martes, 26 de agosto de 2014

¿QUIÉN ES EL PTE. CARTES?

                           ¿QUIÉN ES EL PTE. CARTES?

                                        1.- EL  HOMBRE.

                                      Así como soy existo, y eso basta.
                                 Soy Walt Whitman, un cosmos,
                                 el hijo de mi patria:
                                 turbulento, fuerte y sensual;
                                 como, bebo y engendro,
                                 no soy sentimental.
                                 Ni por encima ni separado de nadie,
                                 ni orgulloso ni humilde.
                                 Respiro fuerte, pero aún dejo
                                 bastante aire para los demás.
                                 No soy orgulloso, 
                                 estoy en mi sitio simplemente…
                                 Y no torturo mi espíritu para defenderme
                                  ni para que me comprendan,
                                  yo sé que las leyes elementales
                                  no necesitan justificación…
                                 Soy un hombre de acción.

                                 Walt Whitman: “Canto de mí mismo”.
                                 …………………………………………..

        Horacio Cartes: éste hombre de recia personalidad y de carácter afable y sencillo, nació en 1.956 en el seno de una familia de clase media, donde aprendió los valores morales habituales de esa clase que habrían de darle una línea de conducta que no variaría durante el curso de su vida. Su infancia y juventud transcurrieron  normalmente, sin incidentes notables que relatar como algo especial en esa temprana etapa de su vida. Pero ya entonces se pudo vislumbrar su tenacidad, inquietud y afán de hacer cosas que funcionasen adecuadamente. Sin una fortuna familiar que lo apuntalase y apoyase, él se convirtió en un “self-made-man” (un hombre que se hizo a sí mismo) desde que decidió abandonar sus estudios universitarios para dedicarse a lo que le indicaba su genio creador de empresario que luego resultó en un éxito rotundo –como,  por ejemplo, también  lo hizo Bill Gates, el creador de Microsoft Word Corporation, el hombre más rico del mundo– llegando, Cartes, luego de muchos años de lucha, a conformar un conglomerado de empresas de muy diversos signos, ahora conocidas como el “Grupo Cartes”, con gran incidencia en la economía y el avance social de la nación, expandido hasta en los EE.UU. donde hace poco tiempo inauguró una fábrica de gaseosas. Pero no todo fue fácil, hubo años duros de áspera lucha por la supervivencia y luego el triunfo, gracias a que se sobrepuso el tesón, la inteligencia y la paciencia de ese “trabajador prodigioso” que es Horacio Cartes.
       Después de consolidado su imperio empresarial, su espíritu inquieto y emprendedor, ansioso de nuevos desafíos, lo llevó a incursionar en el ámbito de la dirigencia deportiva, donde también su habilidad de líder innato supo imponerse, llenando  de glorias, hacía tanto tiempo postergadas, al Club de Fútbol de sus amores: Libertad. La capacidad de organización, administración y el dinamismo de que hizo gala, más su mística de gloria que supo insuflar, superan toda descripción. Y aunque nunca dejó de observar ni de preocuparse por los avatares políticos de su patria, en éstos últimos años se decidió a luchar por la conquista del Poder para tratar de hacer algo trascendente que devolviese a su país el sitial que merece en el concierto de las naciones y que hace tanto tiempo le ha sido, y le es, vedado.
      Por ello, y para conocer “quién es Horacio Cartes”, trazaremos una reseña de su personalidad empresarial, deportiva y política, que ilustre a los lectores sobre los rasgos más importantes de este hombre que, hoy por hoy, se ha constituido en un Líder político, verdadero “fenómeno” de la escena nacional.
      Es indudable que el éxito Empresarial proporciona poder y algunas personas parecen haber nacido sabiendo cómo utilizar ese poder e incluso en oportunidades parecen conformados a su imagen por la naturaleza. Es posible cultivar algunas de las señales de éxito y poder e incluso adoptar ciertas idiosincrasias que convierten a una persona en el centro de atención de cualquier grupo, pero nada puede reemplazar esa combinación de autodominio y magnetismo personal que poseen quienes son poderosos por naturaleza. Resulta difícil imaginar a Cartes irradiando algo que no sea vitalidad. Su presencia impresiona inmediatamente, es de esas personas que llaman la atención en donde sea. Y al considerar sus logros empresariales y cómo llegó al lugar que ocupa nos preguntamos: ¿El éxito y poder empresarial se consigue con persuasión o fuerza; o manipulación? Después de mucho haberlo observado, pensamos que Cartes considera ese Poder como “un medio de lograr que se hagan cosas” –y que le debe irritar la idea del Poder como abstracción–cualidad que debe preferir a una herramienta de trabajo. Suponemos que le interesa “el cómo, no el porqué”. Es que en el mundo en realidad no hay total autonomía. Aunque parezca lo contrario, no son muchas las cosas que un empresario puede hacer; generalmente éste siente que quiere dirigir y tomar decisiones, pero siempre es un operador de línea. Así, Cartes, básicamente, en todas las empresas que ha creado ha tenido que ser un productor de beneficios. Tiene que haber un Líder para hacer que las cosas funcionen, alguien que posea esa intangible cualidad.
      Desde que Moisés bajó de la montaña con las Tablas de la Ley, al mundo lo mueven los vendedores creadores. Y Cartes es un vendedor. En cuanto a dirigir una Empresa, consideramos que su rol consiste en obtener lo mejor de la gente, lo que también es una forma de venta. Debe gustarle “ratificar las buenas decisiones, no tomarlas, orquestar a la gente”, pero uno imagina que no tiene ningún problema en orquestarla hacia la decisión que él desea y no negaremos su capacidad de inducción y de imposición de una disciplina. “Prefiero el consenso –ha dicho alguna vez– pero no confío en la coincidencia total. Si dos personas siempre coinciden, una está demás”. A Cartes le interesa que la gente progrese, quiere saber no porqué alguien está abajo sino cuándo subirá. Quiere que le hablen del cómo, no del porqué. Ahora, las cifras desempeñan un rol muy importante en la actividad de una empresa; y ¿cómo se asegura Cartes de que todos hagan frente a las cifras calculadas? Pues, se trata del “proceso de lograr que se hagan las cosas”, de la persuasión y los incentivos, es decir que se cubren sus necesidades (de los empleados) de dinero, de seguridad, de cualquier cosa: al fin de cuentas, todos quieren algo; pero no le agrada a Cartes que se considere la posibilidad de que su poder repose en un elemento de temor. Aunque es claro que la gente le teme a las cosas y a veces a él. Todos le temen a cualquiera o a cualquier cosa que pueda plantearle problemas. En realidad el miedo que puede tenerle la gente es el miedo que se tiene a sí misma. Si se desempeñan correctamente  no tienen nada que temer. Probablemente en toda organización existe el temor, lo que es natural y no puede evitarse.
       Otra de las frases de Cartes es que “es necesario tomarse en serio el trabajo, pero no a uno mismo, de lo contrario el trabajo es una esclavitud”. ¿Y qué siente con respecto al dinero? ¿Siempre aspiró al poder, a la riqueza, al éxito? Creemos que simplemente respondería: “siempre supe que no quería ser pobre”. Ahora bien, el poder implica responsabilidad, y cuando se tiene a la empresa en un puño… la empresa lo tiene en un puño a uno. Pero para Cartes el poder es un alegre juego, y él lo juega muy bien, gana mucho y a veces pierde, pero obviamente extrae una enorme excitación de ese juego. En cuanto a sus subordinados, los controla por medio de lo que ellos desean, como ya dijimos, al inducir una tensión que abarca a toda la empresa, inducir la ambición y tal vez cierta alegría, aunque siempre con algo de temor.
       La experiencia le ha enseñado a relajarse, a dejar que la naturaleza siga su curso; ha aprendido a seguir su camino de varios modos… porque para tener éxito en el empleo del Poder es necesario tener un sentido del Poder. Puede definirse como la sensación visceral de ser capaz de predecir cómo reaccionará la gente en determinadas situaciones para poder prever cuándo se plantearán problemas con algo; también es necesario comprender qué motiva a la gente en un sentido positivo, y en un sentido peyorativo se necesita capacidad de manipulación. Manipulación: Cartes detesta esa palabra, porque significa que se trata de usar a la gente en un sentido casi negativo en beneficio propio…
