domingo, 29 de junio de 2014

EL EXCEPCIONALISMO NORTEAMERICANO

3ª. Parte de la Trilogía sobre RUSIA, CHINA y EE.UU. tres   Imperios que se disputan el dominio del Mundo.

          EL “EXCEPCIONALISMO”             NORTEAMERICANO.

Nosotros somos la Nación indispensable (Madeleine Albright, ex Secretaria de Estado de los EE.UU.).

          Casi como por efecto de alguna Ley natural, en cada siglo parece surgir un país con el poderío, la voluntad y el ímpetu intelectual y moral necesarios para modificar todo el sistema internacional, de acuerdo con sus propios valores. En el siglo XVII Francia, encabezada por el Cardenal Richieleu, introdujo el enfoque moderno a las relaciones internacionales, basado en la Nación-Estado y motivado por intereses nacionales como propósito supremo. En el siglo XVIII la Gran Bretaña introdujo el concepto de Equilibrio del Poder, que dominó la Diplomacia Europea durante los siguientes 200 años. En el siglo XIX la Austria de Metternich reconstruyó el Concierto de Europa, y la Alemania de Bismarck lo desmanteló, convirtiendo la Diplomacia Europea en un frío juego de Política del Poder.
         En el siglo XX ningún país ha influido tan decisivamente en las Relaciones Internacionales, y al mismo tiempo con tanta ambivalencia, como los Estados Unidos. Ninguna sociedad ha insistido con mayor firmeza en lo inadmisible de la intervención  en los asuntos internos de otros Estados, ni ha afirmado más apasionadamente que sus propios valores tenían aplicación universal. Ninguna Nación ha sido más pragmática en la conducción cotidiana de su Diplomacia, ni más ideológica en la búsqueda de sus convicciones morales históricas” (Henry Kissinger:“La Diplomacia” pp. 11-12; Fondo de Cultura Económica; México, 1996).
          En verdad, los EE.UU. han tenido siempre a lo largo de su historia dos actitudes contradictorias en cuanto a su Política Exterior: una es perfeccionar constantemente la Democracia en su interior, actuando así como un Faro para el resto de la humanidad; y otra es que sus propios valores le imponen la obligación de hacer Cruzada por ellos en todo el mundo. Por ello el pensamiento norteamericano ha oscilado continuamente entre el Aislamientoy el Compromiso”. Pero ambas actitudes, aunque contradictorias, consideran normal un Orden Global Internacional fundamentado en la Democracia, el Libre Comercio y el Derecho Internacional y a través de su historia se ha intensificado la fe del país en que es posible superar la historia y que si el mundo realmente desea la Paz, tendrá que aplicar las prescripciones morales de los EE.UU. Así, ambos enfoques: el Aislacionista y el de Cruzado, reflejaron y reflejan todavía una fe común de los Norteamericanos, de que poseen el mejor sistema de Gobierno del mundo y que el resto de la humanidad podía alcanzar la paz, el progreso y la prosperidad abandonando sus sistemas tradicionales y adoptando la reverencia de los Estadounidenses por la Democracia y la Libertad.
          Desde que los EE.UU. entraron en la arena de la política mundial, en 1917, han sido tan predominantes en su fuerza –y por ello tan convencidos de lo justo de sus ideales– que los principales acuerdos internacionales de ese siglo han sido encarnaciones de los valores norteamericanos;  y el desplome del Comunismo Soviético fue como la confirmación intelectual de esos ideales, tal como lo expresara Francis Fukuyama  en “El Fin de la Historia y el Último Hombre”. Pero en el Nuevo Orden Internacional ha resurgido con mucha fuerza el Nacionalismo y las Naciones han buscado su propio interés con mayor frecuencia que los “principios elevados” de los EE.UU. y han competido con él más que cooperado y se rebelan por doquier, lo cual choca con la autodesignada “misión” Norteamericana de implantar un estilo de vida global. Y por primera vez los Estados Unidos no pueden volver a su Aislacionismo, retirándose del Mundo, ni tampoco dominarlo. Y eso les causa un gran tormento, porque ninguna Nación se ha impuesto a sí misma las exigencias morales y materiales que los EE.UU. se han impuesto, y ningún país se ha atormentado tanto por el divorcio entre sus valores morales y la imperfección inherente a las situaciones concretas a las que deben aplicarse en la realidad material.
          Es obvio ya que el sistema internacional de las primeras décadas del siglo XXI queda señalado por una aparente contradicción: por una parte, Fragmentación; por la otra, creciente Globalización. Contiene al menos seis Grandes Potencias –Estados Unidos, Europa, Rusia, China, Japón y probablemente a corto plazo India– así como toda una pléyade de países de mediana importancia y más pequeños (Brasil, Sudáfrica, Irán). Y se está notando que para los EE.UU. conciliar valores diferentes y experiencias históricas muy diversas entre países de importancia comparable constituye una experiencia nueva y una considerable desviación, tanto del “Aislamiento” del siglo XIX y principios del XX, como de la Hegemonía de facto de la Guerra Fría. El final de ésta ha creado lo que se ha llamado un “Mundo Unipolar” o de una sola “Superpotencia”; pero en realidad los Estados Unidos no están ahora, 25 años después, en mejor posición para imponer unilateralmente la “Agenda Mundial”, de lo que estaban  al comienzo de los años ’90: son más preponderantes de lo que eran entonces, pero, sin embargo, de manera irónica, “el Poder también se ha vuelto más difuso”. De este modo, en realidad ha decrecido la capacidad de los EE.UU. para aplicarlo a dar forma al resto del mundo. Los Estados Unidos seguirán siendo la Nación más grande y poderosa, pero una Nación que tendrá sus iguales; los EE.UU. serán primus inter pares pero serán, no obstante, una Nación como otras. Por consiguiente, el “Excepcionalismo” Norteamericano –que es la base indispensable de su Política Exterior– tal vez sea menos aplicable en el decurso de este siglo que se ha venido.

                      EL MITO NORTEAMERICANO.       
        Cuando la Unión Soviética colapsó, EE.UU. se alzó como la superpotencia hegemónica. Parecía que el país había resuelto todos sus problemas. El mundo lo envidiaba. Pero las cosas han cambiado. La historia ha vuelto para vengarse”, escribe el Analista Andranik Migranyan –Director del “Instituto de Democracia” de Nueva York– en su artículo El mito del Excepcionalismo Estadounidense en la revista 'The National Interest'.                 
         Los Estadounidenses se consideran a sí mismos una Nación excepcional desde hace siglos y solo ahora empiezan a darse cuenta de las dificultades que tienen, subraya el Politólogo. El término “Excepcionalismo Estadounidense” fue acuñado por el historiador francés Alexis de Tocqueville en su obra 'La Democracia en América' (1835-1840). A partir de los años 20 del siglo pasado el término empieza a utilizarse ampliamente. El currículo de las Universidades del país incluye un curso titulado “El Excepcionalismo Estadounidense”, la Asignatura llamada “El Excepcionalismo Estadounidense y los Derechos Humanos” forma parte también del Yale World Fellows Program, un programa de la Universidad de Yale que tiene como objetivo formar una red de nuevos Líderes Globales emergentes: en él cada año participan unas 18 personas seleccionadas entre jóvenes profesionales de todo el planeta.                      .                             
        El mito presenta a EE.UU. como una tierra prometida que da a los ciudadanos una oportunidad sin precedentes para conseguir la prosperidad y la libertad personal. Por otra parte, la Nación Estadounidense tiene una misión de Liderazgo Mundial que consiste en ilustrar al resto del planeta y difundir los valores y las instituciones de la Democracia. Los problemas llegan cuando los mitos se enfrentan con la realidad oscura”, acentúa Migranyan. Es muy peligroso cuando los políticos y la sociedad no se percatan de que la brecha entre la ideología y la realidad se está transformando en un profundo precipicio”, comenta. 
         A pesar de su deuda colosal y de sus acentuados problemas sociales, EE.UU. sigue siendo un centro clave de la influencia económica mundial. El país sigue cultivando la idea de su “Excepcionalismo”, pero está perdiendo los elementos de este 'excepcionalismo' uno tras otro, insiste el Analista. Por ejemplo: uno de los postulados principales –la importancia del trabajo individual como herramienta para lograr la prosperidad personal y colectiva– cae en el olvido: actualmente como mínimo un 35% de la población está inactiva y vive de los subsidios Estatales.
                        EL MESIANISMO IMPERIAL.
          Podemos colegir con un grado razonable que los hechos ocurridos en Irak, Afganistán, Libia, Siria, Venezuela y Ucrania, han develado una realidad dinámica: el mundo ya no será igual que antes, sometido a un Inquisidor despiadado y, por el contrario, lo anterior hace despertar al planeta de tal modo que el ansia de liberación se extiende ahora por los cinco continentes. Nunca pensó el “Imperio Unipolar” que su actuación provocaría un rechazo tal y que los pueblos comenzarían a exigir soberanía plena, la que se traducirá en cambios de conciencia, de administración –políticos y espirituales– lo que indicará una modificación estructural en las relaciones económicas, orientadas por el Principio de Complementariedad.
          Pese a lo que hemos explicado  anteriormente, no se puede desconocer que la Teoría que recorre el mundo como un jinete apocalíptico es el Excepcionalismo, ideología Estadounidense, hoy desviada de su origen, que asuela la soberanía de los pueblos, causando la miseria y explotación descarada en su faz Neoliberal. Uno de los múltiples ejemplos de la aplicación de esta Ideología Imperial es el bombardeo a Yugoslavia en 1999 realizado por la OTAN, bajo el mandato de Bill Clinton, entonces Presidente de los Estados Unidos.
          La Excepcionalidad es un planteamiento de progreso, interesante, que hoy al parecer se ha vuelto reaccionario con elementos de superioridadracial, de pensamiento,  de desarrollo y élite privilegiadaatribuida a una Nación por obra de un Destino Manifiesto, que llega desde una esencia divina y lo porta sólo quien tiene un lugar reservado en la Historia para liderar ética y moralmente al Mundo. En ese sentido, se refiere a que un pueblo posee capacidades que la gran mayoría no tiene y cuya misión proviene de una voz que sólo los Líderes la reciben como seres autorizados.
          Así es como el Candidato Republicano a la Elección Presidencial en 2012,  Mitt Romney, declaró que Dios había creado a Estados Unidos para que dirigiera al mundo, y prometió que si llegaba a la Casa Blanca arremetería contra la alianza maligna del socialismo de Cuba y Venezuela”. Dios no creó a este país para que fuera una Nación de seguidores. Estados Unidos no está destinado a ser uno de los varios poderes globales en equilibrio dijo Romney en su discurso de campaña más importante sobre Política Exterior. Estados Unidos debe conducir al mundo o lo harán otros”, agregó, señalando que el planeta sería más peligroso si Washington no jugara un papel de primer orden. El Candidato Republicano pronunció esta alocución el día que se cumplían diez años del inicio de la intervención en Afganistán, el 25 de Julio de 2012, en una Academia Militar de Carolina del Sur.
          Esta Doctrina se convierte en la Ideología que sustenta la actuación histórica de los Estados Unidos y que explica la forma bárbara como ha tratado a numerosos países del orbe.  Algunas de sus características filosófico-políticas pueden resumirse en que Norteamérica  se atribuye el principio mesiánico de ser una Nación que ha recibido la bendición de Dios para dirigir el mundo junto a quienes acepten su concepción de dominio. Sus fuentes son de carácter ético, político, económico, histórico y religioso. Une dos factores: ser únicos y universales, lo que configura su carácter planetario que ninguna otra Nación posee. Este poder casi divino le otorga la facultad, como derecho por sobre todos los derechos humanos existentes –incluso en su propio país– de  castigar a quien estime conveniente. Por tanto, posee una superioridad moral basada en ser un País que promueve la Libertad en el mundo, los valores más sagrados, la defensa de la Propiedad como bien inobjetable, el derecho a desarrollarse por sí mismo –pues Dios dejó a cada ser para que se sacrificara y surgiese solo– como defensor a ultranza de la Legalidad, la Democracia y la Paz. Así, le corresponde a esa Nación (EE.UU.) superar todo aquello que pueda suponer un peligro de envergadura para la Humanidad. Eliminar a quien no cree en su doctrina es lícito y, además, cuenta con el beneplácito de los amantes de la Libertad.
            Sus valores están ligados a la Libertad, Propiedad, Igualdad y Justicia, las cuales se supeditan al Mercado, pues es la forma como el Creador hizo el mundo: libre y autorregulado, según su propio albedrío. El Terrorismo es la amenaza a la supervivencia de esta Nación, justificación para ejecutar todas las acciones que sean convenientes con el fin de garantizar la continuidad viva de su gente y aliados. La creencia absoluta es que Dios está de su lado –todos los Presidentes Norteamericanos, y en especial Obama, han proclamado ser muy piadosos en Religión”– y le permitirá siempre obtener victorias; así, todos los castigos son justos pues responden a una necesidad de que el plan divino sea mantenido, cueste lo que costare, como lo declaró confiado, en 1961, el entonces Presidente John F. Kennedy: “que los Estados Unidos eran tan fuertes que pagarían cualquier precio, soportarían cualquier carga por asegurar el triunfo de la Libertad aun a costa de sus propios ciudadanos, quienes únicamente son llamados a la grey en la medida que sirven a su Gobierno y están dispuestos a dar la vida por su Patria, la cual se llama Norteamérica: No preguntes –dijo Kennedy en su discurso de toma de posesión de la Presidencia– lo que América puede hacer por ti; sino qué puedes hacer tú por América”. Como vemos, el Excepcionalismo, derivación del Pragmatismo –Escuela Filosófica  actualizada en su versión Neoliberal– conduce a que todo Ser Humano pueda ser considerado un daño colateral en la medida que su sacrificio se realice para proteger la identidad del país.
          Lo anterior ha conducido a las mayores masacres en el mundo, iniciada con el exterminio de millones de indios en el territorio de este país o el robo a México de una porción inmensa de su territorio… por ser 'primitivos' y contrarios al “Destino Manifiesto”.  Ello obviamente conduce actualmente a contradicciones de principio insalvables, en su Política Exterior,  como el caso de  la escisión de Kosovo en Serbia, a través de la guerra de exterminio (15.000 bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia en 1999), que se convierte en prístina y conveniente, pues ellos” (EE.UU) la orientan, y en cambio,  el Referéndum de Crimea  –sin un disparo y con el 96%  de aprobación mayoritaria– sin embargo en “ilegal y contrario al Derecho Internacional”. El caso de los Nazis del Partido Sbovoda, con gran Poder en Ucrania, demuestra esa inequidad conceptual.  
           Esa razón instrumental ha llevado a esta Superpotencia a los mayores desastres y a un número indeterminado de cientos de miles de soldados estadounidenses –y extranjeros aliados– muertos, mutilados, pensionados, enfermos mentalmente. Por ello –como todos los instrumentos para sostener esta doctrina son válidos– se utiliza la “Guerra Mediática” de forma alienante con el fin de presentar una ilusión como realidad: los Medios de información ocultan lo que sucede realmente. La Prensa, obviamente, y el uso de las grandes redes sociales para domesticar son uno de los mecanismos aplicados.
           La Propiedad a ultranza, el patriotismo irracional, la supuesta amenaza a la seguridad, conducen a la creación de un temor a lo desconocido, existiendo un enemigo, o incluso siendo todos, quienes atentan contra ellos, puesto que son el Pueblo escogido. Además, la envidia es la fuente de las amenazas porque quieren robarle su forma de ser (modo de vida americano), lo que configura una temible sentencia que es obligatorio impedir; al respecto, el entonces  Presidente Lyndon Johnson dijo a los soldados de  un Regimiento de GI acantonados en Corea, en 1965: Sólo somos 200 millones en un mundo de 3.000 millones; los otros quieren lo que nosotros tenemos, ¡y no se lo vamos a dar!”.
    Ahora bien, ¿Qué es ideológicamente el “Excepcionalismo”? Hagamos primero una aproximación al “Pragmatismo” para poder entenderlo mejor:

