domingo, 10 de agosto de 2014

        A UN AÑO DEL “NUEVO RUMBO"                                                               

            En la época de transiciones y grandes cambios que las sociedades viven, se suscitan generalmente graves perturbaciones ideológicas, políticas y económicas que pueden llevar a terribles consecuencias, pero que, sin embargo, también pueden dar lugar a oportunidades únicas de remontar la adversidad y dirigir a la Nación hacia una era de paz, libertad y esplendor. En efecto, si llega a surgir en el país un liderazgo aglutinador, munido de laboriosidad, organización y “visión de futuro” que consustancie a la sociedad con esas virtudes y ésta haga suya esa visión de futuro, sugerida por su líder, y ponga empeño en llegar a ser eso que la Dirección le señala, la historia ha demostrado, en innumerables ocasiones, que ese futuro soñado llega a hacerse realidad. El Paraguay está inmerso en esa situación y, por lo tanto, presto para esa gran transformación, ideológica, política y económico-social que hemos señalado. Todo está por hacerse después del desorden y la postración producidos por los Gobiernos anteriores sin excepción alguna.                                                                                                                                                                                                                                
       En éste momento crítico de nuestra historia, Horacio Cartes ha iniciado una gran cruzada cívica nacionalista, que ya lo ha convertido en un verdadero “fenómeno político”, puesto que demuestra que ha comprendido plenamente que un Dirigente que limita su papel a la mera experiencia de su pueblo se condena al estancamiento; y un Líder que quiere anular la experiencia de su pueblo se arriesga a no ser comprendido. Pero le espera una tarea de Hércules, porque ni su experiencia ni sus valores han preparado al Paraguay para el papel que quiere asignarle Cartes. Habrá que trabajar mucho. Sin embargo, fue Cartes quien captó las fuentes de la motivación paraguaya, siendo la principal, tal vez, que los paraguayos no se consideraban una nación como cualquier otra; carecían de las bases teóricas y a la vez prácticas para la política de constante adaptación de los matices del poder, desde una posición de neutralidad moral, con el sólo propósito de conservar un equilibrio en continuo cambio. Pero cualesquiera que sean las realidades de la historia del Poder, la perdurable convicción de Horacio Cartes es que, en adelante, el carácter peculiar de su pueblo debe residir en la práctica y la propagación de la democracia, la libertad y la justicia social; y por otra parte, despertó las emociones de su pueblo con argumentos que eran tan moralmente elevados  y nacionales como casi incomprensibles para los Dirigentes de otros países latinoamericanos. Él comprendió que solamente podría superar el instintivo aislacionismo de sus compatriotas apelando a su fe en la naturaleza firme de sus ideales de reconstrucción de la patria. Y en cuanto al Orden Internacional: el derecho universal y no el mero equilibrio, la integridad nacional y no la autoafirmación nacional “chauvinista”, eran, en su opinión, los fundamentos de ese nuevo orden internacional.
        Las consideraciones precedentes nos llevan a realizar una breve disquisición entre el “Estadista-guerrero” y el “Estadista-profeta”: los Estadistas guerreros, se ajustan al mundo en que viven; para los Profetas, el mundo “real” es el que ellos desean crear. Y en opinión de Cartes, no hay diferencia esencial entre la libertad para el Paraguay y la libertad para Latinoamérica y el resto del mundo; es decir, que el Paraguay no debía inmiscuirse en los propósitos de otros; pero –afirmó en repetidas ocasiones– nada que concierna a la humanidad “puede sernos ajeno o indiferente”. Hay que abrirse al Mundo poniendo fin definitivo al aislamiento. Se debe intervenir activamente para aplicar en el Paraguay unos valores hasta entonces considerados exclusivos de los Países Centrales desarrollados, haciendo de ellos unos principios universales, aplicables a todos. La Diplomacia paraguaya tendría entonces un fundamento moral, cuyo objetivo básico sería un Orden Internacional nuevo y más justo. Es que desde su independencia las Naciones Latinoamericanas habían fundamentado su orden en un equilibrio de los intereses internos nacionales y una agresiva política exterior en la búsqueda de la seguridad; toda ganancia adicional sólo era un complemento. Pues bien, la aparición de Cartes en el escenario inaugura una nueva época del Paraguay, uno de esos raros ejemplos de un Líder que altera fundamentalmente el curso de la historia de su Patria que, a partir de ahora, ya no podrá ser tratada como antes por los Estados Latinoamericanos y menos por sus vecinos.
        Está muy bien que la Diplomacia paraguaya busque abrirse al mundo después del brutal atropello sufrido de parte de sus “socios” del MERCOSUR –y de la persecución implacable de los Gobiernos de Argentina, Venezuela, y demás gobiernos de los Estados del ALBA, tanto en la UNASUR como en el PARLATINO– pero no puede seguir ignorando a la 2ª potencia política, económica y militar del mundo: China, manteniendo la ficción de la “República de China en Taiwán (que sólo obtuvo su “independencia” y permanencia gracias a la protección de la VI Flota Norteamericana) desobedeciendo la Resolución Nº 2.768 de la ONU del 25 de Octubre de 1971. Al respecto, en una muestra de realismo político y visión de futuro, el Dr. Diógenes Martínez, durante su período de Canciller y Senador, ha impulsado ese reconocimiento y continúa impulsándolo como fundador y Presidente de la “Asociación de Amistad Paraguay-China”.
        Pero ya estuvimos inmersos, en lo partidario y extra-partido, en la lucha más dura de todas: el “juego de la conquista del Poder”. El  conocido gran escritor Hermann Hesse, en su conocida novela muy alegórica sobre el tema, “El Juego de Abalorios”, decía en un pasaje: La única forma de aprender las reglas de este juego de los juegos, consiste en seguir los cursos habituales, que exigen muchos años de estudio; ninguno de los iniciados debió tener nunca el menor interés en volver más fáciles las reglas del juego”. En realidad, el objetivo del juego del Poder es simple: saber qué se quiere exactamente y alcanzarlo; en contraste, los movimientos del “juego” son infinitos y complejos y por lo general implican la manipulación de personas y situaciones en beneficio propio. En cuanto a las reglas, sólo se descubren si el juego se sigue hasta el final. Parafraseando a Marx y Lenin, podemos decir: “No juguéis nunca el juego de la conquista del Poder si no estáis dispuestos, una vez comenzado, a jugarlo hasta las últimas consecuencias…”
       Bien, después de la caída del Partido, y tras un período de confusión, en la cúpula superior de la Junta de Gobierno del Partido Colorado, especialmente la Comisión Ejecutiva, se incorporó un grupo de individuos que no se distinguían por su inteligencia, su personalidad ni su visión. Llevados al poder al final de un tormentoso proceso, en Marzo de 2011 fueron electos y aceptados por la masa partidaria no precisamente con admiración y entusiasmo, sino con una especie de miedo, furia, desilusión y preocupación. Parecía como que todo el mundo hubiese comprendido su evidente inferioridad y esperara tan solo que el Partido siguiera arrastrándose hacia delante de algún modo hasta que un día, renovado y recobrado el vigor, produjera un Caudillo destinado a ocupar el lugar que hasta entonces permaneciera vacío y que pudiera volver a conjugar el prestigio personal con el Liderazgo Partidario y Nacional. Esa Comisión Ejecutiva –con disidencias– aprobó   y emitió una “Resolución” en la cual se exigía a Horacio Cartes que “deslindase responsabilidades” respecto a la acusación (sin citar nombres) del Presidente Uruguayo, Mujica,  sobre la existencia de un “narco-coloradismo”. Y sin embargo,  más tarde, por conveniencia política,  esa misma “Comisión” fue a solicitar el favor de Cartes y ponerse a sus órdenes. Éste perdonó todo y los aceptó poniendo en práctica el célebre apotegma de León Trotsky: “La política no conoce el resentimiento personal ni el espíritu de venganza, la política no conoce mas que la eficacia”.  