      En Cartes lo que más sorprende es que sus hábitos discursivos, su precisión, su entusiasmo con respecto al “poder hacer” tienen una inmersión profunda en la energía, ya que sabemos que la energía es el requisito básico del Poder. Dadas las circunstancias, no resulta sorprendente que utilice frases como “escuchar a la gente” y “criterios de relación”, porque Cartes es, por encima de todo, un hombre eficaz: para él la eficacia es el memento Mori  de los Existencialistas (“memento mori”, en Latín: “recuerda que morirás”. Según el filósofo Martín Heidegger ese reconocer la muerte como posibilidad auténtica es la anticipación de la muerte, que no significa un “pensar en la muerte”, en el sentido de tener presente que deberemos morir, sino que más bien equivale a la aceptación de todas las otras posibilidades en su naturaleza de puras posibilidades. La anticipación de la muerte se identifica con el reconocimiento de que ninguna de las posibilidades concretas que la vida nos presenta es definitiva. De esa manera, el Dasein [“ser ahí”, “el hombre auténtico”] no se petrifica proyectándose “definitivamente sobre la base de una u otra de estas posibilidades sino que permanece continuamente abierto: sólo esto le garantiza el poder desarrollarse más allá de cada una de las posibilidades que va realizando. N.d.A.). Al igual que la mayoría de los grandes ejecutivos modernos, Cartes no está meramente interesado en la posesión; para él lo que cuenta no es precisamente la propiedad sino el control… ejercer el control sobre ese enorme animal que es su grupo de empresas y usarlo en forma constructiva es lo que desea, ir más allá de toda limitación impuesta, en lugar de hacer las tonterías que los otros quieren que haga. En cuanto al medio para ejercer el control, lo considera como la capacidad de seleccionar y motivar a la gente, proceso que tuvo que aprender por experiencia desde los tiempos que adquirió fama como hombre de acción con prisa por abrirse camino. Es que cuando se tiene negocios por muchos millones de dólares resulta claro que se fracasará de no ser muy hábil en la selección del personal, y la capacidad para decidir en qué utilizar el tiempo se vuelve crítica; si de verdad se es bueno para escoger a la gente, se emplea el poder a través de ellos sin sofocarlos. Pero Cartes se esmera en no reclutar hombres serviles, lo que es muy difícil de lograr en una gran empresa, y ni qué decir en un conglomerado de empresas, porque “si uno los golpea dos o tres veces en la cabeza se convertirán en serviles, dirán siempre que sí”, y Cartes siempre repite que no quiere que sus colaboradores sean serviles. Éste es un problema muy conocido en las esferas del poder: cómo dominar a la gente sin volverla servil. Y Cartes, un hombre de inteligencia veloz, ha logrado aprender la importancia de escuchar a los demás a pesar de su aparente impaciencia, especialmente porque ha pasado a negocios en los que es necesario operar en áreas de tecnología y ciencia para las que su educación básica no lo ha preparado: él es un operador, un sintetizador, no un intelectual. Uno de los elementos de su éxito es la habilidad para hacer un estudio rápido; cuando ingresó en el gobierno de sus expansivos negocios tenía que aprender lo suficiente para operar en una extensa variedad de campos en los que el lenguaje era técnico y los hechos “misteriosos” como el “comercio de los productos de consumo”. ¿Y quién sabe mucho del Comercio de los productos de Consumo? Allí es necesario descender a cuestiones básicas, a problemas políticos: y entonces se aprende a preguntar: ¿”Pueden decirme qué significa esto”? Si se tiene un  ego sólido y la fortaleza de usar el poder, se aprende por experiencia que en la vida es mejor “escuchar a la gente” que puede ayudar a tomar una decisión y ser deferente con ella, a veces contra el propio criterio porque es lo más sensato por muchas razones.
       Para hombres como Horacio Cartes el poder es una técnica; son grandes sacerdotes de un sistema, que intentan controlar cosas, justificando su propia ambición en términos de eficacia. Cuantas más cosas pueden controlar (naturalmente, “cosas” incluye a personas) más poder tienen; pero el poder de ellos es, en gran medida, impersonal: puede decirse que una organización de decenas de miles de personas tiende a rodear a su ejecutivo principal de “cierta dosis de respeto”, lo que es verdad, pero en última instancia sólo se puede influir en el trabajo de miles de personas por medios indirectos. A menudo un Presidente o Gerente Ejecutivo entabla “juegos de poder” menores con su personal inmediato, lo mismo que un ejecutivo poco importante de una empresa pequeña, por la misma razón de que sólo puede ejercer el poder directa y visiblemente sobre su entorno inmediato; en términos de poder el contacto humano es muy importante y el poder ejercido sobre la gente que uno conoce siempre es más satisfactorio que el que se ejerce sobre una gran cantidad de extraños; al mismo tiempo, la magnitud dispersa el poder.
      No obstante, desde un punto de vista empresarial, representa un valor con potencialidad de crecimiento, y el crecimiento es un factor esencial del poder. Desde sus comienzos, Cartes expandía el crecimiento de sus empresas a tal velocidad que la mitad del tiempo sus competidores ni sus empleados siquiera sabían lo que estaba haciendo, hasta que triunfó en toda la línea, suscitando la admiración de propios y extraños, ya que, al fin de cuentas, nadie condena  a alguien por expandirse a demasiada velocidad porque eso es… optimismo, y “la acción produce más fortunas que la precaución”, es un consejo que vale la pena recordar cada vez que uno se vea tentado a no hacer nada; las consecuencias de actuar son siempre más interesantes que el de no hacerlo y nadie puede jugar al “juego” del poder sin mover sus piezas (y arriesgarlas), pues en algún punto, un conocimiento teórico del deber debe conducir a decisiones prácticas.
       Mucha gente que cree en las jerarquías avanza hacia arriba, si es que avanza, paso a paso; la suya es esencialmente una perspectiva del poder lineal y estática, como si la vida fuera una escalera que debe montarse de a un peldaño por vez, siendo un ejemplo extremo de este sistema de poder el Ejército y la Burocracia Civil. Es muy distinta la posición de aquél que puede expandirse, como lo hizo Cartes, abarcando gradualmente gente y funciones suficientes para poder regularizar sus adquisiciones logradas, por así decirlo, extendiendo los brazos como una ameba y llenando después los espacios. Hay que notar la diferencia entre éste modelo de poder  y el del que “monta por la escalera”. El que se expande nunca abandona su trabajo original ni ninguno de los que adquiere: en lugar de avanzar lentamente hacia arriba, en un solo lugar, se expande hacia afuera, fluyendo como la lava; agrega trabajos, títulos y responsabilidades, confiando en que en el camino levantará a gente suficiente como para que le sea posible delegar las partes más onerosas del peso de su trabajo. El secreto consiste en aprender a delegar sin renunciar a la responsabilidad, hasta que finalmente se llega a ser responsable de todo sin tener que hacer nada. Y para esto el control de la información es muy importante; todos dependen de la provisión de información, aunque generalmente se considera que la “entrada de información” es una tarea oficinesca no muy superior a las demás que existen, pero no es así, y si existe un hombre muy bien informado ese es Horacio Cartes. Es otro de sus secretos que hemos atisbado. Hay que informarse constantemente, porque pasa que nos educan –con considerable costo y esfuerzo– pero ningún maestro sabio nos prepara para el mundo que enfrentaremos de adultos. Si tenemos suerte aprenderemos a realizar un trabajo pero para la mayoría de la gente el precio de la supervivencia es la capitulación.
       En nuestro mundo existe un lugar para casi todos, aunque por lo general según los términos de otros y no según los nuestros. Algunos aprenden a triunfar en cierta forma, pero son muy pocos los que aprenden a usar el mundo en lugar de ser usados por él. En ese sentido Horacio Cartes es un paradigma que nos recuerda lo que escribió el filósofo norteamericano Ralph Waldo Emerson en sus célebres Ensayos: “Lo que explica a un hombre es nada menos que toda su historia. Si la totalidad de la historia es un solo hombre, todo debe explicarse a partir de la experiencia individual. Existe una relación entre las horas de nuestra vida y los siglos del tiempo. Toda ley nueva y movimiento político tiene sentido para ti, ponte delante de cada una de sus tablillas y di: “he aquí uno de mis disfraces”. Bajo esta máscara fantástica, odiosa o elegante, se ocultó mi naturaleza proteica. Esto remedia el defecto de nuestra excesiva proximidad a nosotros mismos. El mundo existe para educación de cada hombre. No hay Era ni estado de la sociedad o modalidad de acción en la historia para el que no haya algo correspondiente en su vida. Todo tiende prodigiosamente a abreviarse y a entregar al hombre su propia virtud. Él debería comprender que puede vivir toda la historia en su propia persona. Tiene que aferrarse a su hogar con todas sus fuerzas y no consentir que le intimiden reyes o imperios, sino saber que es más grande que toda la geografía y todos los gobiernos del mundo… La sociedad es una ola. La ola se desplaza hacia delante, pero no el agua de que está compuesta. La misma partícula no se eleva desde el valle a la cumbre. Su unidad es únicamente fenomenal. Las personas que hoy construyen una nación mueren al año siguiente, y con ellas su experiencia. Trabaja y adquiere con entusiasmo y habrás encadenado la rueda de la Fortuna, y la arrastrarás siempre a tu zaga. Una victoria política, un aumento de las rentas, la recuperación de tus enfermos, el retorno de tu amigo ausente o cualquier otro suceso completamente externo elevan tu ánimo, y piensas que se avecinan buenos tiempos. No lo creas. Nunca es así. Nada puede depararte paz, salvo tú mismo. Nada más que el triunfo de los principios puede darte la paz”.
       En cuanto al Liderazgo Deportivo, es poco lo que se puede agregar pues Cartes aplicó a esa actividad los mismos principios y estrategias que le dieron el triunfo en la actividad empresarial… y también triunfó. Solo que agregó algo más: la motivación por la gloria,  algo inconmensurablemente caro a los deportistas, tanto atletas como aficionados, como cantara hace 2.500 años el poeta tebano Píndaro, en sus conocidas Olímpicas:

