientos imperantes en el país, ningún Senador o Diputado que estuviera en su sano juicio soñaría con ejercer arbitrariamente (ya lo vimos en el caso de Víctor Bogado). “El hecho de que todo pueda conciliarse en la especulación legal y constitucional es algo que carece de importancia. Se lo concilia en el orden político, y la política no debe adecuarse a los meros deseos humanos, sino a la naturaleza humana, de la cual el deseo es sólo una parte, y en modo alguno la mayor”. Ése era el punto de vista que Osvaldo Bergonzi transmitía con vehemencia a los Líderes de su propio Partido, quienes hasta la caída a la llanura tardaban en reconocer toda la gravedad de la crisis partidaria y nacional, pues él (Bergonzi) es uno de esos hombres que no teme seguir hasta allí donde su conciencia le guía, y  ya ha sido  un  Dirigente  del  Partido –Legislador, Ministro y Asesor de la Presidencia de la Rca.– por bastante tiempo como para haber aprendido que, en política, es bueno todo lo que bien termina.
        Y justamente ahora, el Dr. Bergonzi debe “pisar fuerte” en los estratos superiores del Gobierno y del Partido porque aún tiene mucho que dar, teniendo presente que puede asesorar en aquello que expresa Hermann Hesse en esa su obra maestra sobre el “juego” de la conquista del Poder, El Juego de Abalorios: “La única forma posible de aprender las reglas de este juego de los juegos consiste en seguir los cursos habituales, que exigen muchos años de estudio; ninguno de los iniciados debió tener nunca el menor interés de volver más fáciles las reglas del juego”.
       En realidad, el objetivo del “Juego del Poder” es simple: saber qué se quiere exactamente y alcanzarlo; en contraste, los movimientos del juego son infinitos y complejos y por lo general implican la manipulación de personas y situaciones en beneficio propio. En cuanto a las reglas, sólo se descubren si el juego se sigue hasta el final. Parafraseando a Marx y Lenin, podemos decir: “No juguéis nunca el juego de la conquista del Poder si no estáis dispuestos, una vez comenzado, a jugarlo hasta las últimas consecuencias…”.
        Hay que tener en cuenta que “política es negociación y diálogo” y Osvaldo Bergonzi debe hacerlo intensamente con la “élite del Poder”   que   rodea   al   Pte.  Cartes  y   con   éste mismo, aprovechando al máximo su posición de brillante ex-Parlamentario, su gran prestigio partidario, su brillantez intelectual plasmada en varios Libros, y el hecho de haber sido ex-Asesor Presidencial durante todo el periodo 1999-2003. Recordemos lo que expresó el malogrado Presidente John F. Kennedy: “No negociemos nunca por miedo, pero no tengamos nunca miedo de negociar”. Y como dice Hermann Hesse en otro pasaje de esa su obra alegórica ya citada: “Debía dedicarse ante todo a los selectos, al grupo de los poderosos, a los grados superiores y al trato absolutamente personal con esa élite. Podía dejar los archivos en manos de los archivistas, los cursos preparatorios a cargo de los maestros, la correspondencia a las secretarias, y no estaría descuidando ningún asunto importante. Pero no se atrevía a dejar a la élite librada así misma ni un solo instante. Debía seguirlos, incitarlos imponiéndose, y volvérseles indispensable. Tenía que convencerlos del valor de su capacidad y de la limpieza de su voluntad; debía conquistarlos, cortejarlos, ganarlos, medirse con cualquier candidato que deseara desafiarlo… y había superabundancia de tales candidatos”. Pero si el Círculo Gobernante se desvía de su atención a las Bases y su lealtad al Partido, estamos seguros que BERGONZI encabezará la resistencia popular lo que le dará una tremenda popularidad y lo convertirá en Líder indiscutible e indiscutido. Porque sería la única persona capaz de enfrentarse en la práctica con cualquier problema y un Político al cual podría acudir cualquier Caudillo nacional y exponerle en detalle el problema que tuviese. Pero por ahora –tal como están las cosas– este concepto ya lo tiene el Dr. Bergonzi por parte del Pte. Horacio Cartes y la Élite del Poder,  y de la gran masa de Caudillos y del Pueblo Colorado.
        Pensamos que el Dr. Osvaldo Bergonzi, por lo que está haciendo y logrando, volverá a ser un  hombre muy importante en el eslabón Gubernamental y disfrutará de lo mismo que el protagonista de esa alegórica y monumental obra de Hermann Hesse:
         “Por fin la meta fue alcanzada y la batalla estaba ganada. Había costado ciertamente mucho esfuerzo llegar a dominar a la “élite”, cansarla con ejercicios, domar a los aspirantes muy ambiciosos, ganar para su persona a los indecisos, impresionar a los orgullosos. Pero la obra estaba realizada, el grupo de candidatos había reconocido a su “Magister Ludi” (Maestro del Juego) y se le había rendido. De pronto todo fue fácil, como si hubiese faltado solamente una gota de lubricante”.-                    