         Un Político-Estadista siempre puede eludir sus dilemas haciendo las suposiciones más favorables acerca del futuro; una de las pruebas será su capacidad para protegerse contra contingencias desfavorables y hasta imprevistas. Pero la alta política no tolera la debilidad aun si la víctima no es su principal causa, y el prestigio de la Presidenta del Partido, Lilian Samaniego, pudo llegar a su apogeo cuando se presentó como Jefa conciliadora de un ambiente político hostil, pero cuando su política empezó a reflejar más confusión y doblez que claridad de propósitos, su posición empezó a declinar rápidamente. Y entonces debió dar un golpe de timón para encauzar el rumbo de la nave Republicana si no quería ir cayendo en el limbo reservado a los políticos que han naufragado por aspirar a unos objetivos que estaban fuera de su capacidad. Afortunadamente, tanto para ella como para el Partido, resolvió hacer el cambio en el sentido que reclama el ímpetu de la historia.                                                                                                      
         En cuanto a Horacio Cartes, debería   meditar   atentamente
 –tanto para su política  nacional como internacional– sobre lo que escribe Hermann Hesse en otro pasaje de esa su obra maestra sobre el ejercicio del Poder para ser vencedor: “Debía dedicarse ante todo a los selectos, al grupo de los poderosos, a los grados superiores y al trato absolutamente personal con esa Élite. Podía dejar los archivos en manos de los archivistas, los cursos preparatorios a cargo de los maestros, la correspondencia a las secretarias, y no estaría descuidando ningún asunto importante. Pero no se atrevía a dejar a la Élite librada a sí misma ni un solo instante. Debía seguirlos, incitarlos imponiéndose, y volvérseles indispensable. Tenía que convencerlos del valor de su capacidad y de la limpieza de su voluntad; debía conquistarlos, cortejarlos, ganarlos, medirse con cualquier candidato que deseara desafiarlo… y había superabundancia de tales Candidatos”.
        Porque de la solución de los problemas emergentes de ellos, dependió que Cartes pudo disfrutar, en las pasadas elecciones del 2013, de lo mismo que el protagonista Josef Knecht : “Por fin la meta fue alcanzada y la batalla estaba ganada. Había costado ciertamente mucho esfuerzo llegar a dominar a la Élite, cansarla con ejercicios, domar a los aspirantes muy ambiciosos, ganar para su persona a los indecisos, impresionar a los orgullosos. Pero la obra estaba realizada, el grupo de Candidatos había reconocido a su Magister Ludi (Maestro del Juego) y se le había rendido. De pronto todo fue fácil, como si hubiese faltado solamente una gota de lubricante”.
        Haciendo una breve evaluación de este año de Poder transcurrido, observamos que Cartes está tratando de poner orden en la economía y finanzas para impulsar el desarrollo, además de profundizar la apertura política; y se encuentra con varios desafíos de los que enumeraremos algunos de los más importantes:
1)   El problema económico y la cuestión social:                .                       “Trabajadores: obreros  y  empleados”.
        Los Dirigentes más lúcidos y avanzados del Partido Colorado creen que, en una economía basada en el desarrollo social, y en que la lucha contra los despilfarros y la corrupción debe ser intensificada, la Empresa de tamaño mediano, industrial, comercial o artesanal, ofrece un campo natural a la innovación técnica y a la creación de empleos. Las PYMES cubren ya un buen porcentaje del territorio del empleo: abren así la posibilidad de satisfacer unas necesidades nuevas que se le escapan a la producción en masa, y contribuyen, finalmente, a mantener el equilibrio entre los medios rural y urbano, entre la ciudad y su periferia; lo mismo puede decirse de las COOPERATIVAS.
        Ahora bien, es necesario que nuestra economía crezca para darle empleo y un mejor nivel de vida a la población paraguaya. La urgencia de este requerimiento ha sido la excusa para que algunos mal intencionados planteen que la República debe primero progresar económicamente y que la actividad política debe quedar subordinada a las previas soluciones económicas. Pero entre Política y Economía no existe tal antinomia. Toda dirección económica tiene paralela una línea política consecuente con aquella. Si tomamos como meta de nuestras aspiraciones económicas mejorar la situación actual, si aspiramos a desarrollar nuestra economía multiplicándola, el primer paso a dar deberá ser poner en ejecución un Plan de Crecimiento Económico. Y este Plan solamente podrá ser llevado a cabo si recibe el apoyo político organizado de sus beneficiarios: los grandes núcleos nacionales de trabajadores, campesinos, profesionales, agricultores, comerciantes e industriales. Un plan efectivo de desarrollo económico sólo será llevado a cabo si sus Ejecutivos, ya desde el Poder, logran el respaldo político de las mayorías ciudadanas. Y esto es algo que en los doce meses de Gobierno aún no se ve ni se palpa claramente en la opinión pública.
        Debemos examinar ahora la excesiva concentración de la riqueza y sus consecuencias. Algunos afirman que la desigualdad de las fortunas no ha aumentado sensiblemente desde los años ochenta hasta el presente. Eso es negar las abrumadoras pruebas en contrario, es ignorar deliberadamente los indicios que nos suministran el aumento de la pobreza, la disminución del poder adquisitivo de las clases medias, la decadencia del ingreso medio asalariado, el rápido aumento del número de multimillonarios en paralelo con el número de los sin  hogar y los sin tierras, los máximos históricos de los tipos de interés y la exagerada especulación. También están los que afirman que no hay contradicción entre la disparidad de las fortunas y el interés general: “¿Qué hay de malo en ello?”, dicen. Nuestra respuesta es que la concentración excesiva de la riqueza representa un cáncer social que, en el mejor de los casos, sirve para mermar el nivel de vida general, y en condiciones desfavorables precipita las depresiones y, porqué no, la ingobernabilidad generalizada y aún Revoluciones. Opinamos que la excesiva concentración de la riqueza ejerce los efectos deletéreos siguientes sobre cualquier sistema económico:
1.-Favorece las absorciones de Empresas y la tendencia a la formación de Monopolios, siendo por tanto contraria a la libertad de empresa. 2.-Priva de incentivo a la laboriosidad y fomenta la especulación. 3.-Incrementa el endeudamiento interior. 4.-Favorece el aumento de los tipos de interés. 5.-Fomenta el déficit comercial. 6.-Socava  la  estabilidad  del     sistema    Bancario.