               “El vencedor, el resto de sus días,
                 tendrá una dicha con sabor de mieles:
                 ¡los Juegos la han colmado! ¡Una alegría
                 que por siempre persiste y dura
                 es bien supremo para el hombre!
                 Y es preciso que a ese hombre yo corone
                 al son del modo ecuestre, en tono y canto eolio.
                Yo sé que a un huésped que reúne  a la vez,
                 en grado sumo,
                 la afición a lo bello y la invencible fuerza
                 entre los que hoy en día viven, nunca mis himnos
                 vestir podrán de fiesta con sus ilustres pliegues…
                 No, no derrames por nuevas lejanías tus miradas.
                 Pueda tu pie siempre pisar las cumbres,
                 y yo, entre tanto, unido a los que vencen,
                 proclamaré mi genio, doquiera, entre los griegos.

          Resumiendo: hemos analizado una personalidad con  capacidad de organizador, administrador y liderazgo que tanta falta hace a los Estadistas paraguayos desde Eligio y Eusebio Ayala. Ojalá que resulte así para bien de Pueblo Paraguayo.

                                2.- DE LA INFAMIA AL PODER.

                          Si logras conservar intacta tu firmeza
                          cuando todos vacilan y tachan tu entereza,
                           si a pesar de esas dudas mantienes tus creencias
                           sin que te debiliten extrañas sugerencias;
                           si puedes esperar, y a tu afán poner brida,
                           o blanco de mentiras esgrimir tu verdad;
                            y fiel a la verdad, reacio a la mentira,
                            el odio de los otros te deja indiferente,
                            sin creerte por ello muy sabio o muy valiente…
                           
               Rudyard Kipling: Si…               .                                         ………………………………………………….