                  PRAGMATISMO Y AMERICANISMO.
          El Pragmatismo encarna, así es comúnmente admitido, la filosofía del "americanismo" y ha dado lugar, desde luego, al ingreso del pensamiento norteamericano en el mundo moderno. Constituye, pues, una filosofía propia, clara y distinta que supuso, ciertamente, un cambio de ideas; o, más específicamente, como señala Louis Menand en un trabajo galardonado con el Premio Pulitzer de Historia 2002, “no un conjunto de ideas sino más bien una idea sobre las ideas consistente en que éstas no están esperando a ser descubiertas sino que son herramientas que creamos para enfrentarnos al mundo” (Louis Menand:“El Club de los Metafísicos. Historia de las Ideas en América”; p. 13; Destino, Barcelona, 2002).
          Siguiendo una exposición de William Savery que es citada por H. B. Van Wesep, autor cuyo estudio sobre el Pragmatismo constituirá más adelante el guion del repaso al núcleo de autores que conforman el Pragmatismo Estadounidense, pueden distinguirse dos factores comunes, al menos, en todas las concepciones filosóficas norteamericanas. En primer lugar, hay que llamar la atención sobre un nuevo criterio de “verdad”: Frente a las Teorías de la “Correspondencia” o de la copia seguida por Aristóteles y los Escolásticos (que convertía la verdad en una reproducción de la cosa real) y de la coherencia de autores como Spinoza, Kant, Hegel y otros (que contribuían a teorizar sobre lo que las cosas podían ser o sobre lo que deseábamos que fueran), aparece la “Teoría de la Supervivencia” en la que la verdad está relacionada con la acción, de modo que la formulación que se impone, aunque sea como primer esbozo muy general, es la de que "verdad es lo que funciona". En segundo término, corresponde señalar que el “Pragmatismo” es una concepción que toma como punto de partida el sentido común y no prescinde nunca del mundo concreto y cotidiano. Se trata, pues, de una forma de realismo pluralista, no monista, que hace posible albergar una diversidad de perspectivas.
          El término “Pragmatismo” fue acuñado por Charles Sanders Peirce (1839-1914) durante los encuentros del “Metaphysical Club” de Cambridge, Massachusetts, hacia 1872; es decir, poco después de la Guerra Civil Estadounidense. Sin embargo, se puede afirmar que el “Pragmatismo” no se reduce a la época de su formulación a la sombra de la Universidad de Harvard en el ya citado “Club de los Metafísicos”; puede hablarse también de un itinerario del Pragmatismo que cubre un período –anterior y posterior al enunciado– que permitirá conocer, de acuerdo con Van Wesep, cómo mudó el pensamiento norteamericano del Deísmo y del Trascendentalismo al “Meliorismo” pragmático (H.B. Van Wessep: Siete Sabios y una Filosofía. Itinerario del Pragmatismo; Editorial Hobbs Sudamericana; Baires,1965).
           La moral del “Meliorismo”, presupuesto necesario de todos los que tienen ideales, opone al quietismo abstracto la creencia activa en la perfectibilidad; su optimismo no significa ya simple satisfacción frente a lo actual, sino confianza en la posibilidad de perfecciones infinitas. Lo existente no es perfecto en sí, pero marcha hacia un perfeccionamiento; para el hombre, en particular, se traduce en dignificación de su vida. Todo lo humano es susceptible de mejoramiento; es natural el devenir de un bien mayor, mensurable por el conjunto de satisfacciones en que los hombres hacen consistir la felicidad. De otra parte el Excelsiorismo apunta en la dirección del progreso del hombre, le interesa más principalmente las cosas temporales y mundanas del diario vivir, por sobre aquellas cosas eternas y celestiales. Constituyendo un optimismo de profundos alcances humanistas, desarrollado en una incesante actividad humana, y por tanto abierta a la aprobación de nuevos e ilimitados descubrimientos humanos, en todos los campos de las ciencias.
          Por lo expuesto, la aproximación al Pragmatismo va a tomar en cuenta una doble consideración: de un lado, su formulación, y, de otro, un recorrido que permitirá relacionar, recalando en diversos autores, sus tesis principales.                       Se supone que fue Peirce, como queda dicho, quien acuñó el término "Pragmatismo" durante los debates del Club, aunque no fue hasta mucho tiempo después cuando se le confiriera significado filosófico a la expresión. Dicho término resultó ser una derivación de la distinción kantiana entre praktisch y pragmatisch, pretendiendo proporcionar con ello una nueva teoría lógica del significado; de manera que la función del pensamiento no sea sino imponer una regla de acción, un hábito de comportamiento o bien una creencia. Peirce se encargó de exponer los postulados del pragmatismo en dos artículos titulados The Fixation of Belief y How to Make Our Ideas Clear, publicados en Popular Science Monthly, en noviembre de 1877 y enero de 1878, respectivamente. Sin embargo, es de justicia reconocer que la expresión Pragmatismo fue popularizada por William James a partir de una conferencia que data de 1898.
          El Pragmatismo constituye, siguiendo nuevamente a Menand, un modo de explicar cómo se forman las creencias y cómo se adoptan las decisiones; pudiendo considerarse el núcleo de sus aportaciones la convicción de que las ideas no deben convertirse en ideologías (asimiladas éstas al marco en que se desenvuelven los imperativos trascendentes que pretenden justificar, o bien el orden existente, o bien la llamada a la subversión). Pero es que, además, no se puede pasar por alto que el Pragmatismo se propuso como objetivo fundamental que a las personas les resultara más difícil llegar a la violencia por sus creencias; ideas como la tolerancia, envuelta en una especie de escepticismo, conformaron, por tanto, una cultura intelectual íntimamente unida al sentir democrático en el que "los diversos vástagos del modo pragmático de pensar –la filosofía educacional, la concepción pluralista de la cultura, el argumento para las libertades de expresión– fueron, en cierto sentido, traducciones de esa ética individualista Protestante a términos sociales y seculares" (Entrevista a Louis Menand: Estados Unidos, ¿Pragmatismo o Absolutismo?    Suplemento Babelia; El País, p. 2; 19-X-2002, Barcelona).
          El cambio en los presupuestos intelectuales de la vida americana que hay que reconocerle al Pragmatismo se plasmó en el modo de pensar sobre la educación, la democracia, la libertad, la justicia y la tolerancia. Esta fuente de inspiración, esta forma de ser, empero, no puede considerarse enteramente agotada por más que se oponga a la misma el Absolutismo a que nos referiremos después. La relación existente entre el “Pragmatismo” y el “Aislacionismo”, una tentación que siempre, como venimos repitiendo, está latente en la Política Exterior Estadounidense, podrá ser advertida con mayor claridad al abordar seguidamente el itinerario de esta particular manera de ser o modo de pensar; constituyendo dicho recorrido nada más que una síntesis, incluso apresurada, tendiente a conferir continuidad, con afán orientativo, a la exposición.
          Así, se ha de constatar, cuanto menos, que la concepción realista y pluralista, apegada al sentido común y al mundo de lo cotidiano y lo concreto, de una parte; y la noción de verdad, íntimamente relacionada con la acción, y por tanto, alejada de la creencia en las verdades absolutas, eso que se ha llamado Absolutismo, de otra; constituyen las ideas-fuerza que están presentes en los autores que conforman el Pragmatismo: el movimiento de ideas que ha pasado a ser considerado, no es ocioso insistir, como la filosofía netamente norteamericana.
           Según varios filósofos representantes del Pragmatismo “Estados Unidos es un país absolutista y su cultura política es muy absolutista. Decir que el Pragmatismo constituye la aportación a la filosofía mundial no significa que represente el espíritu americano” (Louis Menand: “Entrevista cit.”, pág. 2; Barcelona, 2002). La oposición apreciada entre Pragmatismo y Absolutismo no es suscrita, empero, sin discrepancias; o por lo menos, a partir de lecturas no siempre convergentes. La visión pragmática, o simplemente práctica o instrumental, cuando no la propiamente pragmatista, se sitúa, con frecuencia, como un antecedente, o como un aspecto determinante, de la acción política Estadounidense. Edward S. Said (1935-2003), por ejemplo, pudo entrever un notorio influjo de esta línea de pensamiento a la hora de definir y proyectar dicha acción política: Detrás de esto se halla la creencia en el ‘Pragmatismo’ como sistema filosófico destinado a administrar la realidad: un Pragmatismo anti-metafísico, anti-histórico y hasta –curiosamente– anti-filosófico. Esa especie de anti-nominalismo posmodernista constituye, junto a la filosofía analítica, un sistema de pensamiento muy influyente en las Universidades Estadounidenses"(Edward S. Said:“La Otra América” en Le Monde Diplomatique; nº 89, Marzo de 2003, p. 23).
           El Pragmatismo Estadounidense es particularmente evidente en la Política Exterior, que no sigue ningún lineamiento claro y se adapta a cada situación según se hayan analizado los mejores resultados para el país. Recurrir al Pragmatismo significa que las situaciones son confrontadas en un nivel individual, a diferencia de un nivel colectivo que generalmente implica una planificación a largo plazo. El Pragmatismo afecta a la Política Exterior de EE.UU. en varias formas: aminora el requisito de que los responsables de la toma de decisiones sólo hagan política que esté basada en estrictos principios legales o principios ideológicos. La política no está casada con estrictos conceptos filosóficos o morales. Se puede decidir con mayor flexibilidad, basada principalmente en las percepciones políticas en lugar de rígidas consideraciones normativas. Además, la Política Exterior de EE.UU. tiende a ser más reactiva que proactiva; en sus Relaciones Internacionales  el país reacciona ante ciertos eventos que se producen en lugar de anticipar qué se va a producir, como ya mencionaron varios autores antes. En este sentido, el Pragmatismo contribuye a la tendencia norteamericana a preferir los objetivos nacionales a corto plazo en comparación a las soluciones a largo plazo, un enfoque que alimenta la falta de coherencia en las acciones de Política Exterior.
          Pese a las versiones contrapuestas a que se ha hecho alusión, el Pragmatismo es, como el Aislacionismo, cita obligada en un estudio que pretende desbrozar la génesis de la Realpolitik Estadounidense  y que remite, necesariamente, al Excepcionalismo Norteamericano. El propósito que persigue este estudio tiende a tratar de desvelar, aunque también a acrecentar, los interrogantes, e incluso contradicciones, que incesantemente asaltan; pues, llegados a este punto a nadie le pasará inadvertido que el elemento paradójico viene a ser una constante con la que hay que irse habituando a contemporizar.