7.-Acaba por desencadenar la depresión. 8.-Suele crear las condiciones para que se produzcan disturbios violentos.
      Y es ley general que, siempre que aumenta la desigualdad de las fortunas con ella aumenta la especulación. Por eso, el Gobierno que quiere formular una teoría, una línea política o un “Nuevo Rumbo” más justo, debe dejar de lado las excepciones y  fijarse en la “ley general”.
       Permítasenos recordar al respecto  las “Lecciones de la Historia: Una y otra vez, ante concentraciones enormes de riqueza en manos de unos pocos, las masas empobrecidas se han visto empujadas a la rebelión, para derribar de sus lujosos pedestales de poder y de prestigio a los opulentos. La riqueza y la codicia de los Borbones de Francia y de sus cortesanos fueron las causas de la Revolución Francesa. La aristocracia rusa y el régimen Zarista fueron derribados por la Revolución Bolchevique. El Sha de Irán fue depuesto en medio de un sangriento alzamiento. La historia nos enseña, sin lugar a dudas, que las grandes disparidades de la riqueza conducen, andando el tiempo, a grandes disturbios. No escribimos esto como profecía, sino como aviso, dentro del espíritu de un Thomas Jefferson cuando advertía a la opinión pública francesa, precisamente cuatro años antes de la Revolución, “que la extrema concentración de la riqueza en aquella sociedad acarrearía las más graves consecuencias”.
        Pero por el momento y lo más urgente para iniciar una mejor distribución de la riqueza es la puesta en marcha de una auténtica REFORMA TRIBUTARIA que quiebre, o por lo menos reduzca el Poder de la PATRIA FINANCIERA que ni siquiera paga impuestos, y el estímulo a la formación de un “Empresariado Schumpeteriano” base de la ECONOMÍA SOCIAL DE MERCADO y que ha hecho grandes a las potencias Occidentales.
2)   La inseguridad, la delincuencia y la corrupción:
         La decadencia moral en el Paraguay”.
         Nunca corremos tanto peligro de dejarnos extraviar por nuestros prejuicios como cuando queremos determinar el nivel moral de una época, de no ser en el caso parecido de la investigación de la decadencia de las creencias religiosas. En ambos casos la excepción dramática atraerá nuestra atención y la desviará del no documentado término medio. Muchos factores contribuyeron a la decadencia moral que acompañó la exaltación intelectual de nuestra reciente Democracia. Probablemente un “factor básico” fue, y es, el crecimiento de la disparidad de la riqueza. La difusión de la riqueza y la libertad en las clases media y alta y en la Dirigencia Política debilitó el ideal de modestia y su costumbre: hombres y mujeres llegaron a despreciar una ética nacida de la pobreza y el temor y que se oponía antes a sus impulsos y a sus medios. Sin saberlo, por no haberlo leído, cayeron sin embargo en una creciente simpatía por la opinión de Epicuro, de que debía gozarse la vida y de que todos los placeres debían considerarse inocentes hasta que se demostrase que eran culpables, triunfando del freno de la templanza. Mientras tanto, en las clases bajas, se reproducía al revés la famosa frase de Lord Acton: “El Poder corrompe, el Poder absoluto corrompe absolutamente”. Para los pobres y desposeídos, podría decirse que “La falta de Poder corrompe, y la falta de Poder absoluto corrompe absolutamente”; ellos ahogaban su frustración y hambre en el alcohol, las drogas baratas y la delincuencia.
         Quizá, después de la disparidad de la riqueza, la mayor fuente de inmoralidad fuese la inestabilidad política de nuestra época. La lucha de facciones; frecuencia de las elecciones que constituían verdaderas “guerras políticas” y compra de votos; la entrada con potencia de influencia extranjera; una suerte de “invasión” de nuestra vida política por nuevos políticos oportunistas, ambiciosos y venales que no reconocían restricciones morales; repetida desorganización de la agricultura y el comercio por los estragos de la corrupción y la falta de una profunda Reforma Agraria  y una drástica y justa Reforma Impositiva; desviación y burla de la Democracia y la Libertad por sustitutos del Déspota que suplantaban la legitimidad pacífica por la fuerza “Timocrática” del dinero, la demagogia y la mentira. (Platón y Aristóteles por primera vez teorizaron con el término Timocracia: para el primero es una forma de Gobierno que se basa en el deseo y la importancia del honor (timé); “constitución ambiciosa de honores” la define Platón en “La República” –VIII,  545 b– y que es corrupción de la forma correcta de Gobierno porque de la “Timocracia” se pasa precisamente a la “Oligarquía” –Gobierno de los ricos– cuando los pocos que detentan el Poder ya no se contentan con el prestigio alcanzado y, violando las leyes, “se dedican a hacer dinero apreciando más esta actividad que la virtud” –República: VIII, 550, d-e– convertidos de este modo en negociantes y avaros, exaltan al rico, al que le ofrecen Cargos Públicos y colman de alabanzas al mismo tiempo que desprecian al pobre. “Y entonces emiten leyes que establecen como límite–base de la Constitución Oligárquica cierta cantidad de riqueza, y prescriben que no tengan cargos públicos los que no disponen de un haber inferior al Censo establecido” –República: VIII, 551 a-b–. En Aristóteles la “Timocracia” es una forma de Gobierno basada en el Censo. En la Ética –VIII, 10, 1135 a 1160– se lee que una de las formas correctas de Gobierno es la que “depende de distribución de la propiedad” –es decir del Censo– “y que se define propiamente como Timocracia, aunque muchos la llaman simplemente Politía”, que es “Oligárquica” cuando se excluye del Gobierno de la cosa pública a la mayoría de los ciudadanos, y el Poder se concentra en manos de unos pocos con Censo alto).
        Todo ello desordenó la vida paraguaya y rompió la cohesión de la costumbre que normalmente conserva la moralidad pública. La gente se halló sin ancla en un mar de violencia. Ni el Estado ni la Iglesia parecían capaces de protegerla; se protegió a sí misma como pudo, mediante la fuerza o la astucia; la falta de respeto a la Ley se hizo Ley. Los Políticos (del Ejecutivo, Parlamentarios, Directores de Entes Públicos y Poder Judicial) situados por encima de la Ley y destinados a una vida breve pero excitante, se permitían todos los placeres, y su ejemplo era seguido por la minoría acaudalada.
        Sólo una Opinión Pública firme e inteligente habría podido ocupar el sitio de las perdidas sanciones morales; pero ni el Clero, ni los Líderes, ni las Universidades, estuvieron a la altura de esta tarea, como recién ahora está ocurriendo gracias a la fuerza de esa Opinión Pública.