        A partir de la década del ’40 recrudeció la fuerza nacionalista e independentista en las colonias europeas de África y Asia, que fueron dando sus frutos en los veinte años siguientes los cuales asistieron a la independencia de casi todas ellas pero a costa de grandes sacrificios tanto de sus pueblos como de sus líderes dirigentes. Reseñaremos sucintamente el proceso de varias de ellas que hacen al objeto de éste acápite.
       Todos los ejemplos que daremos aquí tienen en común las atroces calumnias que, para la infamia de ellos, sufrieron los Líderes que encabezaban la lucha por la libertad, acusados de delitos comunes y políticos como de crímenes de lesa majestad y los largos períodos de prisión en dolorosas condiciones infrahumanas  que tuvieron que soportar, destinados a quebrarlos moralmente y apartarlos de su camino. Así tenemos los casos de:
        Ghana: Hay un lugar en nuestro planeta que los geógrafos ingleses llaman “Nowhere: en ninguna parte”; en ese punto se encuentran los dos “ceros”, es el punto de intersección del cero de latitud y el cero de longitud, o sea donde el meridiano de Greenwich cruza el ecuador. Este lugar se halla situado en el golfo de Guinea, el mar tropical que baña el vientre occidental de África, tiene un clima espantoso y la ciudad más cercana es Accra, actual capital de Ghana, por entonces denominada “Costa de Oro”, colonia inglesa. Una cárcel próxima a “Nowhere” es algo muy parecido al infierno; y allí estuvo encarcelado Kwame Nkrumah, acusado de ladrón y sedicioso. Corría el año 1950 y el preso no era ningún delincuente sino el alma del “Partido de la Convención del Pueblo de Costa de Oro”. Sobre esta experiencia escribía más tarde: “En muy poco tiempo los prisioneros pierden todo su individualismo y toda su personalidad; llegan a adaptarse totalmente a su propio y desgraciado ambiente. Pierden la confianza en sí mismos y están mal preparados para enfrentarse con el mundo exterior, que no tiene refugios seguros para sus quebrantadas y perdidas almas”. No así Nkrumah, porque él poseía eso que los musulmanes, que abundan en Ghana, llaman baraka: “ser bienaventurado”, que define ese estado de exaltación y de dominio que hacía que solamente aquellas personas dotadas de dichos atributos podían elevarse con las alas del poder de su voluntad. Los antiguos griegos lo llamaban carisma: “don”; pues consideraban que era un don divino conferido a ciertos seres privilegiados como testimonio de que la gracia divina les ha creado para la función a que han sido llamados. Y así fue que Ghana alcanzó la total independencia en marzo de 1957 y Kwame Nkrumah su primer gobernante como Primer Ministro, logrando el ingreso del nuevo país en las Naciones Unidas. La independencia de Ghana fue la señal que inició la “explosión de independencia” en África; y el 1º de Julio de 1960 se adoptó el régimen presidencialista con Nkrumah como primer presidente y denominado oficialmente “Osagyefo”: “liberador” o “redentor”. La infamia ni la prisión pudieron evitarlo.
       Argelia: La Oficina Central de Correos de Orán, la ciudad más importante del noroeste de Argelia, fue asaltada en la mañana del 5 de Abril de 1949. Los asaltantes se llevaron dinero por valor de varios miles de dólares. El atraco parecía ser obra de tres hombres, que no fueron identificados a pesar de la cuidadosa investigación de la policía. Un año más tarde, los titulares de los periódicos (controlados por el Gobierno Colonial Francés) esparcieron la noticia: la policía había encontrado parte del botín y un revólver de fabricación alemana que había sido “identificado” por un testigo ocular; tanto el dinero como el arma los llevaba encima Ahmed Ben Bella, jefe de la secreta OS, Organisation Spéciale, primera organización combatiente por la independencia de Argelia, creada precisamente por Ben Bella quien fue confinado en la prisión de la ciudad de Blida, donde languideció dos años mientras la justicia preparaba su juicio, siendo condenado, en Marzo de 1952, a siete años de reclusión. Pero a los pocos días se fugó de la prisión, reapareciendo en Egipto y más tarde en las montañas de Kabylia de la propia Argelia. Entre tanto, se abrió otra causa en la que fue condenado a “trabajos forzados a perpetuidad” in absentia. Pero en 1956 los dos vecinos, Marruecos y Túnez  obtuvieron su independencia y comenzaron su ayuda a la causa argelina; Así fue cómo el 22 de Octubre de 1956, Ben Bella y cuatro compañeros de la alta dirigencia del FLN (Frente de Liberación Nacional) abordaron un avión en Rabat para dirigirse a Túnez, pero al pasar cerca de Argelia fue interceptado por la fuerza aérea francesa y obligado a aterrizar en la misma Argelia donde fueron detenidos y trasladados a París y encerrados en la horrible y famosa prisión de “La Santé”, donde pasaron los años sin celebrarse juicio, llegando Ben Bella a pasar –entre La Santé, la isla de Aix y el Castillo de Tourquant– más de cinco años en la cárcel, siendo liberado en la primavera de 1962, poco antes que el Presidente Charles de Gaulle declarara la independencia de Argelia el 3 de Julio de ese año. Ben Bella regresó a su patria donde tuvo que afrontar lascalumnias de sus mismos opositores argelinos del “Gobierno Provisional” que lo acusaban de “títere de los franceses”; pero su pueblo no lo había olvidado y en las elecciones generales del 15 de Setiembre de 1963, recibió, como candidato del FLN, el 99% de los votos  y cinco días más tarde, Ahmed Ben Bella juró su cargo como primer Presidente de la República de Argelia. Ni la infamia ni la prisión pudieron evitarlo.
        Kenia: El país que se extiende alrededor de Lokitaung, en la entonces colonia británica de Kenia, parece haber sido arrancado de la masa informe inicial del mundo. Las contorsionadas colinas que rodean el desértico puesto semejan ser el resultado de una repentina petrificación acontecida cuando se formaba el planeta. No habría sido posible hallar mejor lugar para un campo de prisioneros que éste de Lokitaung, cercado por un pantano del que se desprenden los vahos de la muerte; el lago Rodolfo, con sus aguas salobres, se halla a cierta distancia hacia el Este, y se dice que los pájaros extraviados sobre las exhalaciones de la ciénaga, van a desplomarse sobre las aguas abrasadoras del lago. El campo de prisioneros estaba coronado por descarnadas colinas que acentuaban aún más la desolación del lugar constituyendo el final del camino sin retorno a la vida.
       Entre los prisioneros de ese campo se hallaba Jomo Kenyatta; había sido enviado a Lokitaung porque sus acusadores pensaron que la muerte en la horca habría sido demasiado benigna para él porque se habría reducido a unos segundos nada más. En aquélla prisión, en cambio, el paso de los años, segundo a segundo, lo llevaría a la más infinita desesperación. La crueldad le rodeaba por todas partes: las implacables fuerzas de la naturaleza le corroían el sistema nervioso y la crueldad del hombre hacia sus semejantes constituía un espectáculo constante. Los prisioneros, libres de los convencionalismos de la vida civilizada, se hundían al nivel de los salvajes y vivían con un total aborrecimiento de los verdaderos rasgos que les diferenciaban entre sí. El hombre es el único ser viviente que tiene noción de su propio e inevitable fin; naturalmente, desconoce el cuándo y el cómo de éste punto final, pero esta incertidumbre se convierte en un tormento constante, como una maldición. A Kenyatta se lo había calificado de “asesino” y antiguo jefe de  “bandas de asesinos”. En el año 1946 Kenyatta creó la Unión Africana de Kenia, KAU, bajo su Presidencia; los Kikuyus, la más importante de las tribus, formaban su núcleo, y de repente, en 1947, la palabra “Kikuyu” saltó a las primeras páginas de los periódicos: fue en aquél año que el mundo empezó a tener noticia del Mau Mau, un nombre que denotaba una odiosa, sangrienta y sádica organización terrorista. Sus miembros fueron conocidos como “los mau maus”. El arsenal del Mau Mau incluía no solamente armas modernas, sino también primitivos instrumentos tribales de tortura y de muerte; las víctimas eran, a veces, descuartizadas en pequeños fragmentos; los ojos de las personas asesinadas frecuentemente aparecían separados del cuerpo, con el fin de que su “espectro” no pudiese identificar a los criminales. El 22 de Octubre de 1952, Kenyatta y otros cinco jefes de la KAU fueron detenidos y acusados de “dirigir” el movimiento del Mau Mau. En otras palabras, fueron acusados de ser los inspiradores, los “cómplices intelectuales”. Fue entonces cuando el terrorismo alcanzó la máxima furia.
       Cuando comenzó el juicio de Kenyatta y sus compañeros, se lanzó la más fantástica campaña propagandística de los últimos años creando la imagen de un asesino, haciendo que incluso personas bien informadas tuvieran la impresión de que el mismo era un gangster del Mau Mau. El 8 de Abril de 1953, Kenyatta fue sentenciado a siete años de cárcel; con ello empezó su calvario en Lokitaung. Años después, todavía en prisión, Kenyatta continuaba siendo la bête noire de las autoridades británicas; el Ministro de Colonias le describía como “el jefe africano de la oscuridad y de la muerte” y el Arzobispo de Canterbury se valía de su caso como ejemplo de obscurantismo; el KAU fue declarado fuera de la ley, aunque él había declarado durante su juicio: “Quien me llama Mau Mau está equivocado; yo no conozco al Mau Mau… el KAU no es una organización de lucha que emplee las armas…” además, tres años más tarde, un policía africano al servicio de las autoridades coloniales capturó al Mariscal de Campo del Mau Mau, que fue inmediatamente ejecutado y la campaña de terror acabó.
        Pero los ingleses no pudieron resistirse por más tiempo a la necesidad de abrir a los africanos el Consejo Legislativo de Kenia. Los africanos elegidos para dicho Consejo lanzaron en 1958 una importante campaña para conseguir la libertad de Kenyatta. El clamor público a su favor continuaba. De todas maneras, él había ya casi cumplido su condena, por lo que el Gobierno Inglés decidió liberarle de la cárcel; no obstante, continuaría en residencia forzosa, confinado en Lodwar;  era el año 1959. La agitación en pro de su liberación total prosiguió y los ingleses comprendieron que no se adelantaría nada en Kenia sin libertar a Kenyattta, de modo que levantaron su confinamiento el 21 de Agosto de 1961. Después de todos aquellos años de infamia, Jomo Kenyatta se presentó una vez más ante su pueblo. En el transcurso de una gran reunión pública en Nairobi, 30.000 africanos le dedicaron una delirante bienvenida llamándole “un segundo Dios”. Pero los amos ingleses continuaron con sus maniobras y dilaciones hasta que por fin, las elecciones generales tuvieron lugar desde el 18 hasta el 26 de Mayo de 1963 y el partido de Kenyatta, el KANU, obtuvo la mayoría absoluta. Los arrobados kenianos lo ensalzaron llamándole “padre de la nación”. De esta forma, el Gobierno de Su Majestad transmitió los poderes al ex presidiario: “Su Excelencia Kenyatta, Primer Ministro de Kenia” –el  mismo hombre a quien el anterior Gobernador de la colonia había denunciado como “un agente de la oscuridad y de la muerte”– a medianoche del 11 de Diciembre de 1963.