CURRÍCULO  DE OSVALDO BERGONZI

Datos personales

Nacido en Asunción el 19 de noviembre de 1944.
Casado. Cédula de identidad 230.028.
Padre: Arquitecto Américo Bergonzi
Madre: Carmen Pampliega Peña
Domicilio y oficina: Avenida Venezuela 660 c/ Av. España
Teléfonos: 660480 y 0971399800 Correo Osvaldo@bergonzi.net


Actividad profesional

Abogado recibido en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción. Ejercicio de la Profesión hasta 1989. Asesor jurídico de “Delcanda International Limited” (Multinacional fiscalizadora de pavimentos); Noticias, El Diario, Canal 13 y Radio Cardinal; Asociación de Propietarios de Radios y Televisión (APRAP, entre otras.

Actividad docente

 UNIVERSIDAD COMUNERA: Profesor en las materias de Relaciones  Públicas y Humanas, Revista Universal de la Historia y Periodismo entre 1985 a 1992.
CENTRO DE ADIESTRAMIENTO EN SERVICIO (CAES) dependiente de la Escuela de Administración Pública: Profesor de Derecho Público y Lecciones de Derecho Administrativo entre 1978 y 1981.
UNIVERSIDAD DEL NORTE: Profesor de Filosofía del Derecho en la actualidad.
UNIVERSIDAD COLUMBIA: Profesor de Introducción al Derecho.



Actividad Parlamentaria

Diputado Nacional durante la “Transición Democrática” en la unidad de Contestatarios y Tradicionalistas de 1989 a 1993. Uno
 de los redactores del Código Electoral vigente y vocero del dictamen en minoría en el plenario de la referida cámara (de junio de 1989 a enero de 1990.)
Autor del Proyecto de Ley del Gobierno Departamental vigente, aprobado con modificaciones. Uno de los redactores de la Ley del Divorcio Vincular vigente.
Miembro de la primera Comisión Investigadora del Congreso Nacional (1992 – 1993) bajo la Presidencia del entonces Presidente del Congreso Nacional Waldino Ramón Lovera.
Por dos años consecutivos ejerce la Presidencia de la Comisión de Legislación y Codificación.

Actividad profesional legislativa privada.

Autor del proyecto de Ley de Radiodifusión incorporado a la actual Ley de Telecomunicaciones a pedido de la Asociación de Propietarios de Radios Privadas (APRAP) 1994.
Autor del Ante Proyecto de la Ley de Electricidad contratado por el Banco Interamericano de Desarrollo(BID) de Julio a Diciembre de 1999, entregado al Viceministerio de Minas y Energías.

Actividad  Internacional.

Vicepresidente del Comité de Libertad de Expresión de la Asociación Internacional de Radio y televisión (AIR) de 1994 a 1997. Congresos de Isla Margarita, Venezuela (abril de1994); Cartagena, Colombia (mayo de 1995); Las Vegas, EE.UU. (mayo de 1996)
Delegado permanente ante la Sociedad Interamericana de Prensa del Diario Noticias (1993 - 1999.) Asambleas de Bariloche, Argentina (noviembre de 1993; Guatemala (marzo de 1994 y Montego Bay, Jamaica (marzo de 1999.
Negociador en la Cumbre del MERCOSUR de radiodifusores para el manejo de frecuencia, Asunción, Paraguay (Abril de 1996).
Jefe de delegación en su calidad de Presidente de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel)  (febrero de 2003.) en Ginebra Suiza.

Actividad periodística

Columnista dominical y editorialista de temas legislativos en Noticias el Diario (1993 – 1995)
Miembro del Consejo de Redacción del Semanario Nexo (1995)
Director del Diario Patria (1996 – 1997)

Cargos ocupados en la Administración Pública

Director de la Vicepresidencia de Enero de 1999 a Septiembre de 2000.
Asesor de Prensa y Comunicaciones y Vocero Presidencial con rango de Ministro del Palacio de Gobierno (2000 – 2002).
Abogado defensor del Presidente de la República Luis Ángel González Macchi en el “Juicio Político” que se le siguiera entre Enero y Febrero de 2003.
Presidente de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL) de enero a agosto de 2003.
Asesor Jurídico del Ministerio de Defensa Nacional (2003 – 2004)
Asesor de la Comisión de Investigación de la Junta Municipal de Asunción de 2006.
Consultor del Tribunal de Justicia Electoral desde 2006

Cargo político jurisdiccional

Desde marzo 12 de 2002 hasta  el 14 de abril de 2007 ejerció el cargo de Presidente del Tribunal De Conducta de la Asociación Nacional Republicana (Partido colorado)
Desde el año 2009 hasta la fecha ocupa el cargo de Primer Miembro suplente del Tribunal Electoral Partidario de la Asociación Nacional Republicana y ha participado en el juzgamiento de tres elecciones internas del Partido colorado.
Asesor Electoral de la Presidencia de la Junta de Gobierno.
Asesor electoral de varios miembros del Tribunal electoral partidario.