3)La Delincuencia:
 Hay un nuevo factor que está cambiando la ecuación política en el Paraguay y que hace que cada vez menos gente esté conforme con el “statu quo”: la explosión de la delincuencia. En efecto, la pobreza en el Paraguay ha dejado de ser un problema exclusivo de los pobres. Hasta el pasado reciente la gente sin recursos vivía en el campo o en la periferia de las ciudades sin alterar la vida cotidiana de las clases acomodadas. Esa época llegó a su fin. Hoy, el aumento constante de la pobreza junto con la desigualdad y la expansión de los medios masivos de comunicación está llevando a los hogares más miserables las imágenes de cómo viven y se divierten los ricos y famosos, lo que está produciendo una crisis de expectativas insatisfechas que se traduce en cada vez más frustración, y cada vez más violencia. Hay casi una guerra civil no declarada que está cambiando la vida cotidiana de pobres y ricos por igual. Quienes viven en la economía informal y no tienen la menor esperanza de insertarse en la sociedad productiva, están recibiendo una avalancha de información, sin precedentes, que los estimulan y que los alientan a ingresar en un mundo de afluencia en un momento histórico en que las oportunidades de ascenso social para quienes carecen de educación o entrenamiento laboral son cada vez más reducidas.
       La combinación del aumento de las expectativas y la disminución de las oportunidades –que describió tan bien Vivian Forrester en “El Horror Económico”– es un cóctel explosivo según importantes analistas, porque está llevando a más jóvenes marginados a salir de sus barriadas, armados y desinhibidos por la droga, para adentrarse en zonas comerciales y residenciales y asaltar o secuestrar a cualquiera que esté bien vestido, tenga un automóvil o lleve algún objeto brillante. Tal como ocurría en la Edad Media –y ocurre ahora en toda Latinoamérica– los ricos paraguayos viven prácticamente en “Castillos fortificados” custodiados por guardias privados para no dejar entrar al “enemigo”. Algo desconocido en el Paraguay hasta hace unas tres décadas, la pobreza, la marginalidad y la delincuencia están erosionando la calidad de vida de todos los paraguayos, incluyendo especialmente a los más adinerados. Paraguay se ha convertido –desde el advenimiento de la Democracia– en un país muy violento; la calidad de vida y la seguridad se han derrumbado precipitadamente tanto en nuestras principales ciudades como en la región campesina. En la mayoría de los casos, los jóvenes excluidos de la sociedad empiezan a consumir drogas a los 8 o 10 años de edad y a delinquir poco después; viven en la calle, no conocen a su padre, no van a la escuela, no pertenecen a una Iglesia o a un Club Social o Deportivo en un creciente fenómeno de “desfamiliarización” y consumo de drogas y alcohol. Solamente una política enérgica de lucha contra la pobreza (como prometió insistentemente Cartes) y la “reeducación” podrá, al menos, mitigar este flagelo. Deben decidirse los que Gobiernan a cambiar radicalmente las estructuras –social, económica y cultural– que hoy día nos aprisionan como una camisa de fuerza.        
    4)La Corrupción Política:
        El “Wildgewordene Kleinbürger”: El meollo de esta concepción política y social reside en su descripción como la actitud de la desesperanza reaccionaria y oportunista deshonesta de cierta categoría de gente que se mueve en el espectro de todos los Partidos Políticos, pero que la distingue de la gran masa de militantes y del núcleo Dirigencial más principista y tradicional de dichos Partidos. Esta actitud la hace proclive a inclinaciones “fascistas” antidemocráticas que a la larga será “clientela” de Movimientos Políticos “duros” y supuestos “hombres fuertes”. La expresión wildgewordene kleinbürger:el pequeño burgués enfurecido, se la debemos a Trotsky que la aplicó al Nacional-Socialismo al que veía como el movimiento y la ideología de esa actitud que lo distinguía también de todos los otros partidos reaccionarios y contrarrevolucionarios. Por eso hay que combatirla por algo más que un principio moral pues de extenderse puede volverse peligrosa para la democracia y la libertad apoyando a una dictadura populista como ha ocurrido en algunos países de Sudamérica.
       En realidad, las fuerzas de la reacción convencional operan usualmente desde la cúspide de la pirámide social, para defender el Statu quo ante (“el mismo estado que antes”) y la autoridad establecida; pero el wildgewordene kleinbürger es un reaccionarismo antidemocrático desde abajo, base de movimientos plebeyos que se alzan desde las profundidades de la sociedad y expresan el vehemente afán de la baja clase media por imponerse al resto de esa sociedad. Habitualmente reprimido, ese afán se vuelve agresivo en una catástrofe nacional o una crisis profunda a la que no pueden enfrentarse la autoridad establecida y los Partidos tradicionales. Durante los tiempos de cierta prosperidad esos movimientos se encuentran generalmente en la periferia lunática de la política nacional pero una gran crisis económica y social tiende a colocarlos en primer plano. Porque la gran masa de pequeños comerciantes, oficinistas sin futuro, profesionales fracasados y “lumpen-proletarios” (elementos desclasados representados por gentes que han perdido toda suerte de vínculos con su clase, que no tienen una ocupación determinada y se encuentran sumidas en los “bajos fondos”) que suelen seguir hasta entonces a los Líderes tradicionales y se consideran a sí mismos como puntales de la Democracia Parlamentaria, ahora desertan de esos Liderazgos y siguen a Dirigentes como el Senador Víctor Bogado (actualmente procesado por corrupción y estafa), pues la gran ruina económica los llena de inseguridad y temor y espolea su afán de hacerse tomar en cuenta. Sobre ese trasfondo debe mirarse su victoria electoral, su influencia en los Círculos del Poder y los “favores” a su clientela y parientes de los “VíctorBogados”.