       Jomo Kenyatta había sido culpado de ser el inspirador de una banda terrorista; había sido juzgado por complicidad en asesinatos. Aborrecido por las personas decentes, no era más que un “criminal” y “bestial”. Soportó su deshonor durante más tiempo que ninguno que se ha mencionado y se mencionará en éstas páginas; pero sobrevivió a la prueba y surgió intacto de su cautiverio, más seguro de sí mismo y radiante a los ojos de su pueblo. Los heraldos llevaron su fama a todos los confines del mundo. Ni la infamia ni la prisión pudieron evitarlo.
        Otros ejemplos: Además de los casos que hemos reseñado in extensum, vamos a ocuparnos de otros no menos importantes pero más sucintamente para no cansar al amable lector. Así tenemos el de Habib Burguiba, de Túnez, hombre inteligente y versado en muchos asuntos, educado en París, fundador del Partido Neo-Destour, “Nueva Constitución”. Fue detenido por primera vez en 1934 por las autoridades coloniales francesas y enviado a la región sahariana, en el extremo sur de Túnez, un caluroso lugar, “para que se refrescara”, pour se refraichir , donde pasó veinte meses de infinita humillación. Fue detenido nuevamente en 1938 e internado en la cárcel militar de Túnez durante cinco años. Cuando Francia fue derrotada por Alemania al comienzo de la 2ª. gran guerra, Burguiba fue llevado a Francia y luego a Italia, donde los alemanes intentaron que colaborase con ellos, pero él sólo se manifestó contra el colonialismo en un mensaje radial.
      A consecuencia de ello fue acusado de haber colaborado con los Nazis. Acabada la guerra, los franceses no reconocieron a Burguiba, quien estaba de nuevo en Túnez como portavoz de la mayoría musulmana, y lo pusieron bajo vigilancia; legalmente no podía abandonar Túnez así que salió clandestinamente y solamente pudo volver en septiembre de 1949, pero el 18 de Enero de de 1952 cayó nuevamente preso y fue llevado de un lugar a otro y esta vez fueron los franceses quienes buscaron su colaboración para detener la ola de sentimiento pro-independencia que fluía sin cesar y aceptar solamente la autonomía interna del país; tuvo una cordial conversación con el entonces Primer Ministro Pierre Mendès-France, y a Burguiba le pareció un paso decisivo para la total soberanía de Túnez, regresando el 1º de Junio de 1955 tributándosele una triunfal bienvenida; pero la infamia no acabaría. “Burguiba traicionó a su patria”, era la acusación que levantaba contra él uno de sus máximos colaboradores: se trataba de Salah Ben Yussef, Secretario General del Neo-Destour desde 1952, que había escapado al extranjero para no caer en manos de los franceses. Pero Burguiba era el auténtico hombre del destino de la nueva nación, el hombre dotado de baraka, el jefe carismático. Fue a él a quien votaron las masas en el Congreso del Neo-Destour y no al adusto Salah Ben Yussef. Pero la autonomía interior no era suficiente para Burguiba, y los franceses, siguiendo ya una vía totalmente realista, firmaron el acuerdo del 20 de Marzo de 1956 dando fin al protectorado. Cinco días después se celebraron elecciones nacionales en las cuales el “Frente Nacional” de Burguiba obtuvo la totalidad de los 98 escaños de la Asamblea Constituyente. Y luego llegó el 25 de Julio de 1957 que quedó señalado como “Día de la República”; nuevamente por unanimidad fue elegido Burguiba jefe del Estado y su pueblo le aclamó como Le Combattant Suprême,  “el combatiente supremo”. Ni la infamia ni los doce años de cárcel pudieron evitarlo.
       A éstas gestas también podemos agregar la de Sukarno, de Indonesia, acusado de contrabandista y de recibir dinero de los invasores japoneses; confinado en una de las remotas y salvajes islas del archipiélago indonesio por los colonialistas holandeses, y luego varias veces encarcelado con el transcurso de los años  para después convertirse, en el primer Presidente de la República de Indonesia, proclamada el 17 de Agosto de 1950. Un caso patético es el de Patrice Lumumba, enviado a la cárcel en la segunda mitad de la década del ’50, condenado por robo de fondos de la oficina de correos donde trabajaba en el entonces Congo Belga; y en 1960 fue el primer gobernante de la flamante República del Congo en su calidad de Primer Ministro. Y finalizaremos con Jawaharlal Nehru, líder de la India, una nación acosada por todos los problemas humanos y sociales imaginables. Los períodos de encarcelamiento de Nehru se iniciaron en 1921, en la cárcel de Lucknow, donde se encontró rodeado por otros cincuenta convictos, todos los cuales eran delincuentes comunes, y Nehru no era un simple hombre del pueblo: pertenecía a la casta aristocrática del Brahman de Kashmir y era, además, un aristócrata de la inteligencia. Fue encarcelado a menudo, no solamente por las autoridades británicas sino también por el juez de un Estado nativo, el principado indio de Nabha, donde no solamente fue arrestado, sino que además le encadenaron y le pasearon por las calles de la ciudad como si se tratase de un bruto. En la cárcel de Gorakhpur pasó un año por tres discursos que dirigió a unos campesinos, pero la sentencia había sido de cuatro años. El ataque japonés a Pearl Harbour lo salvó, porque los ingleses necesitaban la buena disposición de los dirigentes del Partido del Congreso Nacional Indio, pero pronto se encontró otra vez en prisión, esta vez en Ahmadnagar y por tres años, hasta el verano de 1945. Entretanto, fue vilmente calumniado como tratante de personas y traidor a la patria; pero sus condenas ayudaron a Nehru a conseguir mayor estatura a los ojos de su pueblo que le hizo merecedor del honor que confluyó sobre él cuando fue electo Primer Ministro de una nación India independiente en 1948. Ni la cárcel ni la infamia que cayó sobre estos hombres pudieron evitar su gloria.
         Hemos reseñado el destino de estos pro-hombres porque, a semejanza de ellos, también Horacio Cartes sufrió los rigores de la prisión y un Juicio –en el cual obtuvo la Revocatoria del Auto de Prisión y fue sobreseído en todas las Instancias, incluida la Corte Suprema de Justicia– por una acusación de las altas esferas de la  Burocracia Stronista sobre una supuesta manipulación de divisas preferenciales del Banco Central durante el régimen dictatorial; y el expediente judicial al sobreseerlo reza: “Con la expresa constancia de que la formación de la presente causa no afecta su honorabilidad ni su buen nombre”(sic).    Así   fue
 –cuando era Candidato con grandes posibilidades de poder político– calumniado y difamado, como resultado de los celos y envidia que provoca el éxito, buscando su infamia, acusándosele de contrabandista, evasor, narcotraficante y otras “lindezas” para apartarlo de su camino quebrando su moral; sin que sus detractores hayan aportado una sola prueba ni atreverse a denunciarlo ante la justicia. Respecto a lo último, por ser la más grave, este autor ha investigado exhaustivamente esa acusación no hallando el más mínimo indicio de su posible veracidad, resaltando además que el Departamento de Estado de los EE.UU., tan meticuloso y sensible para otorgar visas a alguien con mínima sospecha, nunca se la haya negado a Horacio Cartes quien incluso ha instalado hace poco tiempo una fábrica de gaseosas en territorio Norteamericano. Como lo escribe el mismo Cartes en el opúsculo de su autoría, “Las razones de mi Coloradismo”: “Por mi parte, ninguna de mis empresas jamás hizo negocios con el Estado. Y no voy a empezar ahora…. Las denuncias que no pueden ser demostradas se pierden en la humareda de las intrigas y calumnias políticas…. Mienten deliberadamente a sabiendas de la falsedad de sus afirmaciones. En mi caso particular, las acusaciones comenzaron coincidente                 mente con mi incursión en la política. Nadie antes se preocupó de mi pasado. Y eso que desde bastantes años soy una figura pública, tanto en el ámbito deportivo como empresarial. Acompañando a la Selección Nacional de Futbol viajo a todas las naciones del mundo sin ningún problema. Nunca me negaron visa para entrar a otro país. Es decir, no tengo cuentas pendientes con la Justicia, ni dentro ni fuera del Paraguay. (“Un pasado sin secretos”; pp. 48-49-50; Mayo de 2011);  ante lo cual, y tal como los dirigentes antes citados, ha demostrado una entereza e infinita paciencia, evitando responder agravios, lo que nos recuerda la filosofía Budista aplicada al Código de los Samurais japoneses, el Bushido, que dice en un pasaje: “Karma es el principio del conocimiento. Después, está la paciencia. La paciencia es muy importante. Los pacientes son fuertes. Paciencia significa dominar nuestra inclinación hacia las siete emociones: odio, amor (como adoración), gozo (vicios), ansiedad (celos, envidia), ira, dolor y miedo. Si las resistes, eres paciente, y pronto comprenderás todas las cosas y estarás en armonía con la eternidad….” Y finaliza el pasaje diciendo: “…Quien domina estas siete emociones adquiere la paciencia, y la paciencia es la suprema virtud del caudillo”. Y nuestro conocido líder político y espiritual de la India, autor de la “Ley de los Ciclos Sociales” y la “Teoría de la Utilización Progresiva y Progresista” (PROUT) que hemos expuesto en trabajos anteriores, Prabhat Rainjain Sarkar, escribió respecto al Caudillo: “Al hablar en público, la oratoria es su fuerza; en el campo de batalla, su bandera es su fuerza; en la hora del peligro, la paciencia es su fuerza”. A no olvidarlo, porque todas estas pruebas a que se somete a un Caudillo, configuran una Situación de Actuación, que desarrollaremos en el próximo acápite. Pero nos preguntábamos entonces: ¿pasará lo mismo con Cartes que con los héroes antes citados, y su destino lo llevará “de la infamia al Poder”? Pues así ocurrió
        Mas, para terminar, no podemos pasar por alto que, aunque Horacio Cartes es un hombre de acción, sumamente práctico, tiene también su veta soñadora: él sueña con un Paraguay en acelerado desarrollo socioeconómico, paz social, libertad económica y política, y democracia transparente. Por eso, nos parece que no debemos ser impacientes con él y darle más tiempo para trazar completamente “el Nuevo Rumbo” de su Gobierno.                    