        EL “ EXCEPCIONALISMO”  NORTEAMERICANO.
         El fin del Aislacionismo coincide, no exento de matices, con el inicio del predominio mundial Norteamericano. El siglo XX ha sido, como ya ha sido anticipado, el siglo de los Estados Unidos. Su entrada en la Política Internacional se produjo cuando las estructuras de poder de las viejas Potencias Europeas estaban a punto de quedar colapsadas. Con miras a ir concluyendo nuestro estudio centrado en el rastreo de orígenes ideológicos, se considera oportuno enmarcar éste haciendo alusión, de una parte: al protagonismo reconocido a Estados Unidos en mérito de su intervención en la I Guerra Mundial; y, de otra: con fines recapitulativos, a eso que una y otra vez venimos denominando Excepcionalismo Norteamericano.
          Tras esta expresión, una tanto enigmática, admitámoslo, tiene acogida una corriente de ideas variopinta. Corriente de ideas que se ve complementada, a su vez, con una serie de hechos de los que da cuenta la reciente historia de Estados Unidos de América; decimos historia reciente cuando, en puridad, no la hay de otra clase pues dicha historia se remonta, claro es, a poco más de dos siglos. Ya en otro lugar, en un contexto determinado como fue el ius ad bellum a propósito de la Segunda Guerra del Golfo, se ha tenido oportunidad de referirse al Excepcionalismo norteamericano (Luis Bueno Ochoa: Guerra por si acaso o Culminación de la Real Politik Estadounidense; Medusa, Madrid, 2006). Constituye éste uno de los aspectos medulares de la cosmovisión estadounidense, al menos en lo concerniente al  rol desplegado en el panorama internacional. Nos detendremos, brevemente, en la corriente de ideas que están en circulación sobre el particular; en una serie de hechos, de indudable significación histórica, que ilustran cómo los avances y retrocesos son continuos y, para concluir, en glosar aspectos puntuales de la mano de dos autores ya citados como Tocqueville y Lipset.
          La corriente de ideas aludida –sin perjuicio de todo lo dicho hasta ahora sobre el “Aislacionismo” y el “Pragmatismo” y sin obviar las remisiones al “Realismo” y al “Absolutismo” trazadas que no esconden alguna suerte de conexión entre las mismas– engarza, aun a costa de incurrir en reduccionismos, con dos Doctrinas: la del Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe. La primera, de carácter visionario, si no mesiánico, enlaza con la propia creación de la Nación Norteamericana como si de un segundo pueblo elegido, especie de redentor, se tratara; la segunda, ha demostrado ser ambivalente hasta el punto que lo mismo puede servir para justificar la no injerencia en asuntos internos como para prestar cobertura a la acción consistente en cobrar intervención en cualquier momento y ante cualquier situación” (Luis Bueno Ochoa: Bases del Excepcionalismo Norteamericano”; Revista Telemática de Filosofía del Derecho, Nº 10; Universidad Pontificia de Comillas; Madrid, 2006/2007. Loco citato et passim). Los intereses de Estados Unidos no tienen límites, cabría decir; de ahí que nunca esté exento de polémica distinguir ámbitos de actuación.
          A vueltas con el Excepcionalismo norteamericano como elemento crucial que ha informado “la visión que Estados Unidos tiene de sí mismo y de su papel protagonista en el mundo”, una aproximación a su estudio, centrándonos en la historia de las ideas, reenvía esta cuestión a dos de las obras de dos insignes tratadistas: por un lado, la obra clásica de Alexis de Tocqueville: La Democracia en América 1835-40 (Alianza; Madrid, 1980); y, más modernamente, el trabajo de Seymour Martin Lipset titulado: El  Excepcionalismo Norteamericano. Una espada de dos filos (Fondo de Cultura Económica; Madrid, 2000).
           Para Tocqueville, en primer lugar, deviene esencial reparar en el punto de partida que determina el porvenir de la Nación norteamericana: el ardor religioso, el espíritu republicano, y la íntima unión entre el genio religioso y el de la libertad. Las razones de dichas peculiaridades tienen, pues, un doble origen: Puritano e Inglés, que está asociado a la propia noción de religión-política y que bien pudiera quedar sintetizado con frases tales como la divisa que corona los billetes de dólar –In God we trust– o la archifamosa consigna patriótica “God Bless America”. Aun cuando la hipótesis que manejaba Tocqueville para explicar el Excepcionalismo se vinculaba a la ausencia histórica tanto de una Aristocracia señorial como de un Campesinado servil, debe admitirse la importancia reconocida tanto al llamado “patriotismo reflexivo”, o amor instintivo a la patria, como al hecho, cierto, contrastado, de que la religión es la causa histórica de las sociedades angloamericanas.
        Para Lipset, en otro orden de cosas, lo que hace singular (o, por mejor decir, excepcional) al sistema político norteamericano es el extremado Liberalismo populista; la retórica de la demagogia litigante; la ausencia de Socialismo; la debilidad del welfare state; la proliferación de armas privadas; la persistencia de la pena de muerte (capital punishment); la coexistencia de minorías de inmigrantes y la pervivencia del racismo, etc. De lo que se deduce la existencia de un credo norteamericano que puede quedar descrito con estos cinco términos, a saber: libertad, igualitarismo, individualismo, populismo y laissez faire. Lipset alcanza, pues, una conclusión análoga a la de Tocqueville al circunscribir lo esencial del Excepcionalismo norteamericano a la conjunción religioso-política: a un credo político que busca conciliar, en definitiva, una forma de consenso mesiánico que subyace bajo un pluralismo aparente, con una misión nacional, redentora;que comparten los estadounidenses y que no es otra sino convertir, en clave proselitista, al resto del mundo a su Excepcionalismo.             
          En resumen, hemos podido observar cómo un conjunto diverso de ideas, de extracción religiosa, política y estrictamente filosófica, puesto en relación con una sucesión de jalones en la historia de Estados Unidos, ha contribuido a despejar el origen del Excepcionalismo norteamericano. Dicho Excepcionalismo constituye pues, una marcada seña de identidad que, no obstante, admite no sólo matices sino  relecturas y un amplio elenco de reformulaciones. No creemos, en fin, que haya inconveniente en reconocer que el Excepcionalismo norteamericano trasciende lo episódico e invita a una reflexión poliédrica que no puede evitar verse obligada a convivir con la paradoja.-

              