Obras publicadas


El Círculo de San Fernando (1998).
Una investigación histórica de los famosos procesos incoados en dicha localidad durante la guerra de la Triple Alianza desde sus mismos inicios en la cual se hallan involucrados personajes importantes. Indirectamente es una gran y patriótica defensa del Mcal. Francisco Solano López que nadie pudo refutar.

Magnicidio en la Diagonal (2001).
Una investigación de carácter político acerca de los sucesos que lo llevaron a la muerte al Vicepresidente de la República, Dr. Luis María Argaña el 23 de marzo de 1999.

Bernardino Caballero El Auténtico (2005).
La Biografía de uno de los principales protagonistas de la Guerra de la Triple Alianza (1864 – 1870), Libro Primero.

El Tesoro del Mariscal (2006).
Novela de carácter histórico que aborda el enigma de lo acontecido con el tesoro de la nación al final de la guerra de la Triple Alianza.

Los Herederos de la Espada (2010).
Primer estudio histórico sobre el proceso de la independencia del Río de la Plata, Chile, Perú y Ecuador.


                                                                  

UN NUEVO MODELO DE PARTIDO

           UN NUEVO MODELO DE PARTIDO
          PARA LA ÉPOCA DE GLOBALIZACIÓN
1.-REFLEXIONES SOBRE UNA PROPUESTA IDEOLÓGICA PARA EL         PARTIDO NACIONAL REPUBLICANO.
         Ahora que el Presidente de la República ha encauzado la nave del Estado hacia el “Nuevo Rumbo”, es llegada la hora de prestar especial atención al Partido Colorado que lo respalda, más aún por la Convención Extraordinaria anunciada para el mes de Octubre próximo.
          La intención primordial del Pte. Cartes en este momento debe ser la de convocar a Líderes históricos e intelectuales del Partido Colorado como Juan Afara, Bader Rachid Lichi, , Osvaldo Bergonzi, Leandro Prieto Yegros, Aníbal Saucedo Rodas,  Atilio R. Fernández, Carlos Romero-Pereira, Nelson Argaña, Juan Carlos Galaverna,  entre otros, para impulsar un amplio debate sobre la situación del Paraguay en un mundo cada vez más interdependiente, la dirección del proceso de transición democrática, el tipo de sociedad que queremos y el quehacer del Partido en esta etapa crítica de la vida nacional, apuntando a la necesidad de un próximo CONGRESO IDEOLÓGICO Y DOCTRINARIO,  que según el Art. 74º. de los Estatutos aprobados por la Convención Extraordinaria del 11 de Septiembre de 1992, debía realizarse “cada diez años o antes si la Junta de Gobierno lo estimase oportuno y mediando el voto afirmativo de los dos tercios de sus miembros o a petición de un quinto de las Comisiones Seccionales … con la finalidad de: a) Revisar el ideario del Partido; b) Actualizar el Programa Partidario de acuerdo a la evolución del País; y c) Definir la DOCTRINA PARTIDARIA con relación a los problemas ideológicos que se planteen” (en el Nacionalismo Republicano), y que pueda redefinir la modernización del perfil de nuestro Partido, con la elaboración de un PROYECTO IDEOLÓGICO en una visión histórica y sociológica, un PROGRAMA POLÍTICO para corto, mediano y largo plazo, y una PROPUESTA DE REORGANIZACIÓN de la estructura partidaria.
      Pensamos que las propuestas que han de surgir deben ser el producto de una participación interna sin precedentes en la historia del Partido y del más intenso y variado esfuerzo de reflexión, elaboración y discusión en torno a las finalidades históricas, propósitos políticos, dirección ideológica y medios organizativos del Partido Colorado.
        Porque, la estrategia de cambio profundo que se deriva, tanto de la crítica situación coyuntural del país todavía en transición, como de la aspiración estructural e histórica de construir una sociedad más democrática, reclama visiones y políticas que, no solo resuelvan la coyuntura, sino, además, la trasciendan y garanticen, gracias a su aliento de largo alcance, su permanencia y su continuidad de gestión, en la perspectiva de las soluciones de mediano y largo plazo.
        Y la tarea para producir la renovación y el cambio necesarios para superar la crisis, comienza con la discusión para elaborar plenamente nuestro programa político, como proceso global de transformaciones muy definidas y aceleradas en el seno de la sociedad y del Estado, y para eso hace falta ACCIÓN CONSTANTE Y EDUCACIÓN PERMANENTE DEL PUEBLO.
         En este sentido, queremos compartir con los correligionarios, la profunda convicción que tenemos de que no nos equivocamos cuando decidimos apuntar a la conquista del futuro y comenzar a transitar nuestra estrategia de renovación, sobre la base del amplio proceso de indagación y apertura a perspectivas y respuestas nuevas.