            3.-TEORÍA DE LA “SITUACIÓN DE ACTUACIÓN”.

         La mayor parte de las situaciones son la consecuencia de una serie de acciones y el preludio de la siguiente, pero en sí mismas ni negativas ni positivas. Esto es esencial que quede claro; de otro modo, la actuación es incompleta. Las ideas, sin la actuación, pierden su significado; si la gente representa una situación comprendería su significado. La historia es una suma de situaciones cuyo significado nunca se comprendía hasta mucho tiempo después porque la gente había tenido miedo de representarlas. No eran capaces de enfrentarse con su responsabilidad hacia ellas. Preferían considerar las situaciones en que se encontraban inmersos como parte de un  curso general de los acontecimientos sobre el que no podían ejercer control, lo cual significaba que jamás podían comprender realmente tales situaciones, y así, de una curiosa manera, las situaciones llegaban a formar parte de un fluir general de los acontecimientos. No creemos que pudiéramos llegar tan lejos como para decir que somos capaces de cambiar el curso de los acontecimientos actuando en las situaciones en que uno se encuentra inmerso, pero, al menos, eso le haría a uno comprender mejor cuál es dicha situación y qué medidas puede tomar para impedir que las cosas derivaran en la mala dirección o en una dirección irreal. Ahora, nos preguntamos qué tienen que ver los hechos con la teoría. La teoría viene ilustrada con ejemplos en la representación de la situación y la verdadera cuestión es la relación existente entre nosotros; porque antes de la situación nuestra relación había sido sólo simbólica: tenía que volverse real.
        Por el momento nosotros somos simples símbolos; no llegaremos a comprendernos nunca mutuamente si nos contentamos con esto. No bastaba, en los casos reseñados en el ítem anterior de las luchas por la independencia de las Colonias, con decir que uno era inglés y el otro africano o asiático, que el inglés era un Gobernante y los otros uno de los gobernados. Se tenía que descubrir lo que eso significaba. La gente hablaba de una “relación ideal” entre ambas clases sociales: la llamaban “camaradería” como en cualquier país dividido profundamente en clases; pero nunca decían nada sobre el desprecio por parte de uno y el temor del otro, que era algo básico, y que brota antes que cualquier sentimiento de “camaradería” en cuanto sociedad. Tenemos que averiguar eso también, tenemos que representar la situación tal como es realmente –porque eso es muy importante en política– y de una manera que significara que ninguno de nosotros la iba a olvidar o a sentirse tentado de fingir que no existía o que era alguna otra cosa. Todo esto forma parte de lo que se puede llamar la fase de la degradación del individuo de clase baja, de su confesión de dependencia hacia la clase alta, de su inferioridad hacia ella; porque la verdadera corrupción de esta clase alta es su pretensión de que no siente desprecio por el pueblo, y nuestra verdadera degradación es nuestra pretensión de igualdad. Pero si pudiéramos comprender la verdad, aún habría una oportunidad para nosotros. Podría tener cierto sentido entonces hablar de obligaciones de una clase para con la otra. La última fase podría mostrar las posibilidades. Lo que sucede anecdóticamente carece de importancia con tal que comprendiéramos cuál era nuestra responsabilidad al respecto.
        Lo que sucedió hasta ahora en el Paraguay hay que  considerarlo simbólico también, sintomático de lo que puede llamarse la corrupción ideológica Liberal tanto en ese Partido como en el Republicano. Nosotros debemos aceptar nuestra parte de responsabilidad por lo sucedido en nuestra historia de la transición aún cuando no hubiera habido ninguna base común entre nosotros y los anteriores Gobernantes realmente responsables. La Clase realmente responsable era la que se encontraba en el Poder en nuestro país, cómodamente sentada y alimentando la ilusión de que existía algo llamado “fraternidad humana” y que seguía, gobierno tras gobierno, pretendiendo que realmente aquí existía tal cosa.
       La diversidad de las corrupciones de los Gobiernos en el Paraguay (y peor el de la Izquierda luguista-liberal) era interminable: supuesto afecto por los sirvientes políticos, por los campesinos, por los soldados, pretender que se comprendía a los intelectuales o se simpatizaba con las aspiraciones nacionalistas; pero todo éste aparente afecto y comprensión era una corrupción de lo que podríamos llamar “la tranquila pureza de su desprecio”. Es una “Situación” sorprendente ¿verdad, amable lector? Siempre ellos encontraban un huequecito en el que encajarse para demostrar que formaban parte de la gran demostración “democrática liberal cristiana”, aun cuando sólo fuera gracias a repetirse ad nauseam mutuamente que no había individuos mejores en el mundo que un obrero, o un campesino, o el tipo que le estaba lustrando los zapatos. Ellos consideraban la Administración Gobernante por la marcial y leal Clase Burocrática sirviente como una mezcla de sensualidad pervertida y arrogancia feudal. Lo que les conmovía o halagaba era una idea, una idea de sumisión y lealtad ejercida en su favor; pero el hombre o mujer que tenía esa sumisión y lealtad era para ellos un ser inferior, e, incluso cuando le abrazaban y le felicitaban, sentían desprecio por él o ella. Y en el otro extremo de la escala, cuando se piensa en la especie de Gobernantes que pretendían admirar a los intelectuales paraguayos, que fingían simpatizar con sus aspiraciones nacionalistas republicanas, si se era sincero consigo mismo se tenía que admitir que todo lo que podía admirarse o con lo que simpatizarse era el reflejo en negativo de sus propios ideales. Porque bajo la admiración y la simpatía que podían suscitar, estaba siempre el desprecio que una clase sentía por el pueblo que había aprendido las cosas de ella. Siempre estaba latente el burgués intelectual Liberal tan despreciativo hacia el Colorado, instruido o no, como el arrogante Gobernante (colorado o no) reaccionario de la clase superior lo era con respecto al individuo que le “chupaba las medias” y buscaba su elogio. Los que se encuentran personalmente en una buena posición para comprender claramente toda esta falsedad, son aquellos cuyos orígenes eran humildes y que si no hubieran tenido talento, hubieran terminado mediocremente sin haber comprendido nada; pero que tenían talento, habían progresado… y comprendido.
        Nadie que tenga un poco de talento e instrucción puede eludir ésta cuestión. Nietzsche dijo que las relaciones entre los pueblos estaban basadas en el desprecio, no en el amor, y que el desprecio era la emoción humana primaria porque ningún ser humano llegaría a creer jamás que todos los seres humanos habían sido creados iguales. Si existía una emoción casi tan poderosa como el desprecio, ésta era la envidia. Dijo que la personalidad del hombre existía en el punto de equilibrio entre el grado de su envidia y el de su desprecio. ¿Qué ocurriría si alguien pretendía que la situación era simplemente algo pasajero y que no tenía ninguna responsabilidad en ello, y que existía algo llamado “justicia pura” que le ayudaría a salir de cualquier apuro, y si todos reconocían las pretensiones de los otros a tener iguales derechos como seres humanos?: Nada ocurriría. Ninguno aprendería nada sobre sí mismo; la existencia misma de las leyes demostraba el desprecio que la gente tenía por los demás.
        Es por todo lo que hemos esbozado que debemos estudiar seriamente la Situación de Actuación por la que atraviesa nuestro Paraguay, y tratar de comprenderla en toda su plenitud, para conquistar un nuevo modelo de Gobierno que, apoyado en un nuevo modelo de Partido, estructure un nuevo modelo de Sociedad, sin los sentimientos de desprecio y envidia que suscita la división muy tajante en clases de una Nación.-


domingo, 17 de agosto de 2014

POLÍTICA EXTERIOR PARAGUAYA

Política Exterior Paraguaya

1.- POLÍTICA DE REALIZACIÓN.
                                 