lunes, 16 de junio de 2014

                     RECORDANDO WATERLOO….
          El 18 de Junio se cumplen 199 años de la histórica batalla de Waterloo, librada en esa fecha de 1815 y que significó el fin de Napoleón Bonaparte, el gran Corso que pudo conquistar Europa con su genio militar y dejó también un importante legado político y de organización civil a la humanidad. Por eso queremos recordar esa gesta que cambió la orientación de Europa y tal vez del mundo, escribiendo con el estilo poético que dio la historiadora norteamericana Frances Winwar al relato de la misma, basada en los Cuadernos de Memorias del íntimo amigo y ayudante de Napoleón, Víctor de Laurestán.
          --Una vez llegado nuevamente el Poder, para  la “saga de los 100 días”, Napoleón deseaba ardientemente la paz; pero ya la “Séptima Coalición” declaraba la guerra. Nunca la consideró tan inoportuna Napoleón, pero con la rapidez que lo caracterizaba y que le valiera el apodo de “el águila” decretó la leva, y mediante ella levantó un nuevo Ejército… de criaturas y ancianos… despojando a las cunas y a las tumbas… las madres protestaron.
          En Junio comenzó la marcha: se acercaban los rigores del verano y Napoleón, con sombría expresión, cabalgaba mirando a sus hombres: 125.000… todo lo que pudieron darle las mujeres de Francia. Dirigió su ejército hacia el norte, a Bélgica, donde acampaban las fuerzas inglesas al mando del General Duque de Wellington; sabía que tenía que derrotar a los Ingleses y luego volverse contra los Prusianos antes de que pudieran reunirse; y después de batirlos por separado, esperar la llegada de los Rusos. Era la vieja táctica… y el enemigo la había aprendido. El 16 de Junio, con el grueso de su ejército, derrotó totalmente a los Prusianos –al mando del Mariscal Blücher– en Ligny, mientras que el Mariscal Michel Ney, llamado por Napoleón “el valiente entre los valientes”, hacía lo mismo con los Ingleses y Holandeses en Quatre Bras con una parte de las tropas, lo que le dejaba a las puertas de Bruselas.
          Consumada la victoria en Ligny, el Emperador dio su funesta orden, al mediocre Mariscal Enmanuel Grouchy, de perseguir a los prusianos en retirada, llevándose 30.000 hombres, sin perder contacto con ellos, lo que le costaría la derrota de Waterloo. En tanto, al conocerse que Quatre Bras  estaba en poder de los franceses, cundió el pánico en Bruselas, donde tenía lugar una fiesta ofrecida por la Duquesa de Richmond a los jefes y oficiales de Wellington. Éste, que se encontraba en ella, serenó los ánimos dando orden de que siguiera el baile mientras daba órdenes perentorias a sus máximos subordinados, manteniéndose presente hasta las 11 de la noche en que se retiró a dormir profundamente hasta las 4 de la madrugada en que se levantó para unirse a su Ejército en retirada. Buen ejemplo de la famosa “flema inglesa”.
          Wellington, en su retirada, colocó su ejército bajo la protección de las alturas de “Mont-Saint-Jean”; Napoleón, lanzado en su persecución, situó el suyo en las alturas opuestas. Entre ambos ejércitos se extendía un verdadero océano de trigo ondulante: el campo de batalla de Waterloo. ¡Waterloo… Waterloooo…! como el triste ulular del viento sobre las olas en torno a una roca desolada: ¡Waterloo…! El viento aulló, esparciendo negros nubarrones en el cielo. Por la tarde estalló la tormenta, llovía a mares, pronto el que sería el campo de batalla se convirtió en una ciénaga donde los caballos y los hombres se hundían hasta las rodillas en el lodo –ese “sexto elemento de la Guerra” como lo denominó Napoleón– que  hacía imposible desplazar la artillería; había que esperar. Era el 17 de Junio y Napoleón ansiaba ardientemente la batalla; toda dilación haría que los prusianos se acercaran, pero había que esperar hasta que la tierra estuviera seca. Napoleón, puesto a prueba, se colocó la máscara de la impasible calma: en esos momentos decisivos para el futuro de Europa y aún del mundo, “el Hombre del Destino”, el héroe de cien batallas, era un Jugador. Las apuestas eran altas: si ganaba lo recuperaba todo: Francia, la gloria y el honor… pero si perdía, ¡ay de Francia, que lo habría elegido para su destrucción!
          El día siguiente, 18 de Junio de 1815, amaneció frío y soleado, la tierra pronto estaría seca. Napoleón, durante el desayuno con sus oficiales, tuvo una indisposición que lo acompañaría todo el día, pero se sobrepuso y salió a revistar y arengar a sus hombres: Le petit Caporal (el pequeño Cabo) lucía decidido y firme.
          A las once de la mañana comenzó la batalla: protegidos por el fuego graneado de su artillería los Franceses cargaban contra las líneas Inglesas que parecían largas serpientes de brillantes escamas rojas esparcidas en el centro de la llanura. El combate arreció: aquel océano de cereal se convirtió en un océano de sangre, en la dura batalla que duró toda la tarde. El sol, ya en el ocaso, continuaba alumbrando la matanza: caían diez mil hombres por hora, pero el resultado… continuaba indeciso. Napoleón miraba insistentemente por su catalejo: ¡si viniera Grouchy! Necesitaba a Grouchy y a sus 30.000 hombres para volcar el resultado a su favor y permitir a su Vieux Garde (la Vieja Guardia) recoger los últimos laureles. Lejos, pero muy lejos, podía ver avanzar una tenue línea azul: podía ser Grouchy, como también podían ser los prusianos, que igualmente vestían de azul. Entretanto el General Duque de Wellington, que ya había visto morir a su sobrino y a varios oficiales de su Estado Mayor despedazados por las granadas que caían cada vez más cerca de su Puesto de Comando, y veía a sus tropas iniciar una lenta retirada –que su experiencia le indicaba muy bien que pronto se convertiría en desbandada–Wellington clamaba: “¡Quiera Dios que llegue la noche o los Prusianos! Su ruego al parecer fue escuchado. Cuando las primeras sombras de la noche se posaban sobre los picachos que rodeaban Waterloo, una ola azul de 50.000 prusianos barrió el campo de batalla. Napoleón tuvo que tomar una terrible resolución –que luego le sería criticada por ese célebre filósofo de la guerra Karl Von Klausewitz, quien sirvió bajo su mando: el lanzar todo el resto de sus fuerzas en un acto desesperado e inútil en vez de retirarse– respecto a la “Vieja Guardia” que durante seis horas había estado observando el combate sin recibir órdenes de intervenir. Ahora iban a ir a un ataque desesperado y suicida: “¡Héroes de mis triunfos! –les arengó– el destino de mi Imperio está en vuestras manos!” “¡Vive l’Empereur!” contestaron. La “Vieja Guardia” se lanzó al ataque tropezando y cayendo por causa de los miles de cuerpos muertos esparcidos en el campo de batalla como bancos de arena en un océano. La Vieja Guardia tropezaba y caía, se levantaba y volvía a caer para no volver a levantarse, ya por el fuego de los cañones y de los mosquetes. El  enemigo mismo, sobrecogido ante tanto heroísmo, les rogaba que se rindiesen. Pero sonó la respuesta estentórea del General Pierre Cambronne: “¡Merde! ¡La garde meurt, mais ne se rande pas!” (¡Mierda! ¡La Guardia muere, pero no se rinde!). Lucharon hasta el fin; el Hombre de Bronce lloraba. La estrella de su destino titiló unos instantes… y luego de apagó.

          Horas después, cuando el vencedor General Duque de Wellington recorría el que fuera campo de batalla, al observar los miles de cuerpos muertos en las más grotescas posiciones en que los sorprendiera el “rigor mortis” y despojados hasta de sus prendas más íntimas por aquellos verdaderos “buitres humanos” que seguían en carretas a los ejércitos para saquear a los caídos, pronunció su famosa sentencia: “Es triste perder una batalla –dijo– pero es aun mucho más triste ganarla”.-                   

martes, 10 de junio de 2014

Fe de Errata

En el Artículo CHINA: UN CASO ESPECIAL se deslizó un error involuntario al escribir que Deng Xiaoping murió en 1993; pues Deng falleció en 1997. Queda hecha la salvedad con las consiguientes disculpas.-

CHINA

CHINA: UN CASO ESPECIAL.
CÓMO PUDIERON HACERSE LOS CAMBIOS
                    SIN QUE SUCEDIERA LO DE LA URSS.
                  