        El Kleinbürger (pequeño burgués) normalmente resiente su posición social: mira desde abajo, con envidia y odio, al gran Empresario que con tanta frecuencia lo aplasta en la competencia; y mira desde arriba a los obreros, celoso de la capacidad de éstos para organizarse política y sindicalmente a fin de defender su interés colectivo. Marx describió una vez lo que en Junio de 1848 llevó a la pequeña burguesía francesa a volverse furiosamente contra los obreros insurrectos de París: “los tenderos” –dijo– “vieron que las barricadas de los obreros en las calles impedían el acceso a sus tiendas, de modo que salieron y destrozaron las barricadas”. Los comerciantes y demás pequeños burgueses del Paraguay de los últimos años no tenían una razón semejante para enfurecerse: en las calles no había barricadas que impidieran el acceso a sus negocios, oficinas o actividades. Pero ellos estaban arruinados económicamente; tenían motivos para culpar a los sucesivos Gobiernos de la Transición Democrática de la República, a cuya cabeza habían visto durante años a los Líderes tradicionales; y le temían a la amenaza del desorden del extremismo Izquierdista, que aún cuando no se materializara, mantenía a la sociedad en fermento y agitación permanentes. Los grandes negocios, la “Patria Financiera”, el Parlamento, los Gobiernos de la “Transición Democrática”, el extremismo Izquierdista y el desorden en general producido por las huelgas y manifestaciones de los Sindicatos de Obreros y Funcionarios y la actividad de las  Organizaciones Campesinas, se fundían ante los ojos del Kleinbürger en la imagen de un monstruo de muchas cabezas que lo estrangulaba: todos estaban coludidos en “una siniestra conspiración que era la causa de su ruina”. Frente a los grandes negocios, el hombre pequeño rabiaba como si fuese un Socialista; contra el Obrero manifestaba con estridencia su respetabilidad burguesa, el horror que le inspiraba la lucha de clases, su furibundo orgullo nacionalista y ahora su aborrecimiento por el internacionalismo de la Izquierda Bolivariana-Marxista. Esta neurosis política de ciudadanos empobrecidos les dio a Líderes como Víctor Bogado –y otros cofrades de su misma catadura– su fuerza, su ímpetu y sus votos. Víctor Bogado era el hombre pequeño agigantado, salido de abajo, el hombre pequeño con todas sus obsesiones, prejuicios, oportunismo, deshonestidad y furia neuróticos: No todo Kleinbürger enfurecido puede llegar a ser un Víctor Bogado, pero en cada Kleinbürger enfurecido hay algo de Víctor Bogado.
       Con todo, la baja clase media (y el “lumpen”) era y es normalmente “polvo humano”. Carece de la capacidad del obrero para organizarse, pues es inherentemente amorfa y atomizada; y, pese a sus jactancias y amenazas, es cobarde dondequiera que tropiece con verdadera resistencia. La pequeña burguesía no puede desempeñar ya ningún papel independiente: en última instancia tenía que seguir a la alta burguesía o a la clase obrera. Su rebelión contra los grandes negocios era impotente: el artesano, el lumpen y el pequeño comerciante no podían derrotar a las oligarquías capitalistas monopolistas. Los Líderes como Víctor Bogado, si llegaban al Poder máximo, no podrían por lo tanto cumplir ninguna de sus promesas electorales; se revelarían como una fuerza esencialmente conservadora y reaccionaria, tratarían de perpetuar el estado de cosas con mucha corrupción, aplastarían cuanto idealismo y honestidad habría en la clase política, y al final acelerarían la ruina de la misma baja clase media y compañeros de ruta que los hubiesen llevado al Poder. Pero mientras tanto esa baja clase media y su periferia lumpenproletaria se agitaban febrilmente y su imaginación se inflamaba con el sueño del ascenso y  la supremacía social que los políticos como Bogado y otros como él habrían de darles. Porque este “polvo humano” se siente extraordinariamente atraído por el imán del Poder: sigue en cualquier lucha al bando que muestre la mayor determinación de vencer, la mayor osadía y la capacidad de enfrentarse inclusive a una catástrofe judicial y social con tal de lograr sus objetivos. Dirigentes como los que están siendo “escrachados” actualmente –a los cuales pueden agregarse muchos nombres más– son los que recogen todo el detritus del pensamiento político moderno porque todo lo que la Sociedad, de haberse desarrollado normalmente habría rechazado como el excremento de la cultura, brota ahora por sus gargantas y accionar: es así como la “anti-civilización” que todavía existe en el Paraguay está vomitando su barbarie indigesta.
5)   La relación con el Partido de Gobierno:
        La importancia del Partido Político en la consolidación del Poder, el mantenimiento del Orden y la Gobernabilidad”.
       Condición indispensable en la edificación del Poder del Gobierno es la presencia y  actividad del Partido Político que lo sustenta; porque sin el apoyo masivo de un Partido, probado y templado en los combates y con una larga tradición detrás de sí, el Gobierno no podrá librarse del yugo de los intereses creados y establecer su propio poder político; y la importancia del Partido Político se eleva aún más después de conquistado el Poder Estatal.
        La historia enseña de muchos casos en que las fuerzas políticas después de conquistar el poder, no sabían qué hacer con él, concluyendo de este modo a labrar su propia derrota. Entonces, el Partido que las apoya es el encargado de pertrecharle con este conocimiento. Después de la victoria, al Gobierno triunfante se le plantea la tarea de consolidar el Poder conquistado, y –en nuestro caso paraguayo actual– desplegar una labor encaminada a la transformación del régimen económico de la sociedad y, por último, organizar la creación de una nueva economía y de una nueva cultura. Y sin un Partido férreamente organizado y templado en la lucha, sin un Partido que goce de la confianza de todo lo que haya de honrado en la ciudadanía, sin un Partido que sepa pulsar el estado de espíritu de las masas e influir sobre él, es imposible llevar a cabo esta tarea. Esto significa que también nuestro Partido Colorado debe ser transformado, modernizado, remozado y cultivado con nuevas costumbres que lo hagan distinto a lo que antes era y lo llevaron a la llanura.
6)   Experiencias fallidas:
       Como ahora se ha abierto el debate –a raíz de los nombramientos en Cargos Ministeriales y Dirección de Entes Públicos– sobre si es mejor gobernar con “Técnicos” antes que con “Políticos”,  es interesante recordar lo que expresaba, ya en 1690, después de consumada la  Revolución Inglesa  de   1688-89
 –llamada “La Gloriosa”– George Savile, Marqués de Halifax, “Lord del Sello Privado” del Gobierno del nuevo Rey Guillermo III y el más notable e influyente de ese Gobierno, respecto a la diferencia entre un  Político “culto” y un “Técnico”: que la diferencia entre ambos es que el Político tiene “la capacidad de ver el momento y la parte, a la luz de lo perdurable y el todo” “con la amplitud y la precisión de un Filósofo Político y el rigor incisivo de un Estadista práctico”. Es decir, que el Político (si está intelectualmente bien dotado) puede “volar más alto que un Técnico pedestremente apegado sólo a las querellas cotidianas que su estrecha y limitada función le presenta”; porque el “Técnico” no tiene la “muñeca política” que le permita comprender y “manejar” a la gente. Y Halifax nunca se contentó con ser enteramente un hombre de Gobierno”. “El Gobierno del mundo –escribió, en el sentido de Gobierno de las Naciones– es una gran cosa; pero es también algo muy tosco comparado con el conocimiento especulativo”. Comprendió perfectamente que la política tenía que manejar multitudes, lo que le alarmaba, diciendo: Hay una crueldad acumulativa en un número de hombres, aunque ninguno de ellos sea naturalmente malo… El zumbido iracundo de una multitud es uno de los ruidos más sanguinarios del mundo”.