       La asistencia del Pte. Cartes a la reunión del “Grupo de los 77” en Bolivia, también su participación con los Mandatarios Sudamericanos, de los BRICS, y el Pte. de la Federación Rusa Vladímir Putin, así como su postura independiente durante la “Cumbre de Presidentes del MERCOSUR” en Caracas, Venezuela, y su firmeza en cuanto a la posición paraguaya respecto a las negociaciones sobre la renovación del “Tratado de YACYRETÁ”, marcan el sello del “Nuevo Rumbo” que ha tomado la Política Exterior paraguaya. Examinémosla desde sus inicios.
       Lo que el Paraguay necesitaba para asegurarse a largo plazo una posición mejor –que la que predominaba– en el orden internacional, era un Estadista con visión y paciencia suficientes para anular las discriminaciones de sus vecinos y de otros Estados. Ese líder parece haber aparecido ahora, desde que Horacio Cartes fundó su movimiento “Honor Colorado” y fue electo como contendor por el Partido Nacional Republicano para Presidente de la República, ganando ampliamente las elecciones generales del 21 de Abril de 2013.
        Su método para reconstruir la Política Internacional del Paraguay podemos llamarlo Política de Realización”, que equivale a una inversión total de la política paraguaya anterior y el abandono de la inocua “guerra de guerrillas” diplomática que sus predecesores habían entablado contra las cláusulas del Tratado de Asunción de 1991, los protocolos subsecuentes del MERCOSUR y, en general, su retraimiento del mundo exterior. Una de las facetas de la “Realización” se basó en aprovechar la obvia incomodidad de Brasil y Argentina ante el abismo que hay entre los principios y las condiciones del Tratado, y el trato que dan a sus vecinos más pequeños, Paraguay y Uruguay, mas la flagrante violación de la legalidad en que incurrieron con la suspensión del Paraguay y el ingreso “manu militari” de Venezuela como socio pleno del MERCOSUR. Entonces, a cambio de un esfuerzo paraguayo de cumplir con un reducido y renovado programa de acción y de renunciar a su exigencia de reparaciones políticas y diplomáticas por lo acontecido, esta posición se esforzó por lograr que los propios socios lo liberaran de las cláusulas políticas más onerosas que pretendían imponerle.
       Una Nación más débil frente a los Estados extranjeros que la circundan tiene, básicamente, dos opciones: Puede desafiar al más fuerte, con la esperanza de dificultarle demasiado la aplicación de su política; o puede colaborar con el más fuerte, mientras acumula fuerzas y aliados para una confrontación ulterior. Ambas estrategias tienen sus riesgos: la resistencia provoca una prueba de fuerza en el momento de máxima debilidad; la colaboración hace correr el riesgo de desmoralización, porque las políticas que apelan al más fuerte también tienden a confundir la opinión pública del más débil.
       Antes de la aparición de Cartes, Paraguay había seguido la política de resistencia pero débilmente y sin mucha convicción; pero la afrenta sufrida en el MERCOSUR desató una apasionada oposición nacionalista: hay presiones generalizadas por librarse de las restricciones impuestas a la fuerza económica y política paraguaya, y es casi unánime el consenso de que las actitudes y exigencias de sus socios son escandalosas. En contraste, creemos que Cartes comprende que, por muy odiado que ahora ya fuese el tratado del MERCOSUR –y en realidad, no sabemos si él mismo lo odia– nuestro País necesita la ayuda de sus miembros para librarse de sus cláusulas más onerosas. La búsqueda de nuevas alianzas y mercados sería una táctica útil para desconcertar a aquéllos, pero su verdadera repercusión sólo se sentiría después que Paraguay estuviera lo bastante fuerte y apoyado para desafiar abiertamente el acuerdo del MERCOSUR. Ante todo, recuperar la fuerza económica requeriría obtener préstamos del extranjero, lo cual sería difícil para el Paraguay en una atmósfera de enfrentamiento. De éste modo, la “política de realización” a practicarse por Cartes, reflejaría ante todo su realista evaluación de las necesidades de la recuperación política y económica paraguaya. “La básica debilidad política y económica paraguaya –ha dicho– ha sido la causa de los límites, la naturaleza y los métodos de la política exterior paraguaya”.
       Aunque la “política de realización” se fundara en un estricto realismo, éste no abunda mucho más en el Paraguay del MERCOSUR que en los días anteriores al Tratado de Asunción; sin embargo todos tienen que reconocer, aunque sea cansadamente, que “la venganza es demasiado costosa en estos días”. Además, con esta nueva política la República se verá plagada por agitadores nacionalistas chauvinistas e izquierdistas –cada cual por su lado– aunque se le conceda unas condiciones de arreglo mucho más generosas que las que hubiese podido obtener con la confrontación. Vemos ahora mismo, y el futuro lo confirmará, que nuestro anterior Gobierno democrático Liberal no recibió ni recibirá ningún reconocimiento por conservar el núcleo del país en las circunstancias más difíciles. Sin embargo, hay que recordar que en política hay pocas recompensas por mitigar daños, porque rara vez es posible demostrar que las consecuencias habrían podido ser peores de lo que fueron.
        Sólo un Estadista con impecables credenciales Nacionalistas y Democráticas como Cartes puede pensar en fundamentar la Política Exterior del Paraguay en “colaborar”, así fuese en forma ambivalente, con el odiado acuerdo del MERCOSUR. Hombre de gran cordialidad, que ama la praxis (hacer que sucedan cosas), sus conversaciones suelen estar salpicadas de alusiones  a nuestro pasado clásico. Y ahora tiene que lidiar con una Opinión Pública cada vez más convencida que Paraguay había sido atraído con engaños al tratado del MERCOSUR por un Brasil y una Argentina suspicaces, celosos cada cual de su supremacía. El hecho de que quien es el representante de los Nacionalistas Republicanos –para los que el Tratado de Asunción constituye “la mayor estafa de la historia”– iniciara una política de realización sólo podrá parecer un extraño giro de los acontecimientos a quienes creen que la Realpolitik no puede enseñar los beneficios de la moderación. Pero Cartes es el primer Líder paraguayo –y el único Líder democrático– capaz de explotar las ventajas geopolíticas que el tratado confiere a su país; porque captó el carácter esencialmente frágil de esa relación y lo utilizaría para clavar una cuña entre los dos aliados inmersos en grandes problemas internos.
       Ahora, la “polvareda” que ha levantado la aceptación paraguaya del ingreso de Venezuela al MERCOSUR ilustra la polarización de actitudes  a que hemos aludido y el alarmante maniqueísmo ante el llamado “caso Venezolano”. Por eso es nuestra intención abordarlo desde otro ángulo y encontrarle una salida para lo cual debemos empezar recordando a Hans Kelsen, aquel jurista maestro de la llamada “Escuela de Viena” y su doctrina de la “Teoría pura del Derecho”. Kelsen ha elaborado una Teoría del conocimiento jurídico tratando de depurar la construcción jurídica de todos los elementos históricos, políticos y sociológicos extraños a la misma. Su afirmación fundamental es que el Derecho pertenece al mundo del deber ser, netamente distinto del mundo del ser; se limita a la fría lógica pura del Derecho positivo sobre las bases de la Filosofía Crítica Neokantiana en antítesis a la orientación histórica y sociológica. Pero el mismo Kelsen reconocía que basarse en la “Teoría Pura del Derecho” supone que los problemas metajurídicos (mas allá, de otro modo del Derecho) ya están resueltos; es decir, se presupone la existencia de un “agreement on fundamentals” (acuerdo sobre lo esencial), que actúe como término fundante de la pirámide de normas.
         En nuestro caso, con el advenimiento de la Democracia en Sudamérica, entramos al “Estado de Derecho” cuya base radica, en un marco demoliberal, no violar ni torcer la Ley. Sin embargo, en el problema que nos ocupa, guiarse por la fría lógica del Derecho implica entrar en colisión con la posibilidad de solución política negociada de un conflicto no previsto por la Teoría Pura del Derecho. El problema planteado por la aplicación de la fría lógica del Derecho a la cuestión del ingreso de Venezuela radica en el hecho de que el “agreement on fundamentals” no existe en este caso porque para su existencia deberían suponerse dos cosas: por un lado, que no hay un fuerte actor político capaz de resistir y por el otro, la aceptación por parte de todos los involucrados de una misma definición de los límites que deben imperar en la convivencia societal. Pero en la medida en que uno o varios de los actores involucrados no participa de ese encuadre fundante, se siente lesionado por él y posee el Poder real para sustentar su posición, la lógica del Derecho, considerada neutra a partir del consenso sobre la Teoría Pura del Derecho, pasa a ser visualizada como política y a incidir políticamente en la situación. Por otra parte, en este juego perverso que estamos observando, el actor político por excelencia en el marco del “agreement on fundamentals” demoliberalel Gobierno Paraguayo– no podía intentar utilizar el Derecho para desactivar un potencial efecto Político (la inclusión de Venezuela en el MERCOSUR) sin hacer peligrar el fundamento mismo del estado de Derecho. Todo se podía negociar a partir del reconocimiento –aunque sea tácito– de que el “acuerdo sobre lo esencial” (agreement on fundamentals) ya no existía o había cambiado.    
       Ahora bien,  lo anteriormente expuesto no significa que Horacio Cartes desdeña la petición de ayuda Norteamericana e Inglesa dados los guiños amistosos de ambas potencias anglosajonas; en ningún caso  dejaría de evaluar las consecuencias del “éxito” de esa política propuesta. Si la “Política de Realización” triunfase, Paraguay sería cada vez más fuerte y estaría en posición de “contar” en el equilibrio de poder del Cono sur, toda vez que su Progreso Económico y Social –también parte de la Política de Realización– acompañase ese avance. De manera similar, si un Programa Internacional de ayuda (como pasa con Colombia) alcanzare su objetivo, la creciente fuerza paraguaya tendría consecuencias geopolíticas en toda la vasta periferia de América del Sur. En ambos casos, los partidarios de la conciliación tienen metas positivas y hasta buena visión del futuro, porque si el Paraguay recobra algo de Poder, naturalmente recuperará todo lo perdido; acaso valga la pena pagar un precio, pues sería un error no reconocer que hay un precio, ya se estuviese buscando una conciliación duradera o un cambio radical del orden existente.
        De hecho, Colombia es un ejemplo palpable: durante los últimos años recibió ayuda por varios miles de millones de dólares por parte de los Estados Unidos para modernizar y fortalecer su Industria así como sus Fuerzas Armadas. Si nos sucede algo similar, los paraguayos podríamos decir en un futuro no muy lejano: todas nuestras medidas de índole política y diplomática, mediante la deliberada colaboración con las dos potencias anglosajonas, se han combinado para crearle a nuestros vecinos una situación que a la larga no podrán sostener”.
        Para colmo de males de ésta época, ya prevalecen en Sudamérica tres series de compromisos: la primera consiste en alianzas tradicionales, apoyadas por la maquinaria ya habitual de conversaciones de Jefes de Estado y consultas políticas. La segunda serie consiste en unas garantías especiales como las de los protocolos ulteriores al tratado de Asunción de 1991, consideradas obviamente como menos obligatorias que las alianzas en toda forma, lo que explica porqué nunca encontraron obstáculos en los Parlamentos excepto el paraguayo. Por último, ahí está el compromiso de la propia Organización de los Estados Americanos (OEA) con la democracia y la seguridad colectiva, que en la práctica fue devaluado por Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela, pues si en realidad la seguridad colectiva es fidedigna, es también, por definición, inadecuada para garantizar la seguridad de los derechos, incluso de sus principales miembros fundadores, ya que la maquinaria burocrática causa interminables retardos para investigar hechos, arbitrariedades y otros diversos medios de conciliación, como lo hemos sufrido en el MERCOSUR y la UNASUR. La única esperanza que queda para un nuevo y pacífico orden Sudamericano es que el alivio emocional e ideológico de los propios acuerdos y las expectativas que produjeron, pudiesen superar sus fallas estructurales. En retrospectiva, se ha vuelto obvia la mala política de crear dos clases de organizaciones en América del Sur (ALBA y UNASUR) pero Hugo Chávez la consideró como una extensión esencial de los compromisos estratégicos de Venezuela, que llegaba al límite de lo que los Gobiernos Sudamericanos apoyarían hablando de “justicia”, aun cuando discreparan marcadamente en su definición.
       Ante estas perspectivas, la política paraguaya debe evitar volverse cada vez más reactiva y defensiva –como antes de Cartes lo fue– porque los Dirigentes confundidos suelen tender a sustituir un sentido de la dirección por simples maniobras de relaciones públicas. Hay que tener una política decidida; y una alianza política, económica y militar con los EE.UU. y Gran Bretaña, como ya lo estuvieron propugnando Líderes del área Empresarial, Políticos y Militares, no era (ni es) descabellada, ante la manifiesta hostilidad –entonces– económica y política hacia el Paraguay por los Estados Bolivarianos y sus aláteres, además del rearme iniciado por Venezuela, Ecuador y sobre todo Bolivia, que resulta alarmante para nuestra propia seguridad. Con la alianza antes citada, Paraguay podría respirar más tranquilo organizando unas pequeñas Fuerzas Armadas, pero muy modernas y excelentemente armadas y equipadas, que servirían como una “fuerza de disuasión”, una Force de Frapper, como dijera De Gaulle, ya que el derecho de defensa propia y el hecho de que cada Nación fuera su propio juez de las necesidades de esa defensa propia es un reconocimiento consuetudinario de todo el Derecho Internacional; y así, el apoyo económico, comercial y militar de ambas potencias anglosajonas sería tan necesario y su amistad política tan deseable para Paraguay que, sin tener que recurrir a la maquinaria internacional, podría hacer por sí sólo un acuerdo amistoso con sus vecinos
        Así pues, incluso en este aspecto, la “Política de Realización” sigue siendo la única opción realista del Paraguay; y eso sólo puede hacerlo un frío practicante de la Realpolitik, que favorezca el interés nacional paraguayo con implacable persistencia.
       Sin embargo, a diferencia de sus críticos Nacionalistas Chauvinistas –y en total contraste con Liberales e Izquierdistas– Cartes confía en la paciencia, las componendas y la venia del consenso Sudamericano –si ello fuere posible– para alcanzar sus metas. Su agilidad mental le permitiría cambiar concesiones de papel –especialmente en la cuestión sensible y simbólica de las reparaciones por parte del MERCOSUR– por el fin de la injusticia y la hostilidad hacia el Paraguay y la perspectiva de unos cambios a largo plazo que no dejarían de colocar a su Patria en una posición cada vez más vital. Hasta el fin del Gobierno Luguista y Liberal la Cancillería Paraguaya ha practicado una política de sumisión. Ahora que Horacio Cartes ejerce el Poder, notamos que ya está comenzando a aplicar una política positiva de firmeza, que pronto se convertirá en una política de exigencias. Por de pronto, según la declaración de los “socios” del MERCOSUR, con las elecciones generales de Abril de 2013 cesó la “suspensión” del Paraguay y éste pudo regresar con el halago de restituírsele “todos sus derechos e igualdad en un sistema que daría seguridad a todos sus miembros”, frase ambigua que implica el derecho teórico a esa paridad que las prescripciones de los Protocolos de Ushuaia 1 y 2 hacen tan difícil, cuando no imposible, de lograr,  ya que la fórmula de “igualdad” dentro de un sistema de “seguridad” es una contradicción de términos, y desde Agosto del 2013 ni el ánimo del nuevo Gobierno ni el público paraguayo están para tales sutilezas.