                    Una de las características resaltantes de fines del Siglo pasado es la del establecimiento de una Potencia Unipolar hegemónica en lo político y militar pero no en lo económico, que ve el surgimiento de grandes bloques muy competitivos entre sí.
                    Es que el liderazgo Norteamericano en el Capitalismo mundial de posguerra surgió espontáneamente de la misión de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos a fines de la Segunda Guerra Mundial. En un sentido muy real la economía norteamericana era la economía mundial. Todo el mundo tenía que comprar y vender a los Estados Unidos, ya que allí estaba la única gente con dinero para gastar y tenía casi dos tercios de la capacidad de producción industrial del mundo, y en vista de que los EE.UU. habían desarrollado armas atómicas y tenían la única economía no comunista capaz de financiar una gran institución castrense, no podía existir otro líder militar.
                    Hoy mucho de eso ha cambiado: a medida que Europa se recuperaba de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial y partes del resto del mundo se igualaban económicamente con los EE.UU., la participación norteamericana en el PBI mundial, obviamente, tuvo que bajar. En lugar de representar más del 50% del PBI mundial como fue a fines de 1960, ahora representa algo menos del 25%. Además de representar una porción más pequeña del PBI mundial, los Estados Unidos son ahora el segundo mercado más grande del mundo, ya que el Mercado Común Europeo ocupa el primer puesto. Teniendo en cuenta que existen varias naciones igualmente ricas y una economía más importante, no sorprende que el resto del mundo esté menos dispuesto a seguir el liderazgo económico norteamericano, ya que el resto del mundo capitalista avanzado simplemente no necesita a los Estados Unidos tanto como lo necesitó en el pasado. Ahora es mucho más fácil decirle no.
               En ese contexto surge y se acrecienta el poderío de la República Popular China o China Continental o simplemente China como es correcto denominarla. Aprovechando las contradicciones de las grandes potencias, Mao Zedong toma el Poder y unifica el continente sentando las bases de una industrialización y poderío militar que, por graves errores de conducción, se retrasó hasta su muerte en 1976. Es entonces, y luego de variados sucesos, que Deng Xiaoping llega a la instancia suprema –en 1978– de árbitro indiscutido del Poder. El propio Deng hizo un llamado a la reforma política y económica en 1980, reviviendo así las esperanzas de que él sería capaz de conducir a China hacia la democracia y el gran desarrollo económico, algo que causó un gran impacto en el “Tercer Mundo” donde ya hacía tiempo que China disputaba su influencia a la URSS; pero ya entonces se notaron las verdaderas intenciones de Deng. En un importante discurso que pronunció en Agosto de ese año, Deng Xiaoping señaló metas modestas y subrayó que la reforma política significaba fortalecer el liderazgo del Partido Comunista, no debilitarlo. Todo lo contrario de lo que hicieron Gorbachov y Yeltsin.
                    En retrospectiva, y analizando la política interior y exterior china, se aprecia con claridad que Deng Xiaoping habló con seriedad cuando hizo la advertencia de que la reforma no debía transgredir “los cuatro principios cardinales”, a saber: el mantenimiento del sendero socialista; la conservación de la “dictadura democrática popular”; el liderazgo del Partido Comunista Chino (PCCh); y el Marxismo-Leninismo combinado con el “pensamiento de Mao Zedong”. Es decir, que la transformación que se iba a operar en China sería de grado, no de esencia. De todos modos, los sucesores de Deng, profundizando las reformas económicas de la llamada “Economía de Mercado Socialista” pero manteniendo la dureza del control político, han tenido hasta ahora un éxito apreciable ya desde la última década del Siglo XX, veamos: “China está progresando en el plano económico (Ha crecido a un  ritmo superior al 10% anual durante más de quince años) y el viejo mundo tendrá que transformarse rápidamente si no desea tener un grave caso de indigestión cuando absorba los 1.200 millones de Chinos en su economía global. Dada la importancia de que más de un quinto de la humanidad vive en China, vale la pena examinarla más detenidamente” (Richard Eckaus: “The Metamorphosis of Giants: China and India in Transition”; Documento de Trabajo del Instituto Tecnológico de Massachussets, Marzo de 1994). Y según Lester Thurow, ex Decano del citado Instituto, “En el siglo XXI China será una gran potencia política y militar. Pero probablemente ya sea la segunda superpotencia militar del mundo después de los Estados Unidos”. Henry Kissinger, ex Secretario de Estado de los EE.UU., opinaba que “…China va en camino de convertirse en una superpotencia. Con una tasa de desarrollo de 8%, menor a la que mantuvo durante los ochenta, el Producto Nacional Bruto de China se acercará al de los Estados Unidos a fines del segundo decenio del siglo XXI. Mucho antes de ello, la sombra política y militar de China caerá sobre toda Asia (y sobre el tercer mundo) y afectará los cálculos de las otras potencias, por muy moderada que pueda ser la política china” (H. Kissinger: “Diplomacy”; Simon & Schuster, N. York, 1994).
                    Es indudable que de todas las grandes potencias –y de las potencialmente grandes– China es la que va en ascenso. Los Estados Unidos ya son la más poderosa, Europa debe esforzarse por lograr una mayor unidad, Rusia es un gigante que se ha tambaleado y ahora recién está firme, y Japón es rico pero, hasta hoy, tímido. En cambio, China, con las altas tasas de desarrollo económico ya referido, un recio sentido de la cohesión nacional, y unos ejércitos cada vez más poderosos, mostrará el mayor aumento de estatura entre las grandes potencias. Una política de enfrentamiento con China haría que los EE.UU. pudiesen quedar aislados en Asia; ningún país asiático querría permitirse apoyar a los EE.UU. en un conflicto político con China, que consideraría resultado de una descaminada política norteamericana. En fin, China, siendo la Nación con más larga historia de política exterior independiente y con la tradición de basar su política exterior en el interés nacional y siendo un país que a lo largo de la historia ha sido preeminente en su región –en realidad, en todo el mundo que conocía– está pesando mucho en el Tercer Mundo en general y en Latinoamérica en particular, y ¿por qué?
                    Porque el espectacular crecimiento económico manteniendo una firme cohesión política y una gran potencia militar causan admiración y mucha influencia en Latinoamérica en general y en particular en la clase política e intelectual que observamos. Y esto deviene por el hecho de que las disputas tradicionales de esta región van paralelas con las dificultades generales del “Tercer Mundo”, las cuales se derivan, entre otros factores, de un proceso incompleto de construcción del Estado  y de manejo de los conflictos internos en momentos que se está asistiendo a una disminución en la destinación específica (y posiblemente en la magnitud) de los auxilios por parte del “Primer Mundo”.
                    China aparece, pues, como un modelo para “salir del pozo tirándose de los propios cabellos” y como “un hermano mayor” que daría apoyo cuando se siente marginalización del flujo de ayuda para el desarrollo expresada en un momento en el que, dada la amplia tendencia de la superpotencia dominante a retirarse de sus compromisos económicos y  militares en los países tercermundistas –excepto en aquellos, como el Medio Oriente, en que considere afectados sus intereses vitales– es obvio que el tratamiento de la mayoría de los conflictos regionales que los afectan parece serle menos urgente. A esto se suma que, hoy por hoy, ya no existe la posibilidad de enfrentar al Este con el Oeste, y los Estados subdesarrollados más pobres luchan, consiguientemente, por saber cómo maniobrar dada su insignificancia política ante los grandes. Algunas de las naciones tercermundistas más ricas tratan desesperadamente de adquirir una más amplia cantidad de instrumentos de Poder. Pero, en general, enfrentadas a la realidad de inestabilidad local permanente, los Estados en desarrollo no pueden conseguir fácilmente apoyos externos. Habiendo disminuido o desaparecido la importancia de la competencia por el patrocinio de las superpotencias, la mayor parte de estas naciones tiene que confiar en su propia fuerza para tratar de alcanzar o mantener la identidad y la unidad nacionales. Y es aquí que la diplomacia de China juega con ventaja para su influencia en los sectores políticos y militares de esos países, pues demuestra el interés de una Superpotencia emergente en el destino de su desarrollo histórico.
                    Así, Políticos e Ideólogos importantes de América Latina hablan con entusiasmo del gran progreso chino, de los nuevos valores ideológicos aptos para un “Tercer Mundo” que se debate entre un Neoliberalismo hambreador  que ha exacerbado sus contradicciones y diferencias sociales, y la pérdida de la fe en la “Revolución Socialista”  cuyo mito se ha derrumbado con la Unión Soviética. China ofrece el modelo de la “Economía de Mercado Socialista” y el “Centralismo Político Democrático” que está abriendo surcos en la imaginación de muchos Dirigentes políticos, intelectuales y comunicadores sociales, pues China también rompió el frente de indiferencia, hostilidad y desconocimiento de la opinión pública con su apertura al exterior y con invitaciones que suscitan el entusiasmo de aquellos.
                    El ascenso de Deng Xiaoping como el Dirigente más poderoso y su cruzada de modernización son dos de los acontecimientos políticos más relevantes en los dos últimos decenios del siglo XX en China. Poco después de ser rehabilitado como Vice-Presidente del Partido, Vice-Premier y Jefe del Estado Mayor del Ejército Popular de Liberación (EPL), en Julio de 1977, Deng lanzó una serie de ofensivas políticas para impugnar la primacía del Presidente del Partido Comunista Chino Hua Guofeng, quien perpetró anteriormente un Golpe de Estado y heredó el “manto” de Mao Zedong en Octubre de 1976. En Diciembre de 1978, Deng y sus aliados ya habían logrado neutralizar la influencia de Hua y se posesionaron del control de los Consejos encargados de elaborar las políticas, aunque permitieron que Hua conservara el título de Presidente del PCCh hasta Junio de 1981.
                    A fin de reafirmar su control y consolidar el apoyo para sus programas de modernización, Deng ha emprendido reformas durante los últimos 10 años de la década del ’80 y hasta su muerte en 1997, ideando medidas audaces encaminadas a volver más expedito el crecimiento económico. Para facilitar esas tareas, Deng ha luchado por desalojar de los Cargos Gubernamentales clave a los Maoístas restantes, así como a los funcionarios que se oponían a sus programas; y ha obligado a otros muchos cuadros viejos o ineptos a que se retirasen.
                    Por añadidura, con el objeto de garantizar la estabilidad del Gobierno y la continuidad de las políticas, Deng ha preparado a funcionarios más jóvenes y de mentalidad afín a la suya como posibles líderes del futuro. En Septiembre de 1980, cuando Hua fue obligado a dimitir de su cargo de Premier, Deng designó para ese puesto a Zhao Ziyang, un talentoso Dirigente que se había distinguido como reformador en Sichuan. Pocos meses después, Deng escogió a su protegido Hu Yaobang para que sustituyera a Hua Guofeng en calidad de Presidente del Partido.
                    Deng podía haber reservado esos puestos para él mismo, pero no tenía necesidad de hacerlo: ya era entonces el Líder más prominente y poderoso de China. Desde Diciembre de 1978, él ha sido el principal arquitecto de la “Reforma” y la “Política de Puertas Abiertas” de China, además del primer motor de la política exterior de su país. El 12º Congreso del PCCh, celebrado en Septiembre de 1982 –que Deng comparó con el 7º Congreso (de 1945), donde se legitimó de manera oficial la categoría de Mao como Mandatario– respaldó formalmente los lineamientos de la política “Dengista” y otorgó su impronta aprobatoria al Gobierno de Deng. Obviamente, Deng no poseía el mismo tipo de gran autoridad personal y enorme poder político que Mao solía ejercer. El finado Presidente gobernó en forma muy similar a la de un Emperador, mientras que Deng era solamente “el primero entre iguales” y ha tenido que compartir el papel de liderazgo con cierto número de “Estadistas de alto rango” dentro del Partido. Más aún, la mayoría de los Dirigentes chinos vivieron y padecieron el Gobierno autocrático y la Dictadura personal de Mao, por lo cual jamás hubiesen permitido que Deng lo sucediera como el último Emperador de China, aún cuando él lo intentara. De hecho, la propia estructura del Gobierno después de Mao ha experimentado cambios de largo alcance: ha dejado de ser una Autocracia y se ha desarrollado como una mezcla compleja de Oligarquía y Gerontocracia, combinando los elementos del Gobierno colegiado y la fragmentación del liderazgo.
                    Las Reformas comenzaron en el Tercer Pleno del 11º Congreso del Partido, en Diciembre de 1978, durante el cual se restituyó el control del sector agrícola a las familias, bajo un convenio de arrendamiento. Estas políticas se tradujeron en un impresionante incremento de la productividad agrícola. El centro local de la Reforma se desplazó hacia el sector industrial urbano en el Tercer Pleno del 21º Congreso, realizado en Octubre de 1984. A pesar de que las Reformas Urbanas estimularon también un rápido crecimiento económico, las opiniones del Liderazgo se dividieron entre quienes presionaban porque la reforma de la propiedad se impusiera (lo que provocó serias reservas ideológicas) y los que proponían una mayor mercantilización. Este último fue el derrotero elegido en la primavera de 1988, cuando Zhao Ziyang emprendió la reforma de los precios al por menor, con el respaldo de Deng Xiaoping. Sin embargo, esta reforma desencadenó un episodio de inflación sin precedente (según cifras oficiales de 1988, fue de 18,5%), que se tradujo en aglomeraciones en los Bancos, acumulación de productos básicos y pánico financiero en general. La retirada, después del intento de reformar los precios colocó al Liderazgo en un predicamento en lo referente a cómo y dónde podría aplicar en lo sucesivo la reforma económica. De todos modos, desde 1977 el régimen de Deng ha tratado de socavar la ideología maoísta con miras a propiciar una mayor libertad para la experimentación pragmática aunque en Enero de 1987 el Partido lanzó una campaña para combatir la “liberalización burguesa”, la cual se definía oficialmente como “una idea que niega el Sistema Socialista y se pronuncia a favor del Capitalismo” (Editorial del periódico oficial Renmin Ribao del 6 de Enero de 1987). Y al final de Marzo, el Secretario General Interino del Partido y Premier Zhao Ziyang presentó un informe del Gobierno ante la Asamblea del Congreso Popular Nacional; su mensaje reflejó la ambigüedad que todavía imperaba en el escenario político de entonces. Zhao se apartó de su estilo habitual a fin de reiterar ante el público, dentro y fuera de China, que las reformas económicas, las políticas de apertura al mundo exterior y las tendientes a robustecer la economía por medio de las fuerzas del mercado, además de otras medidas prácticas, se mantendrían sin cambio alguno. En forma específica, hizo un llamado a que se siguiese reformando el sistema de Administración Empresarial, así como el del Trabajo y los Salarios. Pero al mismo tiempo, Zhao tuvo palabras severas para los “exponentes de la liberalización burguesa” que, según dijo, “están tratando de apartarse de la dirección del Partido Comunista y pretenden negar el sistema a favor del Capitalismo”; además, dio gran énfasis al sostenimiento de los “cuatro principios cardinales”, a los cuales describió como “la tarea central en la esfera político-ideológica”. Para eliminar las influencias ideológicas perniciosas, reafirmó también que debían existir controles ideológicos estrictos sobre los medios de comunicación masiva, las escuelas y las publicaciones (Beijing Review: pp. XII-XIII, 16 de Abril, 1987). Pero aclaró enfáticamente que la lucha contra la “liberalización burguesa” debía concretarse a resolver los “problemas de la orientación y los principios básicos”, y que no debía ocuparse de “las directrices de la reforma económica, la política rural, la investigación científica y tecnológica, la búsqueda de técnicas literarias y artísticas, o la vida diaria de la gente”, ni debía instrumentarse en áreas rurales (Ibídem). Así pues, Zhao tenía que realizar un acto de equilibrismo político para tratar de yuxtaponer el apego a los “Cuatro Principios Cardinales” y, al mismo tiempo, favorecer la Reforma y la “Política de Puertas Abiertas”. Y se habrá sentido desilusionado de que el Comité Permanente del Congreso Popular Nacional no haya conseguido aprobar entonces ni el Proyecto de Ley Empresarial, que habría de regular la conversión de Empresas de Propiedad Estatal en Corporaciones de Acciones Conjuntas, ni la tan debatida Ley sobre la Bancarrota. Aún así, Zhao defendió también el sistema de responsabilidad individual en el campo y otras medidas de reforma, refutando punto por punto los argumentos de los críticos y apostrofó a los ideólogos “ortodoxos” porque “son demasiado rígidos y dogmáticos, y porque han aherrojado a las fuerzas productivas de China” (Editoriales del Renmin Ribao del 17 y 22 de Mayo de 1987).