      Por eso queremos reseñar las experiencias de algunos casos muy emblemáticos y conocidos de Gobernantes que intentaron conducir sus naciones apoyándose solamente en “Técnicos” y algunos “Poderes Fácticos”, desechando a los Partidos Políticos en general y a sus Dirigentes en particular, y así les fue:
     ALBERTO FUJIMORI: Presidente del Perú en la última década del siglo XX, se jactaba abiertamente ante la prensa de que en su Gabinete “no había un solo político sino todos “Técnicos” (sic). Y ¿cómo le fue a Fujimori? ¿cómo terminó? Desde que en 1992 dio su “autogolpe”, con la ayuda de las Fuerzas Armadas, disolviendo el Congreso, el Poder Judicial y proscribiendo a los Partidos Políticos, instauró en Perú una espantosa tiranía que violó todos los “Derechos Humanos” y las prescripciones constitucionales, con un conjunto de corrupción, torturas y crímenes de la mano de su “Asesor Técnico” de Seguridad Vladimiro Montesinos, aplicando una política económica neoliberal que provocó una violenta reacción popular, teniendo que huir del país y del poder, estando ahora ambos en la cárcel.
      Y ni siquiera mejoró la situación económica, dejando una herencia tan pesada que su sucesor Alejando Toledo no pudo revertir en cinco años de mandato, “levantando la cabeza” el Perú recién bajo el Gobierno del socialdemócrata Alan García, quien implementó una “Economía Social de Mercado” con muy buenos resultados que se sigue hasta hoy.
       AUGUSTO PINOCHET: Este sanguinario Dictador de Chile que tomó el Poder, en 1973,  con un cruel Golpe de Estado, también proscribió los Partidos Políticos y puso en el Gobierno a los “Chicago Boys”: Técnicos neoliberales discípulos de Milton Friedman, que para 1982 llevaron al país a un colapso económico y social, teniendo que intervenir el tan vilipendiado Estado (para ellos) para salvar a Bancos, Empresas y en general el aparato productivo, siendo despedidos por el dictador quien nombró a Hernán Büchi como el “zar” de la economía para poner cierto orden, quien como Candidato Presidencial fue contundentemente derrotado por la coalición opositora la que operó cambios hacia una Economía Social de Mercado también.
        GONZALO SÁNCHEZ DE LOZADA: Criado y educado en los EE.UU., también instauró en Bolivia un régimen de “Técnicos” que ejecutaron una política económica Neoliberal diseñada y asesorada por nuestro conocido economista norteamericano Jeffrey Sachs, con los resultados que sabemos: una violentísima reacción popular con más de un  centenar de muertos que lo obligó (a Lozada) a dimitir y huir del país dejando abiertas las puertas para la entronización de Evo Morales.
         JUAN CARLOS ONGANÍA: El caso de este General que también llegó a la Presidencia de Argentina por un  Golpe de Estado –que él llamó “la Revolución Argentina”, destinada a durar 20 años– es uno de los más emblemáticos por ser el primero en prescindir de los Políticos y sus Partidos, pretendiendo (como lo anunció soberbiamente) gobernar solamente con “Técnicos” y apoyado en el Empresariado y las FF.AA. Pero fracasó completamente tras cuatro años de Gobierno (1966-1970) siendo derribado por esas mismas fuerzas que lo encumbraron. Al respecto, es interesante recordar el campechano comentario de Perón ante su caída: Yo sabía que este muchacho iba a fracasar. Entró comportándose como ‘el peludo de turno’ repartiendo golpes aquí y allá. Pero los Técnicos y los Militares solo conocen una cara de la moneda y no pueden gobernar sin los Políticos”. Y para remarcar aún más lo orgulloso que estaba de su condición de Político, declaró a la prensa durante su visita al Paraguay antes de volver a asumir la Primera Magistratura de Argentina: “Los militares intentaron llegar a un acuerdo conmigo. Me ofrecieron incluso devolverme mi Grado de General. El Grado de General… ¿para qué lo quiero? Ser General no me costó nada, sólo tuve que dejar pasar el tiempo hasta alcanzar la antigüedad requerida. En cambio, ser Perón me costó”.

7)   La polémica con el Presidente Cartes:
          Los nombramientos para cubrir las Carteras Ministeriales y la Dirección de los Entes Administrativos hechos por el Poder Ejecutivo, han desatado una grande y aguda controversia en el Partido Colorado y en la opinión pública en general. Algunos más recalcitrantes piensan que el Presidente de la República se embarcará en un Gobierno apoyado fundamentalmente en “Técnicos” –que  precisamente por no ser “Políticos” y no tener la visión de futuro ni interés electoral ni “clientela” que satisfacer como éstos, no pueden ofrecer resistencia alguna– extraordinariamente obedientes a los dictados de aquél. Recordamos lo que Shakespeare hacía decir a Julio César en su obra homónima: Yo prefiero a mi alrededor hombres gordos de cara lustrosa y que ronquen por la noche antes que a esos individuos magros, ojerosos, que pasan las noches en vela, activan mucho entre la gente y piensan demasiado: éstos son peligrosos e incómodos, los otros no causan problemas”.
        Otros más cautos creen sin embargo que el Ejecutivo rectificará rumbos y no dejará de apoyarse en la Organización Partidaria porque su titular comprende perfectamente el peligro de quedar aislado de su base popular, “navegando” en las turbulentas aguas del “cambio” que requiere el momento actual, recostado solamente en “Técnicos” obsecuentes (que aunque estén afiliados al Partido no han hecho nunca militancia política y no tienen experiencia de cómo llegar a la gente) y un Empresariado que exigirá una política de rápidos resultados para sus intereses. Pero es preocupante que en el discurso de toma de posesión del Presidente de la Rca., muy bien elaborado y con una retórica brillante, no se haya hecho mención alguna de la necesidad de una amplia y radical Reforma Agraria que reduzca esa tremenda asimetría estructural del campo –donde el 1% de la población es propietaria de casi el 80% de las mejores tierras cultivables– ni de la relación con los Sindicatos de Trabajadores, a los que no se puede ignorar, y su situación laboral. Por otra parte, los designados como Ministros –excepto el Canciller Eladio Loizaga– no resisten la crítica a su condición de “Técnicos” en la materia de su competencia según se desprende de sus currícula que no revelan mucha experiencia en ella. Recordemos que el Diccionario de la Real Academia define al “Técnico” como “El que tiene sabiduría y experiencia práctica en un arte o ciencia”. Como “botón de muestra” tenemos la falta de reflejos políticos en la reacción del Ministro del Interior De Vargas, quien ante el primer ataque sangriento del EPP bajo este nuevo Gobierno, sólo atinó a responder  con medidas de fuerza pidiendo la movilización masiva del Ejército y la Policía, cuando que la experiencia histórica ha demostrado que el máximo empleo de la fuerza no basta para derrotar a las guerrillas, que, como lo escribió Mao Zedong, “viven y se mimetizan entre el pueblo como pez en el agua”. Si solamente la potencia militar pudiese domeñar la insurgencia montada sobre el terrible descontento popular, los Franceses no hubieran “mordido el polvo” en Diem Biem Phu en 1954, ni sus sucesores en Indochina: los Norteamericanos, hubiesen perdido la Guerra de Vietnam, Cambodia y Laos; Argelia y Angola no hubiesen logrado su independencia a base de lucha guerrillera; Castro no habría triunfado en Cuba; los Sandinistas en Nicaragua; ni Colombia, que recibió durante décadas una masiva ayuda militar y económica, con “expertos”, de los EE.UU., estaría negociando la paz con las FARC. Recomendamos al Ministro del Interior –si es propenso a la lectura– enterarse de lo que escribieron, además de Mao Zedong (“Manual de Guerra de Guerrillas”), el vietnamita Ho-Chi-Ming (“Elefantes contra Conejos”), Ernesto “Che” Guevara (Obras Completas: “La Teoría del Foco”) y Regis Debray (“Revolución en la Revolución”) entre otros.