         Porque el Partido en su totalidad, que, a través del tiempo, ya demostró una profunda fe en sus raíces, no debe abrigar complejos por algunos errores y reveses del pasado, ni mucho menos tenerle miedo a los desafíos del futuro. Por eso, debemos expresar claramente, en nuestra condición de colorados, el legítimo orgullo que nos embarga por la tarea histórica cumplida por nuestro Partido en sus ciento veintiséis años de lucha a favor de la democracia y el desarrollo paraguayo; pero, también debemos recoger el sentimiento de insatisfacción crítica que nace de la conciencia de lo mucho que nos falta por hacer y de las falencias de una democracia incipiente y todavía imperfecta que es necesario corregir.
        Y para terminar esta reflexión introductoria, antes de pasar a exponer el tema que presentamos, queremos señalar la importancia de la intuición colectiva que ciertos visionarios Dirigentes Republicanos enfrentados con el desviacionismo ideológico, tuvieron hace ya dos décadas, de que ESTABA CONCLUYENDO UN TIEMPO Y CERRÁNDOSE UN CICLO en la historia de nuestro país y de nuestro Partido, por el AGOTAMIENTO DE UN MODELO DE GESTIÓN POLÍTICA. Tiempo, ciclo y modelo que, en el ocaso de sus trayectorias, convocan hoy, por ley ineluctable de la historia, a una renovación profunda y radical, que permita instaurar, UN TIEMPO NUEVO, UN MODERNO CICLO HISTÓRICO, Y UN MODELO DE GESTIÓN POLÍTICA ORIGINAL.
                                      2.- PARAGUAY Y EL MUNDO.
        Estamos inmersos en un mundo cada vez más interdependiente, donde vamos confluyendo hacia un Estado Mundial, de Poder Planetario, supranacional, en que todas las decisiones nacionales, por más particulares que puedan parecer, tienen su impacto, su resonancia y su reacción en el seno de la comunidad internacional. En este nuevo orden internacional, es necesario pues, redefinir el papel de los Estados nacionales, el concepto de soberanía absoluta, la ideología del nacionalismo, los alcances y límites de la integración, la política cultural, la reforma del Gobierno y del Estado, las nuevas formas de organización económica, la relación Estado-Sociedad, el papel del individuo y del pueblo como creador y hacedor de la historia; es decir, la trascendencia, la dirección y el destino de nuestro “elan vital”.
        Se trata de contemplar, a la luz de una ideología enriquecida por el aporte de la historia, la existencia de situaciones de crisis que es necesario resolver, como lo son:
El armamentismo y el rol y relacionamiento de las FF.AA. en la sociedad civil; la pobreza crítica y sus secuelas: el terrorismo, la degradación ciudadana, el narcotráfico y otras formas supranacionales del delito organizado; el efecto del avance de las comunicaciones y la información con la fragmentación de la solidaridad social y familiar y la masificación del ser humano; la destrucción paulatina del equilibrio ecológico; el nuevo tipo de conflicto mundial que depara el futuro: Estados pobres contra Estados ricos, antagonismo Norte-Sur, retraso de la producción de alimentos frente al incremento no planeado y malthusiano de la población mundial; el saqueo y agotamiento progresivo de los recursos naturales del “tercer mundo”; el escamoteo de los recursos nergéticos; el mito del “libre comercio” cada vez menos equivalente que lleva al “desarrollo en tijera” de los países dependientes con respecto a las naciones Centrales, y otros problemas que harían nuestra enumeración demasiado larga.
        Nos podrán decir que este cuadro que hemos pintado no es ninguna novedad, que todos lo sabemos, y es verdad; pero la peculiaridad consistirá en la originalidad de las ideas que podamos aportar para su solución, creando un modelo nuevo, un Estado renovado y un distinto modo de ejercer la acción política; para que el Paraguay pueda resolver sus problemas locales y aportar, en el marco de la globalidad, su “grano de arena”, ya que el destino lo ha situado en el centro de la zona más feraz del planeta, cuya importancia mundial será cada día más acentuada: la CUENCA DEL PLATA, destinada a resolver –como lo apuntó el geopolítico MacKinder– en este siglo XXI, el problema crucial que atenazará a la humanidad: el hambre.
        Porque, queremos repetir: ninguna crisis es ya meramente local sino planetaria, ni es meramente coyuntural sino estructural; y su resolución implica siempre enfrentamiento de proyectos de las distintas corrientes políticas y movimientos sociales; y en tal sentido, si – como ahora – la crisis tiene causas de tipo económico y político, al final se expresa siempre, como CRISIS DE VALORES IDEOLÓGICOS, que nos debe impeler a la creación de nuevos modelos políticos-culturales para formular las acciones colectivas en la construcción de nuevos caminos.
                                  3.- UN POCO DE HISTORIA.