                    Pasemos ahora a analizar profundamente la Reforma China. Cuando en 1949 se fundó, la República Popular China debió afrontar una desmoronada situación: la agricultura había decaído, la producción cerealera apenas era de 113,18 millones de toneladas y la de algodón 444.000 ton; la industria estaba deprimida, sus bases débiles y la técnica atrasada con una producción mediocre; las comunicaciones estaban obstruidas, de los 21.800 km existentes casi la mitad era inservible; el alza de los precios era vertiginosa, el pueblo vegetaba en medio del hambre y la miseria, más de 4.000.000 de desocupados en la ciudad. A partir de tales bases, el pueblo chino dio pasos adelante. Luego de ardua lucha de más de 60 años llegó a la potencia que es hoy gracias al cumplimiento estricto de sus Planes Quinquenales.
                    El desarrollo económico de la nueva China ha pasado por cuatro períodos: El Primero, de 1949 a 1956, básicamente de Reforma Socialista; el Segundo, de 1957 a 1966, Construcción Socialista en todos los aspectos; el Tercero, de Mayo de 1966 a Octubre de 1976, “Revolución Cultural” en que la construcción económica fue seriamente afectada; el Cuarto, en Octubre de 1976, cuando se terminó la “Revolución Cultural”, la Construcción Económica vio un nuevo ascenso. Especialmente con la ejecución de la Política de Reforma y Apertura: el Producto Nacional Bruto (PNB) aumentó con un promedio anual del 9%, el de la Agricultura, 6%, y el de la Industria, el 13,2%. Para principios de la década del ’90 el PNB de China figuraba entre los primeros diez del mundo y aunque su economía tenía ya un desarrollo muy grande aún distaba mucho de los Países avanzados debido a su población numerosa y bases débiles. Según la meta estratégica del Gobierno de entonces, la modernización económica se debía dar en tres pasos: Primero, sobre la base de 1980, duplicar el PNB, resolver el problema de la comida y el vestuario para el pueblo. Segundo, conforme a lo definido por el XIV Congreso Nacional del Partido Comunista Chino, celebrado en 1992, la economía nacional se debía incrementar a un ritmo del 8% al 9% anual, sobrepasando la demanda originalmente planteada, es decir, cuadruplicar el PNB respecto a 1980 y posibilitar al pueblo una vida modestamente cómoda para fines del siglo XX. Tercero, para la primera década del siglo XXI, realizar en lo fundamental la modernización y elevar el PNB per cápita al nivel de los países medianamente desarrollados. Para entonces, el pueblo podría gozar de una vida relativamente rica. Estas metas fueron alcanzadas totalmente en los plazos previstos y China aceleró su paso en la Reforma y Apertura trabajando con ahínco para continuar creciendo.
                    Ahondando en la Reforma de la estructura económica, podemos decir que durante largo tiempo, pasada la década de 1950, China aplicó el sistema de Economía Planificada que desempeñó un papel positivo al concentrar los recursos financieros y materiales de todo el país y las fuerzas técnicas para realizar la construcción de obras primordiales, distribuir de manera racional los recursos naturales, modificar la distribución geográfica, establecer bases preliminares para la industrialización y promover la economía nacional y el desarrollo social. Pero con la ampliación incesante de la escala de desarrollo económico y la composición económica cada vez más complicada, se revelaron la fallas de ese sistema económico; en la propiedad, se elevó unilateralmente el sector público, lo que no se adaptaba al desarrollo de las fuerzas productivas en la etapa preliminar del Socialismo; las responsabilidades Gubernamental y Empresarial estaban mezcladas, el Gobierno intervenía demasiado en las Empresas Estatales, y éstas no tenían su debida autonomía; se había subrayado la regulación por los planes y menospreciado el papel de las leyes del valor y los mercados; se adoptaban demasiado los medios administrativos para gobernar la economía y se menospreciaba el empleo indirecto y regulador de los medios de la palanca económica y sus leyes, etc. Para la distribución se empleaba el método del igualitarismo y, fuese buena o mala la administración de la Empresa, pocos o bajos sus ingresos, los trabajadores percibían remuneraciones nada diferenciales. Esto era “comer todos por igual de la misma olla”. De esa manera se obstruía el desarrollo de las fuerzas sociales de producción. Por lo tanto, se hacía necesario realizar planificada y metódicamente una reforma de la estructura económica.
                    A partir de 1979, China ha reformado su sistema económico. Ante todo, en las zonas rurales se pusieron en práctica diversas formas del sistema de responsabilidad por contrato basado en la familia y con ingresos en función del rendimiento; se suprimieron poco a poco las adquisiciones unificadas y asignadas de los productos agrícolas y de ocupaciones secundarias liberando la mayoría de los precios de esos productos; se reajustó la estructura de la producción, se hizo desarrollar la economía en el campo hacia la especialización, comercialización y socialización; se fomentaron con gran energía las empresas de cantones y poblados liberando la mano de obra excedente de la tierra. En 1984 se inició la Reforma de la Estructura Económica tomando las Ciudades como centro. Los contenidos principales de esta reforma se pueden sintetizar así:
1.    Regular la estructura de la propiedad y promover el
desarrollo de una economía diversificada bajo la premisa de tener como cuerpo principal la propiedad pública. En el valor global de producción industrial, entre 1979 y 1992, el de la “propiedad de todo el pueblo” había bajado del 78,5% al 48,1%, las industrias propias de la colectividad subieron del 21,5% al 38%, y las Empresas de propiedad individual, privada y de inversión foránea ocupaban el 13,9%.
                   2. Ampliar la autonomía de gestión de las Empresas   Estatales y aumentar su dinámica. Las Empresas, bajo la premisa de que respeten las normas y leyes respectivas del Estado, gozaron de considerable autonomía para su funcionamiento en referencia a los planes de producción, compra y venta de productos, precios de los productos, utilización de fondos de su propia reserva, tratamiento de pertenencias, trabajo y personal, salario, bonificaciones, cooperación económica etc. Al mismo tiempo, en las Empresas Estatales se ejecutó (y se ejecuta) el sistema de responsabilidad por la administración contratada y de manera activa se aplican las alianzas colaterales inter-empresariales,  se organizan “Grupos de Empresas” y se experimenta en puntos seleccionados el sistema de acciones. (Es lo que el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz llama “Corporatización” de la Empresas Estatales).        
                    3. Realizar la reforma de los precios y preparar el sistema de mercados. Con la aplicación de la Reforma de los Precios, el mecanismo de mercados desempeña paso a paso el papel dirigente en la formación del precio. En 1992, en la suma total de adquisición de los productos agrícolas y de ocupaciones secundarias, aquellos cuyo precio era fijado por el mercado ocuparon el 85%, en las ventas al por menor de bienes industriales de consumo el 90% y en los medios de producción en el momento de salir de la fábrica el 70%.                                                              
                    4. Con la reforma de la estructura de la planificación y recursos fiscales y finanzas, se mejoró paulatinamente la administración macroeconómica. En el aspecto de Plan se redujo el marco de la administración directa del Plan y se reforzó el papel de la regulación por Mercados. En la regulación y control del plan se redujeron los medios administrativos y se reforzaron los medios económicos y jurídicos. En la fiscalía, el ingreso y gasto unificados por las autoridades centrales fueron reemplazados por otro sistema consistente en “comer de ollas separadas”, aplicándose el método de Contrato para con las diferentes localidades. Se cambió el sistema presupuestario del Estado, pasando del presupuesto único al de partida doble. En las Finanzas, el Banco Popular de China, que cumple particularmente las funciones del Banco Central, instaló Bancos especiales para desempeñar las funciones bancarias, y estableció organismos financieros no bancarios.
               5.   Según las prácticas internacionales y la situación de China, se reformó el sistema de Comercio Exterior. Se abolieron las subvenciones a las exportaciones y los impuestos reguladores de las importaciones, se redujeron en gran medida las mercancías administrativas por la licencia, se abolió el Plan Directriz para importación y exportación, bajaron paso a paso los impuestos aduaneros y se crearon las condiciones favorables para que las mercancías extranjeras entrasen al país.        
                    6. Reformar el sistema de distribución social, realizar diversas formas de distribución, tomando como eje la premisa de “a cada uno según su trabajo”. En los organismos e instituciones del Estado se aplicó la estructuración de los salarios, tomando como lo principal el salario de función; en las empresas se aplicaron ampliamente métodos según los cuales el salario suma la eficiencia y beneficio económicos, y el ingreso personal de cada trabajador reúne la contribución personal. Además, “a cada uno según su trabajo” reconoce otros ingresos. Se fomenta, bajo el “motivo de acomodado conjunto”, la conquista de comodidad de una parte de personas primero a través de trabajos honrados y gestión legítima. Al mismo tiempo se ejecuta la reforma del sistema de garantías sociales teniendo como puntos importantes los Seguros de aspiración a empleo y de ancianidad.       
                    Meta de la Reforma de la Estructura Económica: El XIV Congreso Nacional del PCCh, en Octubre de 1992, planteó como meta a alcanzar en la reforma de la estructura económica el establecimiento de la estructura de una Economía de Mercado Socialista. La moción sobre la modificación de la Constitución, aprobada en Marzo de 1993 en la I Sesión de la VIII Asamblea Popular Nacional, insertó en la Constitución “el Estado practica una Economía de Mercado Socialista”.
                    En torno a la fundación de la Estructura Económica de Mercado Socialista, la reforma China constaba de las siguientes tareas:
                    Primero. Transformar lo más pronto posible el mecanismo de gestión de las Empresas Estatales”. A través de la canalización de la relación entre los Derechos y la producción, se aplicará la separación de los Poderes Gubernamentales y los de las Empresas, para poner en práctica los derechos autonómicos de éstas, posibilitándoles convertirse en Personas Jurídicas de contingencia real, que tienen autonomía en la gestión, son responsables de sus ganancias y pérdidas, se desarrollan y condicionan a sí mismas, y en cuerpo principal de la competencia en el mercado, y asumir la responsabilidad de asegurar e incrementar el capital estatal.
                    Segundo. “Preparar lo más pronto posible el Sistema de Mercados”.... Formar el sistema de mercados abierto y unificado en todo el país.
                    Tercero. Prestar atención a la Reforma de los Precios. Bajo las premisas de mantener fundamentalmente estables los precios al por menor de los mercados, continuar ampliando el marco de los precios regulados por el mercado.
                    Cuarto. Profundizar la Reforma del Sistema de Salario, Trabajo y Seguro Social”. Realizar paso a paso la utilización libre de personal por parte de la Empresa y elección de profesión personal, establecer el sistema de salarios que corresponda al carácter de las empresas, instituciones y órganos y un mecanismo de incremento del salario normal; establecer y mejorar el sistema de Seguro Social, como de “espera de trabajo”, mantenimiento de los ancianos, tratamientos médicos etc., reformar el sistema de viviendas, realizar la “mercantilización” de las viviendas urbanas y de poblados.
                    Quinto. Acelerar los cambios en las funciones del Gobierno”. Separar las Funciones Administrativas de Las Empresas; la función del Gobierno radicará principalmente en la unificación y planificación, la política, la orientación por la información, la organización y coordinación, el préstamo de servicios y el ejercicio de control y supervisión (el “Estado Regulador”). Perfeccionar la estructura y métodos de administración macroeconómica y científica.
                    Sexto.Ampliar aún más la apertura al Exterior”. Ensanchar el radio de la apertura al Exterior y formar una configuración de apertura a muchos niveles, canales y multidireccional; tomar formas más flexibles para continuar mejorando el ambiente de las inversiones y aprovechar más y mejor fondos financieros externos, las técnicas y las experiencias en la administración extranjera, y asegurar los derechos e intereses legítimos de los foráneos por su inversión; buscar más Mercados Internacionales, fomentar el pluralismo del comercio exterior y desarrollar la economía orientada hacia el Exterior.
                    Dando nuevos pasos que profundizaron la Reforma y ampliaron la apertura al interior y exterior, se inyectó, sin duda, más vitalidad al desarrollo económico de China en la primera década del siglo XXI, impulsándolo hacia una altura nueva que estamos presenciando.
                    Ahora, ¿cómo se implementaron las tareas que exigía la meta de la Reforma china?: a) Configuración de la apertura al exterior: Para responder a las necesidades del desarrollo económico, la reforma y apertura, a partir de 1980 se establecieron cuatro zonas económicas especiales. En 1984, se abrieron al exterior 14 ciudades costeras; de 1988 a hoy, la apertura exterior de China avanzó a grandes pasos por las fronteras, ríos y las zonas interiores. Primero se decidió convertir la isla Hainan en la zona económica especial más grande y ampliar las cuatro existentes. Luego, el Consejo de Estado decidió ampliar y abrir las zonas litorales formando una cinta económica abierta, conformadas por siete zonas económicas abiertas. En Junio de 1990 el Gobierno Chino decidió explotar y abrir la nueva zona de Pudong, en Shanghai, y un grupo de ciudades a orillas del río Changliang, formándose una cinta de apertura en la cuenca de este río con la nueva zona de Pudong como “cabeza de dragón”. De Marzo a Julio de 1992, el Consejo de Estado decidió sucesivamente abrir 13 ciudades, distritos y poblados de las fronteras, y abrir todas las Capitales de Provincia y Región Autónoma del interior, y en las principales ciudades portuarias litorales estableció 13 zonas libres de derechos aduaneros, y en las regiones abiertas litorales estableció 20 zonas de desarrollo económico y técnico.