         Así pues, nosotros pensamos que un Gobierno que quiera ser eficiente y eficaz, debe tener como Ministros y  Directores  de    Entes Públicos –excepto en las Binacionales– a Políticos intelectualmente capaces para comprender “el momento y la parte, a la luz de lo perdurable y el todo” y con gran sentido de organización para rodearse de excelentes Técnicos, como sucede en los Estados Europeos y en los EE.UU. Y estamos seguros de que el Presidente Cartes más temprano que tarde así lo hará pues es demasiado inteligente para cometer un gran error (un buen ejemplo lo constituyen los nombramientos de Aníbal Saucedo Rodas y Diógenes Martínez). Creemos que este Gabinete es tentativo y provisorio, con gente de su confianza a la que conoce mientras va observando a los Políticos Colorados capaces de ser útiles en el Gobierno.
8)   La guerra campesina:
        En un estudio publicado en una fecha tan lejana como 1964, el escritor y político argentino Jorge Abelardo Ramos examinó las ideas de Ernesto “Che” Guevara sobre la aplicabilidad de la guerrilla como fórmula única de la lucha en América Latina: “La autoridad revolucionaria legítimamente adquirida por Guevara por su actuación en la Revolución Cubana volvía indispensable esa puntualización, por más severa que fuese. Respetábamos su notable figura como guerrillero, pero expresábamos nuestras reservas como teórico de la revolución latinoamericana, justamente porque su prestigio aumentaba los peligros de la difusión de una concepción voluntarista profundamente errónea. Pero la ratificación por Fidel Castro de aquellas tesis de Guevara y su tentativa de aplicación en varios Estados Latinoamericanos obligan a considerar nuevamente la cuestión”.
       Esto parecería haber sido escrito en esta época y para el Paraguay de ahora, que tiene a una Guerrilla al parecer intoxicada por esa ideología aunque nuestro bobalicón  Ministro  del  Interior
 –que debe ser removido sin más trámite y cuyo reemplazante ideal sería el Dr. Bader Rachid Lichi– asegura que sólo se trata de “un grupo de criminales y narcotraficantes sin ninguna ideología”(sic); pero el EPP está fuertemente ideologizado (por la ideología del “foco”), por eso continuaremos analizando la cuestión. Las ideas de Castro y Guevara han sido reformuladas por, en aquél entonces un joven intelectual francés: Regis Debray (que ahora, en su madurez, ha abjurado completamente de ellas en su libro “Alabados sean los Señores”). Sus tres trabajos publicados permiten ofrecernos una idea de conjunto de lo que es la escala de valores de los revolucionarios cubanos (porque perviven aún hoy) sobre los múltiples problemas de América Latina y en particular acerca de los métodos aplicables a su revolución. Y los errores de Debray alcanzan proporciones espectaculares: el concepto dominante de estos trabajos consiste en elevar la lucha armada al nivel de único para la lucha revolucionaria y en reducir todas las etapas de la lucha política a un conjunto de fórmulas técnico-militares porque “la lucha armada parece tener razones que la teoría no conoce”. La fórmula introductoria es muy singular: “Liberar el presente del pasado”, esto es, no hacer mucho caso a la experiencia histórica de las revoluciones. La originalidad que va a brindarnos Debray así lo exige, pues nos dice a continuación que pocos años de experiencia armada en América Latina han hecho “mucho más para dar a conocer la singularidad de sus condiciones objetivas que las décadas precedentes de teoría política copiada”. Pero ignora que en “las décadas precedentes” no sólo se habían formulado en América Latina “teorías políticas copiadas”, sino además movimientos de masas no copiados, entre ellos algunos armados; recordemos a Zapata, a Sandino, a Prestes, a los mineros bolivianos de 1942 y a la clase media y obreros de Bolivia de 1952.
        De la idea central de Debray se desprenden necesariamente todos sus extravíos laterales. En efecto, afirma que la Revolución Cubana ha sustituido el Partido por la Guerrilla, y que sólo la guerrilla puede generar al Partido. El Jefe de ésta debe reunir a la vez la condición de Jefe político y militar. Sin embargo, en China y Viet Nam el Partido creó su fuerza militar subordinada a la dirección política de aquél. Pero Debray dice que en América Latina, Cuba ha enseñado un nuevo camino, es la Guerrilla la que genera el Partido: “esta es la desconcertante novedad inaugurada por la revolución cubana”. Esta novedad habría puesto fin a “un divorcio de varias décadas entre teoría marxista y práctica revolucionaria”. Ahora, el marxismo se ha encarnado al fin. ¿Y los Partidos Marxistas?: “Ahí donde el instrumento no sirve ya, ¿debe detenerse la lucha de clases o deben forjarse nuevos instrumentos?”…. la Guerrilla se convierte en Dirección Política…” y, “una perfecta educación marxista no es, para comenzar, una condición imperativa”.
        Naturalmente esto no lo comprenden los hombres de ciudades porque “El hombre de ciudad vive como un consumidor…. Aunque sea un camarada, si se pasa la vida en la ciudad es un burgués sin saberlo en comparación con el guerrillero…. Se dice bien que nos bañamos en lo social: los baños prolongados ablandan. Los únicos que no se ablandan son los que se bañan en el propio ombligo. Es decir, que se bañan en lo individual; son los duros individualistas que pretenden sustituirse al Partido y al pueblo y se autoeligen para el martirio. Lenin escribió varios volúmenes para condenarlos, al mismo tiempo que se inclinaba ante su heroísmo personal. Es imposible seguirlo a Debray en su romantización del “núcleo elegido” sin recordar la observación de Engels, que no sólo era un maestro del socialismo, sino también un robusto joven que luchó con las armas en la mano y algo sabía de milicia: “¡Qué pueril ingenuidad la de presentar la propia impaciencia como argumento teórico!”.
       Pero ahora ya tenemos entre nosotros al EPP (Ejército Paraguayo del Pueblo) un foco guerrillero al parecer imbuido de las ideas Castro-Guevaristas divulgadas por Regis Debray, que no admite pertenecer a ningún Partido Político y ha perpetrado importantes golpes donde ha corrido sangre, haciéndose inaccesible, tanto a la policía como al ejército, operando en el norte del país –y también en el bajo Chaco– moviéndose entre la población “como pez en el agua” según decía Mao Zedong (Mao Tse Tung en la antigua grafía china) en su “Manual de Guerra de Guerrillas”. Ni el “Estado de Emergencia”, decretado dos veces en la era Lugo, ni el consiguiente rastrillaje de tropas del Ejército y dotaciones de la Policía Nacional especializada dieron –ni dan ahora– resultado alguno, teniendo por resultado que vastos sectores de la opinión pública acusaran al ex-Presidente Lugo y su Gobierno de “complacencia con dicho grupo extremista y violento, y al actual Gobierno de “inútil” junto a su inexperto y burocrático Ministro del Interior.