        ¿Qué pasó en América y el mundo en estos casi 70 años transcurridos desde la finalización de la 2ª. Guerra Mundial? Durante la década del ’50, mientras Europa se reconstruía e iniciaba su expansión económica, su “milagro económico”, igual que Japón y más tarde los “Dragones Asiáticos”, en Latinoamérica el valor ordenador era el desarrollo económico y la modernización social sobre la base de los populismos desarrollistas, embriagado nuestro continente por la utópica esperanza de la industrialización acelerada, el autoabastecimiento, el aislamiento, y un nacionalismo mal entendido y peor implementado, dejándose llevar por la equivocada y peregrina teoría diseñada por la CEPAL de la sustitución de importaciones con el “proteccionismo a las industrias nacionales”, que no disminuyó la pobreza pero creó grandes millonarios “industriales nacionales”.
         Hacia mediados de los ’60, estallan en los EE.UU. y Europa, movimientos sociales, políticos y culturales de ruptura con el modelo excesivamente competitivo, predatorio y decadente de la sociedad de consumo capitalista que ya llevaba dos décadas de ininterrumpida  y acelerada expansión. En Latinoamérica, por contrapartida, surge vigorosamente la “teoría de la dependencia” con movimientos políticos que cuestionaban la relación de dependencia establecida con los centros hemisféricos de poder, generalizados con la nomenclatura del “IMPELIALISMO YANQUI”, jalonados por cruentos acontecimientos de lucha social y nacional.
        Por la década del ’70, la crisis se cierne sobre los países desarrollados con la “estanflación” (estancamiento e inflación), el desempleo, el déficit presupuestario y la violencia social, que ponen en entredicho al “Welfare State” (Estado de bienestar) cuya decadencia señalan Milton Friedman y otros ideólogos liberales, en tanto que en Latinoamérica, al terrorismo de la guerrilla urbana y las acciones paramilitares de la guerrilla rural, la respuesta es el autoritarismo militar y el “terrorismo de Estado” con el agravante del desmantelamiento de las escasas conquistas económicas y sociales de nuestros pueblos por ese “fascismo de mercado” que señalara el reputado Paul Samuelson.
        En los ’80, las naciones del “1er. Mundo” ya estaban superando su estancamiento por la aceleración de la “REVOLUCIÓN CIENTÍFICO-TECNOLÓGICA” que modificó radicalmente la producción, el modo de realizarla y su cantidad y calidad, cambiando incluso las relaciones de producción, a la vez que conlleva paralelamente una auténtica revolución cultural y da comienzo a una nueva etapa para el hombre, que algunos pensadores consideran ya “una mutación civilatoria”. Y en Latinoamérica se da el proceso de transiciones de las Dictaduras hacia la Democracia, mientras en lo económico se la denomina la “década perdida” por el retroceso del PBI, el problema insoluble de la deuda externa, la caída aún más de los términos de intercambio, la crisis total del Estado prebendarlo carterial y el estancamiento tecnológico, “frutos” del fracaso de la aplicación del modelo Neoliberal aplicado a rajatabla tras el “Consenso de Washington”.
        Ya en los ’90, tenemos cambiado el escenario, como nunca lo pensamos; las sociedades capitalistas desarrolladas tienen toda la iniciativa y lo que se está enterrando es el llamado “Sistema Socialista”; con un poder mundial “unipolar” que bajo el liderazgo de los EE.UU. proyecta un “nuevo orden internacional”. Mientras que para nosotros, la década del ’90 plantea a nuestras débiles democracias el tremendo desafío de superar su propia crisis y tomar la decisión de cómo integrarse a un mundo que se recompone.
        Y en esta primera década del siglo XXI las sorpresas no faltan: el impresionante crecimiento económico y social de China –que ya ha sobrepasado a Japón como 2ª. potencia económica mundial y se estima que será la 1ª. potencia entre el 2016 al 2030 –  el continuado éxito de los “Tigres del Asia”  con su “proteccionismo competitivo” (activa intervención del Estado para regular la competencia interior y poca apertura a las importaciones), que está siendo seguida por la Argentina Kirchneriana con un importante como impresionante crecimiento del 9% anual y buena distribución popular del ingreso hasta hace pocos años, se opone el fracaso del Neoliberalismo en la Eurozona (del Sur) con su secuela de déficits presupuestarios, desempleo estruendoso, Estados prácticamente en quiebra, entredicho del Euro como moneda y retroceso de productividad entre otras cosas, salvándose de los problemas solamente los modelos del Socialismo Nórdico (Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca) y Alemania, mientras en los EE.UU. el desempleo se acentúa, el déficit estatal es monstruoso (la economía más endeudada del mundo), las exportaciones decaen, una crisis inmobiliaria sin precedentes y el gasto público por las nubes, mientras suenan tambores de guerra sin cesar, Latinoamérica – excepto Colombia, Perú y Chile con muchos problemas – asiste al nacimiento de una nueva actitud ideológica: el SOCIALISMO DEL SIGLO XXI prohijado por Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua con una agresiva arenga contra los EE.UU. y la proposición de un nuevo modelo porque “el planeta no aguantará el modelo de desarrollo capitalista”(sic).