                    b) Zonas económicas especiales: su fundación ha sido una decisión importante del Gobierno. Las “zonas económicas especiales”, como “ventanas” de la apertura al exterior, desempeñaron el papel de la prueba, búsqueda de caminos y fomento para la Reforma y apertura de todo el país. Las cinco zonas económicas especiales están situadas en el sureste. En 1992 el Consejo de Estado aprobó el establecimiento de la zona de explotación de Yangpu en el noroeste de Hainan, donde se aplicaron políticas económicas similares a los “puertos francos” extranjeros. En esas zonas se aplican políticas y administraciones especiales; tienen un alto grado de apertura. En cuanto a impuestos, otorgan trato preferencial a los inversionistas externos, más que en las zonas del interior, los trámites para la entrada y salida de los mismos son más sencillos. El Estado concede a estas zonas mayores atribuciones en la administración económica.
                    c) Nueva zona de Pudong y franja abierta a lo largo del río Changjiang: está en el Municipio de Shanghai y cubre una superficie de 350 km2.; el establecimiento de esta nueva zona tuvo por objeto aprovechar las ventajas de la base económica, el personal capacitado y el territorio de Shanghai, para abrir aún más las ciudades aledañas y convertir esta metrópoli, a corto plazo, en uno de los centros internacionales de la economía, la banca y el comercio. Allí, el Gobierno ofreció políticas de más trato preferencial a los particulares exteriores que en las zonas económicas especiales, pues, además de la reducción y exención de impuestos aduaneros, industriales, comerciales, sobre la renta y las licencias de importación y exportación como en las zonas de explotación económica y tecnológica, permitía de manera especial a los inversionistas externos desarrollar el sector terciario como, por ejemplo, establecer entidades financieras, almacenes y supermercados, y permitió y estimuló a Shanghai establecer bolsas de valores y emitir títulos de acciones. Es lugar importante hoy día para la economía de China y cuenta con la fuerza potencial más grande para su desarrollo; proporciona la mejor oportunidad y grandes mercados para las inversiones extranjeras.
                    d) Zonas libres de Derechos Aduaneros: Su establecimiento fue otra medida importante del Gobierno Chino para ampliar la apertura y asimilar fondos externos. Son pequeños lugares con instalaciones aisladoras. Semejantes a las zonas de comercio libre y puertos francos de otros países, son administradas por la Aduana y en ellas se aplican políticas especiales para los aranceles aduaneros, se ejecutan medios administrativos particulares, se elaboran mercancías para la exportación y se realizan operaciones comerciales con el exterior
                    e) Ciudades abiertas y zonas económicas abiertas costeras: Su objetivo era convertir estas zonas en comarcas ricas, abiertas y modernas, de intercambio interior y exterior de la integración de los Obreros y Campesinos y de la infiltración de las ciudades y campos. Para fin de esta primera década del siglo XXI ya se ha logrado plenamente.
                    f) La Reforma de la Agricultura: China es un antiguo país agrícola que hizo, en los anales de su historia, brillantes éxitos. No obstante, por largo tiempo, la producción se vio muy atrasada debido a las ataduras del sistema Feudal. Entre 1950 y 1953, el Gobierno Chino efectuó la Reforma Agraria y numerosos campesinos sin tierra o con poca la obtuvieron, con lo cual se desplegó el entusiasmo de los campesinos y la producción agrícola se fue desarrollando de modo estable. En 1958, se practicó el sistema de Comuna Popular, con lo cual se organizaron los campesinos dispersos y con poco nivel productivo, formándose un sistema orgánico de los campos compuesto por los equipos de producción, las brigadas de producción, y las comunas populares. Los medios de producción agrícola, tierra, etc., fueron administrados por esta organización colectiva, que dio una forma unificada a la producción; los campesinos participaban en trabajo colectivo y los resultados laborales se distribuían entre los miembros de la colectividad. Los resultados de esta experiencia fueron notorios: Primero, la agricultura acumuló grandes sumas para la industrialización. Segundo, la economía agrícola tuvo bastante desarrollo. Tercero, la construcción básica en este aspecto se desarrolló mucho. Cuarto, se elevó el nivel de las instalaciones materiales y técnicas.
                    Pero debido a los defectos en el sistema de las Comunas Populares y la falta de experiencia, hubo zigzags en el avance. El desarrollo de la producción agrícola se estancó, obstruyendo gravemente el desarrollo de toda la economía nacional. La razón estaba en que las relaciones de producción no coincidían con el desarrollo de las fuerzas productivas, el entusiasmo de los campesinos no había sido desplegado a cabalidad y los alimentos y el vestuario seguían siendo un problema perturbador. Por lo tanto, desde fines de 1978, el Gobierno reguló con carácter de Reforma la política y la estructura económica rural y elaboró una serie de orientaciones y políticas. Entre otras, la política más importante fue la de aplicar el sistema de responsabilidad por contrato basado en la familia y con ingresos en función del rendimiento. Bajo la premisa de tener la tierra como propiedad colectiva del original equipo de producción, se distribuyeron las tierras y empresas colectivas a las familias e individuos campesinos para su gestión. Los beneficios agrícolas, a excepción de las retenciones colectivas (fondos de bienestar y acumulación públicos y fondos administrativos) y los fondos reunidos sociales unificados, correspondían a los contratistas; los beneficios rendidos por las Empresas Colectivas contratadas se distribuían entre los Contratistas y la Colectividad basándose en acuerdos firmados.
                    Al mismo tiempo la estructura de la Comuna original se fue transformando poco a poco y las Organizaciones Políticas y Económicas se separaron. Sobre la base de la “Comuna Popular”, se fundó el “Gobierno de Cantón”, se establecieron aparte organizaciones económicas responsables de la administración y gestión de las Empresas de la Comuna Popular original. Estas medidas importantes para reformar la estructura del agro, liberaron su economía de muchas restricciones. Desde entonces los campesinos se podían ocupar en diferentes trabajos además de la agricultura. De esta manera se ha estimulado su entusiasmo en desarrollar diversas actividades, con lo cual en la imagen rural han ocurrido grandes transformaciones.
                    Desde 1979 se ha visto desarrollar con prosperidad Empresas de Poblado y Cantón, que se han convertido en una importante fuerza de la economía nacional y pilar de la economía rural. Un poco más de 10 años después el valor de producción industrial de estas empresas ocupaba más del tercio del total nacional de las industrias, y dos tercios del valor de producción social de las áreas rurales provenía de las Empresas de Cantón y Poblado. Para adaptarse al desarrollo vigoroso de las Empresas de Poblado y Cantón, los Departamentos Gubernamentales correspondientes elaboraron “el Plan Chispa”, con el fin de movilizar al personal técnico-científico a ofrecer sus conocimientos avanzados al campo. A partir de su ejecución en 1985 este Plan ha alcanzado el éxito notable al elevar el nivel técnico agrícola y preparar personal capacitado. Entre las Empresas de Poblado y Cantón están Colectivas, Asociadas campesinas, Privadas y también Mixtas con participación externa, siendo lo principal las colectivas.
                    Con estas medidas de reforma la economía empezó a convertirse en una de tipo industrial. La proporción de la mano de obra rural dedicada a actividades no agrícolas se elevó del 9,2% en 1978 al 22,6% en 1992. También se enriqueció poco a poco el abastecimiento de materiales. Se equilibraron la oferta y la demanda, en el ámbito nacional, de los principales artículos agrícolas. Los campesinos se han liberado básicamente de la forma de autoabastecerse en sus actividades de producción y comenzaron a dedicarse a la producción de carácter comercial y algunos productos han entrado en los mercados internacionales. Hoy la agricultura china ya está en una etapa caracterizada por el elevado rendimiento, excelente calidad y alta eficacia: mejoran las instalaciones y técnicas agrícolas, los Servicios Socializados llegan a formar una gran red que entrelaza arriba abajo y combina las Organizaciones especiales y de las masas.
                    g) Desarrollo de la industria: Antes de 1949 China tenía una base industrial muy débil e importaba la mayoría de los productos al respecto, incluso querosén y tachuelas. Hoy, no sólo es capaz de hacer artículos de consumo incluidos electrodomésticos, sino también aviones, barcos, autos y modernas instalaciones industriales así como centrales nucleares, y ha establecido un sistema industrial independiente que cuenta con buen nivel técnico y gamas completas, con un crecimiento promedio del 13,2% anual.
                    Mientras la producción se desarrolla rauda, la estructura experimenta cambios fundamentales. La relación entre las industrias ligera y pesada en el valor global industrial pasó de 73,6:26,4 del año 1949 a 47,2:52,8 en 1992; asimismo, el peso específico de su valor global dentro del valor global social subió del 25,2% al 66,3%.
                    La distribución geográfica de las industrias se está haciendo razonable: antes de 1949 más del 70% de la industria se concentraba en el litoral, mientras que en las inmensas regiones del interior, y en particular, en las de minorías nacionales y fronterizas, casi no existía la industria moderna. Para modificar esta situación, durante los últimos seis decenios, más de la mitad de las inversiones Estatales para la construcción básica se ha destinado a estas últimas regiones, por la cual la industria en ellas se ha venido desarrollando. Así, Xinjiang y Mongolia Interior se han convertido en bases de las industrias siderúrgica, textil y de energéticos.
                    La potencia real de la industria se reforzó de manera evidente. Desde los principios de los años ’50 hasta comienzos de los ’70, China construyó un enorme grupo de empresas vertebrales siderúrgicas, petroleras, químicas, de maquinaria, de la industria ligera, textiles, con lo cual sentó las bases materiales y técnicas para su industrialización. Pasada la década de los ’80 construyó muchas más y entró en producción un enorme grupo de avanzadas empresas industriales, grandes y medianas que dan energía al desarrollo de la economía nacional. Entre otras, se destacan la Corporación Siderúrgica de Baoshan, en Shanghai, las plantas de poliésteres de Daqing, Yangzi, Shanghai, Qilu y Yanshan; las centrales hidroeléctricas de Longiangxia, Yantan y Gezhouba y la Central Termonuclear de Qinshan, etc. El Estado efectuó una gran inversión en las viejas empresas para innovar sus instalaciones e importar técnicas avanzadas. De esta manera se elevaron la tecnología y la calidad de los productos de estas empresas. El desarrollo de la electrónica desempeñó (y desempeña) un gran papel en el fomento de la transformación de las industrias tradicionales y la elevación del poderío nacional integral.
                    En comparación con los Países avanzados, el nivel general de la industria china no era muy elevado a comienzos de la última década del siglo XX. Pero según el Programa Decenal (1991-2000) y el VIII Plan Quinquenal (1991-1995) de Economía Nacional y Desarrollo Social, ratificados por la IV Sesión de la VII Asamblea Popular Nacional, en Abril de 1991: “para finales de este siglo, la técnica productiva y el nivel administrativo de la industria china se elevarán grandemente, y podrá llegar a los avanzados niveles internacionales, con lo cual se acortará la distancia con los países adelantados” (sic). Para éste año 2014 China no sólo a acortado la distancia sino que ha alcanzado y aún superado a dichos países con excepción de los EE.UU.
                    h) Alta tecnología: La industria de alta tecnología es un sector recién establecido en el curso de la Reforma y Apertura, desempeña enorme papel impulsador para reforzar el poderío nacional integral, acelerar la transformación y ascenso de la producción tradicional. El “Plan Antorcha”, aprobado por el Consejo de Estado, fue una medida importante para fomentar el desarrollo de la alta tecnología. Este plan tuvo por objeto poner en juego las ventajas de las ciencias y la tecnología, promover la comercialización de las conquistas en los estudios de técnicas nuevas y superiores y de los productos de alta tecnología y de la internacionalización de este sector.
                    Para estimular el desarrollo de alta tecnología, el Gobierno de China ha elaborado correspondientes programas para mediano y largo plazo, políticas y reglamentos favorables, organiza su ejecución, realiza reformas complementarias, establece mecanismos operativos y administrativos armónicos con el desarrollo, abre diversos canales para reunir fondos. La más importante medida es la construcción de zonas de explotación de altas y nuevas tecnologías en las ciudades grandes, medianas y abiertas al exterior, que poseen intensa concentración de personal capacitado y tecnologías y buen ambiente de recursos. En la década del ’90, ya funcionaban 52 zonas semejantes, a nivel nacional, ratificadas por el Consejo de Estado. Ellas se han convertido en bases importantes para impulsar el desarrollo de alta tecnología.
                    De acuerdo con sus recursos y características, estas zonas elaboran una serie de políticas preferenciales, mejoran el ambiente para las inversiones, y establecen sistema de servicio socializado para corresponder al desarrollo moderno; estimulan y atraen el establecimiento de entidades de investigación científica, centros de enseñanza superior, empresas, científicos, tecnólogos y chinos en ultramar, para que según los mecanismos de administración extraoficial, a modo de inversiones mixtas con capital chino y exterior o exclusivamente del exterior creen Empresas de alta tecnología. Las Empresas de Zonas de Desarrollo de Altas y Nuevas Tecnologías gozan de tratos preferenciales en la reducción o exención de impuestos”: ellas no necesitan solicitar las Licencias para importar materiales y repuestos destinados a la fabricación de productos exportables, tampoco pagan Impuestos de Importación dentro de los primeros cinco años por los equipos y aparatos que no se fabrican en China; además, gozan de la política de trato preferencial en la fijación de los precios, solicitud de préstamos y movimiento de personal. En lo referente a fondos, el Gobierno proporciona una reducida cantidad como guía, se adopta como lo principal la consecución de préstamos Bancarios y la reunión propia de la Empresa, se sustenta el desarrollo de los productos de alta tecnología y sus empresas que tengan perspectivas en cuanto a mercado. Así, China, con el establecimiento y desarrollo de los nuevos mecanismos de mercado, el cambio de las funciones gubernamentales, el fortalecimiento en la vitalidad de la administración y regulación de la estructura económica, ofrece excelentes oportunidades para desarrollar con gran eficacia la alta tecnología. Para el año 2013, el valor de producción de nuevas y elevadas tecnologías era más del 10% del valor global nacional de producción industrial.
              i)Industria aeronáutica y aeroespacial: En China  esta  rama industrial se inició durante los años’50, y hoy fabrica, con gran profusión, aviones militares y civiles: cazas, bombarderos, de reconocimiento, de pasajeros, de carga, y helicópteros. Los productos chinos de aeronavegación entran al mercado internacional a partir de 1979. En la actualidad se exportan aviones civiles a más de 20 países y regiones, además de la producción contratada por las Compañías Boeing y McDonald-Douglas, de EE.UU., la Compañía de Aviación de Canadá, de Alemania, la Compañía Europea de Aerobuses y la Compañía Aeroespacial de Francia. El desarrollo de la industria aeroespacial china ha sido vigoroso y se encuentra entre las más avanzadas del mundo, como la recuperación de satélites, el empleo de un cohete para varios satélites, la telemetría y el control remoto mediante satélites, los cohetes con combustible de alta potencia y baja temperatura, el lanzamiento de satélites para órbitas geoestacionarias y cohetes reforzados con gran potencia de impulsión, etc. (Los datos, principalmente estadísticos, fueron tomados de la obra de Qin Shi: “China”; Editorial “Nueva Estrella”; 1ª. Edición 1993, Última Edición actualizada 2013; Baiwanzhuang Nº 24; Beijing, República Popular China).