        Pero la guerra campesina ya está declarada y continuará, y no puede ser para menos en un país donde casi el 80% de las mejores tierras cultivables está en manos del 1% de la población y en el cual los Partidos de Izquierda, cuando estuvieron en el Poder, se dedicaron a soliviantar los ya encrespados y levantiscos ánimos campesinos pero sin gestionar ni emprender medidas prácticas para su solución, pasando –eso sí– a ocupar cuanto Cargo Burocrático se ponía a su alcance y con visos de corrupción que se fueron detectando.
      El problema guerrillero no se soluciona con un aparatoso despliegue de fuerza militar-policial, que es –según la irónica expresión de Ho-Chi-Ming cuando los EE.UU. tuvieron 500.000 soldados en Viet Nam– “una guerra de elefantes contra conejosque no podía ser ganada por aquéllos pues los conejos se les escurrían entre sus patas; como ya lo demostró hasta la saciedad la experiencia histórica, repetimos, en China, Vietnam, Laos, Camboya, Argelia, el Congo, Angola, Cuba, Nicaragua, El Salvador, y actualmente Colombia; sino eliminando la gran asimetría estructural campesina con una radical y profunda “Reforma Agraria”, tocando los intereses de la Oligarquía Latifundista Agraria Semifeudal, como lo hicieron los países que emergieron del subdesarrollo luego de la 2ª Guerra Mundial y ahora están en el “Primer Mundo” constituyendo “modelos” para nosotros: Taiwán, Corea y China Popular, que empezaron su camino hacia el éxito socioeconómico y político solucionando, primero que todo, el gran descontento campesino.-

        Coda:
         La situación política paraguaya, hasta hace poco confusa, se fue clarificando desde la “defenestración” del entonces Presidente Lugo (Defenestración: del francés “dès fenêtres=           desde las ventanas”. Alusión a la insurrección de Praga en 1618, cuando los Protestantes arrojaron desde las ventanas del Castillo Hradschin a los Gobernadores Imperiales, y que dio comienzo a la “Guerra de los Treinta Años”. En nuestro léxico paraguayo equivaldría a “echar a patadas”). Demos un vistazo a esa situación.
          La Izquierda luguista: está completamente desmoralizada y fragmentada en 20 “partiditos” que se agruparon en dos Movimientos electorales, y ya no encontró otro “Lugo” capaz de engatusar a la gente ni otro aliado poderoso como el PLRA. No fue cifra importante en las elecciones generales ni lo será a corto ni mediano plazo si no activa su desarrollo ideológico y un trabajo intenso, a profundidad y largo plazo, con las masas, aunque Mario Ferreiro se autoafirmó de “centro-izquierda” lo que le da a “Avanza País” un mayor margen de maniobra; además la presencia de Adolfo Ferreiro será un factor de equilibrio y moderador del “infantilismo Izquierdista” extremista. El “Luguismo” hace autobombo señalándose como “tercera fuerza” por haber logrado cinco escaños en el Senado, pero eso es una falacia porque los electores no votaron al “Frente Guazú” sino a Fernando Lugo, todavía aureolado con el relumbrón por su victoria en 2008 y haber sido Presidente de la Rca., y los otros cuatro entraron detrás suyo por la “lista sábana”; de tal manera que donde no estuvo Lugo, esta extrema izquierda solo obtuvo un raquítico 3% para Presidente  y un Diputado Nacional  y otro para el Parlasur (Ricardo Canese, quien ganó su escaño por su propia popularidad y prestigio) y eso no es ninguna “fuerza”. Además el “relumbrón” de Lugo se irá esfumando durante este quinquenio hasta desaparecer para el 2018 ya que el Presidente Cartes hizo un gran acierto al firmar el “Acuerdo por el Paraguay” con el Partido Liberal, Avanza País, UNACE y Encuentro Nacional, evitando otorgar posiciones de poder e influencia –que le hubiera permitido crecer y afirmarse– a la extrema izquierda neocomunista.
         Los Liberales: Que tampoco encontraron otro demagogo carismático, ni pudieron aliarse con la Izquierda y los Movimientos sociales, estuvieron buscando desesperadamente otros aliados para hacer frente al Partido Colorado, ante  el cual tienen un gran complejo de inferioridad. Era desde luego muy improbable que ganasen las elecciones del 2013 y solo seguirán siendo una segunda fuerza.
          Lino Oviedo: Murió en Febrero de 2013 en un accidente aéreo. Tenía posibilidades de hacer una buena elección si se presentaba él como candidato. Pero como sus sucesores   decidieron ser un “furgón de cola” de los Liberales, perdiendo así su identidad y cohesión, no han podido evitar la desbandada de sus votantes o seguidores y les ocurrió un desastre peor de lo que a Sánchez Guffanti en 2003; porque UNACE era Oviedo y Oviedo era UNACE; y los oviedistas solo habrían  aceptado la orden o directiva del Gral. Oviedo quien era el único con autoridad moral y política para ser obedecido. No se puede heredar la fuerza del Hombre Fuerte. No votaron al Partido Liberal; siendo lo más probable que una gran mayoría vuelva a su Partido de origen, el Partido Colorado, y el Partido UNACE entre en una etapa de descomposición y disolución.
         El Partido Colorado: Llegó unido a los comicios del 21 de Abril detrás de sus Candidatos, Horacio Cartes y Juan Afara, pues el pueblo colorado ya sabía lo que era “tascar” cinco años de llanura y quería fervientemente volver al Poder. Como decía el francés Alexis de Tocqueville: “Soportado con resignación mientras parece inevitable, una vez que ha pasado por la mente de los hombres la posibilidad de superarlo, el sufrimiento se vuelve intolerable”. Además Cartes mostró un sorprendente carisma de Caudillo al unificar a todo el Partido en un haz de voluntades hermanadas para lograr la victoria.
        Y si Cartes hace un buen gobierno, su influencia personal se sentirá durante mucho tiempo en la política paraguaya y es probable que tengamos por lo menos quince años de “Coloradismo Cartista”, como sucede ahora en Rusia, donde el támdem Putin-Medvédev domina democráticamente la situación desde el año 2000.
         Por último, Horacio Cartes une a su larga experiencia de Administrador y Organizador, una sorprendentemente aguda capacidad de observador y Dirigente político (pese a su inexperiencia aprende rápido), lo que hace responder a la pregunta de un Artículo anterior: su triunfo ha sido “el triunfo de la Esperanza con la Experiencia”.-

                                              F I N.


Asunción, Agosto de 2014.-

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