        Todas estas cuestiones son decisivas para la imaginación de un Partido Nacionalista Republicano que ahora debe postularse como alternativa entre la ofensiva del Neoliberalismo inhumano, y el desprestigio, por su inviabilidad, del Socialismo izquierdista Estatal. Y creemos que debemos expresarnos en estos términos, porque, ¿cómo pensar ya, que una sociedad semiperiférica puede quedar, y menos desarrollarse, al margen de este proceso planetario de internacionalización?.
                                4.- LA CUESTIÓN IDEOLÓGICA.
         ¿Cómo iniciar un debate sobre la renovación necesaria para instaurar un nuevo método de acción política de masas, sin formular algunas premisas respecto al desarrollo y “aggiornamento” de la Ideología Republicana y Nacionalista, a la luz de los aportes recibidos en el curso de la historia? Por ello, lanzamos a la discusión abierta algunas ideas generales y necesariamente esquemáticas que, si bien no agotarán los problemas cruciales, pueden llevarnos al camino correcto para plantear la solución de nuestra crisis.
         Lo primero es reconocer que nuestra crítica situación exige una reconversión de valores porque ya no se solucionará, ni se mitigará, ni siquiera disimulará, con retornos al pasado o con fugas hacia adelante. Y el discurso clásico del coloradismo forma parte de esa situación crítica y debe ser reformulado. Pues muchos valores ideológicos que nos han legado han perdido se sentido original y ya no responden a una época en que la ciudadanía se vuelve cada día más participativa y exige profundizar sus roles.
         Uno de esos valores que debemos reexaminar es el que consideraba al Estado como el principal gestor y agente central de las transformaciones económicas y sociales, en un rol central de dirección e iniciativas que hoy ya no se compadece con la realidad. Y es en este marco, en que ciertas realidades indiscutibles están siendo monopolizadas en su examen y difusión por el Neo-Liberalismo, que el pensamiento Republicano, democrático y nacionalista, debe librar una de sus batallas más cruciales, ofreciendo nuevas fórmulas, originales, capaces de renovar esquemas que han quedado superados, buscando recuperar un espacio  que ha sido invadido política e ideológicamente por un Neoliberalismo deshumanizado, sin volver a caer en anacronismos ideológicos como aquél “Coloradismo eterno” aislacionista, con un “único Líder” o “Tendotá”, Estatizante, “Corporativista”, que fomentó un Capitalismo de Estado prebendario, con un discurso populista o sectorial que enfatizaba demagógicamente el “Agrarismo” –sin resolver el problema– que debemos redefinir, o el “indigenismo americano”. Debemos volver a beber en las fuentes del PARTIDO NACIONAL REPUBLICANO de Bernardino Caballero, pero enriqueciéndolo con los aportes modernos, propios de un Partido policlasista capaz de aglutinar las aspiraciones de todos los cuerpos sociales; “…el Partido del orden de la democracia, para la libertad y la justicia social, capaz de realizar una profunda revolución dentro de la doctrina del poder constituyente de la Nación. Lo mismo que después del ’70, auspiciamos una revolución fundadora, de reconstrucción nacional. Reconstrucción política, jurídica, social y económica. Pero en el Gobierno de la Ley y no de la arbitrariedad de los hombres circunstancialmente encumbrados al Poder”. Estos conceptos de aquel Patriarca de la democracia colorada, Don Federico Chaves(1), rescatados conservan toda su validez, pero, pongámonos a analizar por separado los diversos asuntos que atañen a la cuestión ideológica.
                                 5.- EL PAPEL DEL ESTADO.
         Es indudable que la “Reforma del Estado” es uno de los puntos fundamentales que está sobre el tapete. Y creemos que estamos de acuerdo en que sin modificar la estructura del Estado y la manera en que ha obrado hasta ahora, no hay posibilidad de transformaciones profundas. Hasta aquí podemos coincidir con la idea de modernización neoliberal; pero desde este punto inicial, necesariamente aparecen las diferencias. Es que hasta ahora hemos asistido al hecho de un “Capitalismo de Estado” prebendarlo y un “capitalismo privado” de amigos, ayudado y protegido, que constituyen una misma cara de la moneda de crisis en la que estamos sumergidos; nuestra experiencia nos muestra a un capitalismo nacional enclenque, con “industrias” obsoletas, que ha vivido, salvo honrosas excepciones, sin riesgos, a costas del privilegio –y que vive aún así pese a la retórica actual– mientras que el verdadero empresariado y el consumo popular se descalabran, y también a las oligarquías “intocables”: financiera e importadora, ligada al contrabando, por un lado, y por el otro latifundista y agroexportadora, para quienes la industrialización es un peligro para sus intereses. En este contexto, las formas erróneas de intervención generaron ese capitalismo de Estado en que se socializan los costos y riesgos absorbidos por éste, pero se privatizan los beneficios, lo que ha dado lugar a la instauración de poderosísimas “carteras” de corporaciones empresariales privadas ligadas a nombres y apellidos familiares.