                    Vida del Pueblo:
                     1.- Empleo: La fuerza social trabajadora de China aumenta rápidamente. Para finales de los ‘90 estaba compuesta por cerca de 600.320.000 personas, la cual representaba un aumento de 2,3 veces con relación a las de 1949. Recién fundada la República Popular, el Gobierno adoptó muchas medidas para resolver el desempleo, problema heredado de la vieja China. Para 1957 se había resuelto la situación a cuatro millones de desempleados. Durante la “Revolución Cultural” –de 1966 a 1976– sobrevinieron los perjuicios en la educación, preparación y adiestramiento profesional; los jóvenes de las ciudades y poblados se vieron imposibilitados para continuar sus estudios o recibir la preparación adecuada, Durante buen tiempo, la colocación de los jóvenes instruidos se convirtió en un serio problema social que perturbaba a numerosos hogares. Después de 1979 el Gobierno abrió amplias vías para el empleo y adoptó el método coordinado de ofrecer las vacantes en el sector laboral y la búsqueda personal de trabajo. Para 1984 se había solucionado fundamentalmente el problema del empleo de 18 millones de jóvenes instruidos regresados a la ciudad que habían ido al campo durante la “Revolución Cultural”. Según estadísticas, la tasa de desempleo bajó del 13,2% en 1952, al 5,3% en 1978, y al 2,3% en 1992, llegando actualmente casi al pleno empleo.
                    Con el ascenso del nivel de industrialización y urbanización, en las zonas rurales se viene acelerando el traslado hacia las ramas no agrícolas. En 1978, más de 22.000.000 eran trabajadores no agrícolas; representaban el 7,3% de los trabajadores rurales. Cerca de cien millones de trabajadores en el campo en 1992 se dedicaban a sectores secundario o terciario, al comercio e industria individuales y privados, o trabajaban fuera de sus tierras natales. Por su considerable demografía, China encuentra enorme presión en materia de Empleo. Para solucionar ese problema, desde 1993, el Gobierno Chino adopta la “política del mercado de mano de obra” (similar a la “política activa de mercado de trabajo” de Suecia), tomando el Mercado como un medio básico de la distribución y colocación de la mano de obra; reajusta la estructura de los empleos, abre amplias vías para la colocación, mejora el sistema de Seguros Sociales, y el de “Seguros para los Aspirantes a Trabajo”. Así, de manera progresiva, se establece una nueva configuración en la cual “el Estado efectúa la Regulación general, se desarrollan de manera coordinada las ciudades y el campo, las Empresas e Individuos tienen autonomía para contratar y ser contratados, el Mercado reajusta la oferta y la demanda y la sociedad proporciona los servicios” (Op. cit.: p. 144).
                    2.- Salarios:  El sistema salarial de China se asienta en el principio básico: “de cada uno, según su capacidad; a cada uno, según su trabajo”. A comienzos de su fundación la República Popular aplicó paso a paso la reforma del irrazonable sistema salarial dejado por la vieja China, y para 1956 se había establecido fundamentalmente el nuevo sistema unificado de salarios. A partir de entonces, el Estado ha reajustado muchas veces el salario de los empleados y obreros; sobre todo, después de 1979 se restableció el sistema de pago a destajo y premios, se aplicó el subsidio por los precios de los alimentos secundarios y se incrementó en amplio margen el salario monetario para los obreros y empleados. En 1992 el salario monetario tuvo un aumento del 73,8% con relación al año 1978, un incremento de 4% en promedio anual, superando en gran magnitud al registrado entre 1952 y 1978, que fue del 0,4%. Las actuales modalidades para el pago de salarios son: por horas, a destajo, premios y diversos subsidios. Para superar el grave problema del igualitarismo y los factores irrazonables que existían en el sistema salarial, en 1985 el Gobierno decidió reformarlo y aplicar el sistema de salario estructural. Éste toma como lo principal el “Salario por Cargo” en los Organismos Estatales y las Agrupaciones Sociales, el “Sistema Salarial de Categoría” al respecto en los Departamentos de Ciencias, Educación, Cultura, Salubridad Pública y Deportes. La mayoría de las fábricas, minas y empresas industriales aplican el sistema salarial de ocho categorías. Muchas empresas adoptan el método del “volumen general de salario” que entra en relación con la rentabilidad económica: el salario de los obreros y empleados oscila según la buena o mala operación de la empresa y los aportes individuales. Se ha elevado la proporción de los premios y subsidios, al incluir los destinados a las labores en altas temperaturas, los servicios sanitarios, a campo traviesa, pozo de minerales, los subsidios a los alimentos secundarios encarecidos con el alza de los precios, los subsidios de residencia, y el especial destinado a los trabajadores científicos e investigadores por sus contribuciones. Según estadísticas, en el volumen global de los salarios de las “Entidades de propiedad de todo el pueblo”, se incrementó el pago a destajo del 0,8% en 1978 al 8,9% en 1992, los premios y los diversos tipos de subsidios y el sueldo al trabajo de horas extras aumentaron del 14,2% al 46,1% , en tanto que el salario por horas rebajó del 85% al 45%.
                    Como parte complementaria de la Reforma de la Estructura Económica, la “Reforma de la Estructura de las Garantías Sociales” sigue la orientación de socializar los bienestares sociales, incluso el objeto del servicio, la fuente de fondo monetario (a cargo del Estado, colectividad e individuo conjuntamente), la administración, las instalaciones de servicio y el contingente de servicio.
                    Todo lo expuesto en éste Artículo, configura, en apretada síntesis,  el perfil económico, social y político de la nación-continente que es ya la 2ª. potencia económica y militar del mundo y que, según los expertos, está destinada a ser, durante la tercera década de este siglo XXI, la primera potencia económica mundial.

               Fue acertado el presagio de Napoleón cuando dijo, en 1812: “Dejad que China duerma, cuando despierte el mundo temblará”.-

(Más informaciones y otros Artículos, en el Blog LA PÁGINA DE LOS INTELECTUALES: federiconarvaezarza.blogspot.com).-