2.- PERSONALIDAD POLÍTICA DE HORACIO CARTES.

         Horacio Cartes nació hace 58 años en un Paraguay que consolidaba el largo camino hacia la Dictadura unipersonal signada por el “culto a la personalidad”. Desligándose de cualquier trato con el Sistema, se dedicó al contrario, a construir y solidificar desde muy joven su imperio Empresarial, para luego incursionar en la dirigencia deportiva, pero no obstante estas actividades que ocupaban bastante de su tiempo, nunca dejó de interesarse en el rumbo político de su patria, siendo un perspicaz y sagaz observador del mismo. Con las facciones campechanas de un paraguayo típico, despierta rápidamente la confianza de la gente. Su proverbial caballerosidad, adquirida en su juventud, refleja una serenidad asombrosa, tan necesaria en un Gobernante de un país pobre y atrasado, pleno de problemas de asimetrías estructurales, pocos de cuyos ciudadanos adultos podían recordar un pasado político del que pudieran enorgullecerse. En la oficina de Cartes, las cortinas estaban siempre a medio correr, haciendo que todo el que entrara se sintiera como en un capullo donde el tiempo se había detenido. Esa serenidad que la personalidad de Cartes trasmite, es la característica más necesaria en un Gobernante cuya misión es dar a su país –que tiene muchas razones para dudar de su pasado político– el valor necesario para enfrentarse a un futuro incierto. Cuando Cartes se decidió a dedicarse de lleno a la actividad y la lucha política, pareció que toda su vida había sido una preparación para la responsabilidad de devolver el respeto a su sociedad, jaqueada, desmoralizada y dividida.
       El sentido de seguridad interna de Cartes se debe más a la fe que al análisis. Aunque no es un estudioso erudito de la historia, sin embargo todo el tiempo que pasó apartado de la política práctica lo dedicó a la reflexión: había pasado por la escuela de las convulsiones de su patria y tenía (y tiene) una intuición extraordinaria de las corrientes de la época. También posee una penetrante comprensión de la psicología de sus contemporáneos, y especialmente de sus flaquezas; en una ocasión deploró la carencia de Gobernantes fuertes en el Paraguay de las últimas dos generaciones; cuando se le mencionó a Stroessner contestó a su manera lapidaria: “Nunca confunda la energía con la fuerza”.
         Horacio Cartes se esfuerza (y se esforzará aún más) desde el Poder por superar las turbulentas pasiones del Paraguay y por dar a su país –con su historia de extremismo y su inclinación a lo romántico– una reputación de confiabilidad. Devoto interesado en la Realpolitik, sobre todo ahora que el Paraguay se halló tan atacado, la grandilocuente centralización política autoritaria siempre le pareció ofensiva a su propio estilo, sobrio y objetivo. No tiene ninguna afinidad con la Oligarquía aristocrática, que había creado un Paraguay dividido en clases muy distantes donde una exigua minoría lo tiene casi todo, y considera que había sido un gran error de política exterior fundamentar la seguridad paraguaya solamente en su habilidad de maniobrar entre Argentina y Brasil. En su opinión, un Paraguay fuerte, próspero y libre, en el centro de América del Sur, no representaría una incomodidad para nadie a expensas de su propia seguridad.
        La respuesta de Cartes al caos del mundo Latinoamericano de la post-guerra fría con la aplicación cruda y a rajatabla del Neoliberalismo –que Sudamérica aún no supera– es que un país dividido y pobre, lejos de sus raíces históricas, requiere una política firme si desea recuperar algún dominio sobre su futuro. Él se niega a dejarse desviar de este curso por simple nostalgia del pasado, ni por la tradicional relación paraguaya de amor-odio con Argentina y Brasil; opta incondicionalmente por la Democracia de Occidente aún al precio de exponerse a la vindicación de los adeptos al “Socialismo del Siglo XXI” y sus simpatizantes autoritarios. Los adversarios seculares del Partido Colorado y por supuesto de Cartes: los Liberales  (PLRA), pueden jactarse de tener antecedentes intachables de oposición a la dictadura;  su tradicional base de apoyo de sus discursos siempre ha sido que se habían opuesto a ella valerosamente y en gran parte es verdad. Serán tan desconfiados de la “Política de Realización” como devotos de la “Democracia Liberal” y darían mayor prioridad a la unificación de políticas con las naciones del Pacífico que a sus relaciones con el Atlántico. Si se da una orientación pro anglo-sajona de Cartes, la combatirán, y pagarían con gusto el progreso de los objetivos nacionales del Paraguay haciendo un compromiso con la neutralidad en el MERCOSUR y la UNASUR.
        Pero pensamos que Cartes rechazará la negociación de neutralidad (dejar las cosas como están) que  desearían hacer, en parte por razones filosóficas, pero en parte por otras sagazmente prácticas: él no desea, ni deseará en el futuro, despertar reacciones nacionalistas chauvinistas ni poner al Paraguay en subasta, sobre todo habiendo ya dos modelos de Estados en Sudamérica; y comprende mucho mejor que sus adversarios locales que, en las condiciones históricas de la época, un Paraguay unido y fuerte sólo podría surgir de un acuerdo organizado contra el autoritarismo. De lo contrario, al nuevo Estado Paraguayo se le impondrían severas restricciones y se restablecerían los controles internacionales al libre tránsito de su economía. Los vecinos poderosos creerían tener un permanente derecho de intervenir.
        Creemos que Cartes considerará que para el Paraguay esta subordinación implícita, derivada de la neutralidad ante la división que ya impera en América del Sur, sería más peligrosa psicológicamente que reconocer y aceptar francamente esa división. Y el carácter de su personalidad política nos hace creer que él optará por la igualdad y la integración con la Democracia Occidental y la respetabilidad para su Patria.-