        Así, pues, la solución mágica ya no se halla en la simple absorción de los problemas por parte del Estado; ya no hay cómo financiar el voluntarismo autocrático  que condujo a decisiones centralizadoras, el Gobierno apenas puede administrar sus prioridades; sin subsidios los gastos sociales se vuelven caros, se enfrentan presiones terribles para equilibrar las funciones que se han priorizado con las que no lo han sido; nos enfrentamos a una Administración Pública mediocre que ha perdido su profesionalidad  por el clientelismo político y perdió su unidad decisional fragmentándose en “cuotitas de poder” que solo el árbitro supremo podía resolver; los organismos del sector público se fueron ligando, por la corrupción, a las “corporaciones” empresariales que influían directamente en decisiones específicas; con adjudicaciones, demandas, precios, insumos o financiamientos otorgados y garantizados convenientemente, las “corporaciones” de privilegiados consiguieron a una velocidad asombrosa la capacidad de acumular capital a través de un intercambio espurio con los recursos del Estado. De esta manera, señalada muy esquemáticamente, lo público se confundió con lo privado, lo principal con lo secundario, y el Estado pasó a encarnar la crisis de toda nuestra sociedad.
        Hay que reformar el Estado y reformular su papel; pero el camino de la modernización Neoliberal con su ajuste hambreador y reaccionario no es el único posible; frente a la “Reforma” Neoliberal, ultralibertaria y reaccionaria, de una parte, y del inviable populismo, desarrollismo o “socialismo” estatizante de la Izquierda, por la otra, o del desenlace del caos, no imposible, nosotros proponemos la “MODERNIZACIÓN TRANSFORMADORA” de las estructuras, que será una profunda “Revolución transformadora” democrática, en un Estado Republicano, social, participativo y pluralista.
         En este nuevo modelo proponemos una reducción, pero, a la vez, el fortalecimiento del Estado, lo cual significa reducir la cantidad de sus actividades para aumentar la calidad de su intervención, dejando las áreas no imprescindibles estratégicamente a los sectores privados y sociales, a fin de poder concentrar sus actividades en el ejercicio de la política de bienestar social, de dirección nacional e internacional y de vigilancia y ordenamiento de los núcleos vitales de producción con la regulación de la distribución de los ingresos en beneficio del pueblo y el planeamiento de una más efectiva y eficiente política económica en acuerdo con los estamentos productivos. Es decir, un Estado más pequeño, y hasta tacaño, que reparta justicia social y estimule un desarrollo sostenido con equitativa redistribución de los ingresos de la renta nacional. Una de las propuestas centrales de nuestra “Revolución Transformadora” significa un asalto frontal contra el “Estado prebendarista, sobredimensionado, empresario y autoritario”; nuestra visión descansa en la confianza que tenemos en el vigor y la capacidad productiva de los paraguayos libres en unos mercados libres, pero con equidad distributiva.
        En esta tarea de modernizar el Estado, no debemos retroceder históricamente hacia el sistema de principios de siglo, como pretende el Neoliberalismo reaccionario, que quiere dar al Estado un carácter meramente subsidiario, mediante la privatización indiscriminada de áreas estratégicas, con el criterio de “rentabilidad social” suplantado por el de “rentabilidad privada” y el concepto de que la causa de todos los males  es la intervención “per se” del Estado en la actividad económica; falsa premisa porque desconoce que, en un país en desarrollo, donde existen profundas desigualdades sociales y económicas, el uso exclusivo y excluyente de solo el mecanismo del mercado puede incentivar y acentuar la concentración del poder económico, y porque el verdadero “quid” de la cuestión no es la intervención del Estado en sí misma, sino CÓMO SE CONCIBE EL ROL DEL ESTADO, CON QUE FINES Y EN BENEFICIO DE QUIENES SE UTILIZAN LOS INSTRUMENTOS PÚBLICOS. El Estado, en nuestra concepción Republicana, debe planear el futuro, dar cierta dirección a la renovación económica y social incentivando los procesos positivos y detener los que hayan fallado, lo que implica un ajuste regulador, ordenador de los objetivos políticos con los económicos.
         Nuestra Revolución Transformadora propone un Estado regulador fuerte y ordenador consecuente para la puesta en práctica de políticas activas, pero sin volver a caer en la tesis “estadocéntrica” ni reemplazarla por la tesis liberal “mercadocéntrica” y “dejar nomás” hacer todo al mercado, por lo cual nuestro razonamiento va más allá de  la simple “lógica de Mercado” y escapa a la estrecha “lógica de Estado”, porque consideramos que no puede plantearse un modelo de modernización transformadora que no contemple la solidaridad social y la lucha contra la desigualdad y la explotación. En esto nos diferenciamos del Neoliberalismo libertario y del ajuste reaccionario: nosotros insistimos – en el debate sobre la reforma del Estado – sobre la cuestión de quiénes son los que deben pagar esa reconversión y cómo y cuánto deben pagarla,pues para la concepción republicana NINGUNA TRNSFORMACIÓN NI DESARROLLO VALDRÁ, SI SU COSTO CAERÁ EXCLUSIVAMENTE SOBRE LAS CLASES MÁS DÉBILES DE LA SOCIEDAD. Así, a los nostálgicos Estatistas “ancien régime” que pretenden no ver la crisis deficitaria que los subsidios acarrean; como a los  que idolatran solamente al “Mercado” porque quieren que el precio del desarrollo lo paguen los sectores más desprotegidos, nosotros debemos oponer un discurso ético y pragmático a la vez, en que la defensa de la causa popular vaya acompañada de los instrumentos prácticos para lograr una transformación y desarrollo acelerados en justicia y libertad.
         Por eso, la ETICA con mayúsculas, es tema fundamental de nuestra acción política; entre la crisis del finalismo ideológico y una concepción más abierta, pero indefinida, como la democracia, hoy se abre el espacio de la reflexión ética, porque el ocultar los conflictos puede ser útil para amansar las tensiones, pero produce opacidad, llegando inclusive a negar los objetivos de la democracia que deben llevarnos a la transparencia, al diálogo, al crecimiento propositivo. Lo difícil es concretar la ética, hacerla operativa; y ésta debería ser la misión suprema de la política, que hoy por hoy parece incapaz de hacer una “selección de demandas” para convertirlas en valores compartidos basados en un posible interés colectivo. Y éste es, sin duda, el conflicto de nuestros Partidos Políticos, con frecuencia incapaces de desvincularse de los pequeños intereses o, por el contrario, sojuzgados por los grandes intereses, cuando que la intocabilidad y la invisibilidad de los privilegios son, tradicionalmente, los enemigos más temibles de la democracia.
         Desde esta inflexión ética debemos recuperar la confianza en la posibilidad de organizar y movilizar a la sociedad para discutir desde un plano distinto que el del Liberalismo individualista, los planes de descentralización, reforma del Estado y privatización de empresas no estratégicas. Debe transferirse el poder del “Estado omnívoro” a la Sociedad Nacional antes que a pequeños grupos más concentrados (como pasó en la Argentina de Menem-Cavallo), democratizando hasta la participación de los trabajadores y usuarios que es uno de los pilares de la auténtica “Economía Social de Mercado” y es la base de una política que superará la falsa dicotomía entre lo privado y lo público, entre Estado y Mercado.
         Pero debemos contemplar que esta democratización profunda del Estado y la Sociedad conlleva una disputa sobre la cuestión del Poder respecto a las distintas variantes de gestión tanto en las empresas como en instituciones públicas. No debemos perder de vista, que, junto a un  empresariado progresista, coexiste otro tipo de empresario muy reacio a promover el protagonismo de los trabajadores; para ellos, la democracia se detiene en las puertas de sus fábricas. Este tipo de capitalistas neoliberales reaccionarios, montan estrategias de acumulación donde la mano de obra debe ser tan productiva como la de un  país del “primer mundo”, pero seguir tan explotada como la de un país subdesarrollado.
        Nosotros debemos estimular el surgimiento y expansión de un empresariado “Schumpeteriano”(2) que ha hecho grandes a las naciones occidentales, y no caer en las redes de aquel “seudo-empresariado” que ha crecido y medrado al amparo del Gobierno por el conocido camino  de la explotación y la ganancia fácil con garantía y subsidio estatal. Estas son realidades que un Gobierno Republicano debe afrontar porque si no las afronta, la ciudadanía terminará volviéndole la espalda por su incapacidad de tomar decisiones.-
                                                       N O T A S.
(1) Federico Chaves: Ex–Presidente de la República, Colorado, durante los años 1949–1954, en que fue derrocado por el golpe militar del Gral. Alfredo Stroessner. Citado por Epifanio Méndez en “El Orden para la Libertad”; p. 152; Editorial Cultura, 1951; Asunción.-
(2) “Schumpeteriano”: Por Joseph Schumpeter; gran economista de la mitad del siglo pasado, que ayudó a la concepción de la “Economía Social de Mercado” con un empresariado más concesivo al bienestar y elevación del nivel de vida de los trabajadores, que fue uno de los pilares de la reconstrucción de la Europa Occidental luego de la 2ª. Guerra Mundial Su obra fundamental y más conocida es “Capitalismo, Socialismo y Democracia” aparecida en 1942.-