viernes, 20 de noviembre de 2015

ELECCIONES MUNICIPALES

LAS ELECCIONES SE GANAN CON LOS   POLÍTICOS, NO CON LOS TÉCNICOS
       Esta es una lección que esperamos aprenda el Presidente Horacio Cartes de una vez por todas. La dura derrota en las elecciones Municipales hace temblar todo el armazón del Oficialismo y pone en peligro las posibilidades de triunfo del Partido Colorado en el 2018 además de poder darse el comienzo de la demolición del Aparato Partidario que costó edificar durante más de un siglo de vivencia y sacrificio constantes. Analicemos otras lecciones derivadas de ello y las causas del descalabro sufrido.
       La importancia del Partido Político en la consolidación del Poder, el mantenimiento del Orden y la Gobernabilidad: Condición indispensable en la edificación del Poder del Gobierno es la presencia y  actividad del Partido Político que lo sustenta; porque sin el apoyo masivo de un Partido, probado y templado en los combates y con una larga tradición detrás de sí, el Gobierno no podrá librarse del yugo de los intereses creados y establecer su propio poder político; y la importancia del Partido Político se eleva aún más después de conquistado el Poder Estatal.
       La historia enseña de muchos casos en que las Fuerzas Políticas después de conquistar el Poder, no sabían qué hacer con él, concluyendo de este modo a labrar su propia derrota. Entonces, el Partido que las apoya es el encargado de pertrecharle con este conocimiento. Después de la victoria, al Gobierno triunfante se le plantea la tarea de consolidar el Poder conquistado, y –en nuestro caso paraguayo actual– desplegar una labor encaminada a la transformación del régimen económico de la sociedad y, por último, organizar la creación de una nueva política y de una nueva cultura. Y sin un Partido férreamente organizado y templado en la lucha, sin un Partido que goce de la confianza de todo lo que haya de honrado en la ciudadanía, sin un Partido que sepa pulsar el estado de espíritu de las masas e influir sobre él, es imposible llevar a cabo esta tarea. Esto significa que también nuestro Partido Colorado debe ser transformado, modernizado, remozado y cultivado con nuevas costumbres que lo hagan distinto a lo que antes era y lo llevaron y pueden volver a llevarlo a la llanura. Y esto debe ser fruto de un amplio debate sobre el tipo de Partido y de sociedad que queremos y el quehacer del Partido en esta etapa crítica de la vida nacional, con la elaboración de un proyecto ideológico, un programa político para corto, mediano y largo plazo, y una propuesta de reorganización de la estructura partidaria.
       Debemos comprender que está concluyendo un tiempo y cerrándose un ciclo en la historia de nuestro país y de nuestro Partido, por el agotamiento de un modelo de gestión política. Tiempo, ciclo y modelo que, en el ocaso de sus trayectorias, convocan hoy, por ley ineluctable de la historia, a una renovación profunda y radical, que permita instaurar un tiempo nuevo, un moderno ciclo histórico, y un modelo de gestión política original. Esto es fundamental porque el Partido es el que debe infundir en las masas el espíritu de disciplina y de organización para cumplir con las directrices del Gobierno y servir de “correa de transmisión” para el mantenimiento de la Gobernabilidad, la Ley y el Orden, aglutinando a los diferentes estratos del pueblo en torno a un objetivo común y cumpliendo la función de fuerza dirigente y orientadora del mismo. El Partido Político cumple esta función en el sistema por medio de todo un conjunto de Organizaciones Estatales y Sociales que lo enlazan con las más extensas masas populares como las Seccionales, Sindicatos, las Cooperativas, la Juventud, las Mujeres, Profesionales, Campesinos, y otras organizaciones sociales. Por medio de estas organizaciones las capas populares más diversas expresan sus aspiraciones y su voluntad y el Partido debe apoyarse en ellas para llevar a cabo sus tareas evitando los brotes de rebeldía y manteniendo la paz y la seguridad. Porque la Dirección de un Partido sano, consciente de su destino histórico, garantiza la solución de todos los problemas nacionales en interés de todo el pueblo y no sirviendo los intereses particulares o de grupo. De ahí que todos los intentos de separar la actividad de tales o cuales órganos del Gobierno o Entes Administrativos Estatales y Paraestatales de la presencia del Partido, de sustraerlos a la influencia del mismo, son profundamente nocivos y se oponen a los intereses del pueblo. El zafarse del Partido conduce a fracasos en el trabajo y al divorcio respecto de las masas.
       Por todo lo apuntado no es raro que el Neoliberalismo reaccionario antinacionalista descargue sus golpes principales sobre nuestro Partido Nacional Republicano. Simultáneamente, a fin de minar al Partido por dentro y desprestigiarlo por fuera, la propaganda Neoliberal se esfuerza por hacer creer a la opinión pública que se puede prescindir perfectamente de él. Porque el Neoliberalismo proclama que lo económico es más importante que lo político: niega en absoluto la necesidad de toda organización política; afirma que las clases populares no han de preocuparse de la política y que les basta con un Gobierno de “Tecnócratas”. Con su negación de la política, el Neoliberalismo subordina de hecho a la clase trabajadora a la influencia de la clase dominante.
        El papel del Dirigente político en la historia: La activa participación de los afiliados del Partido en las labores del mismo no reduce sin embargo el significado de la Dirección, el papel de los Dirigentes capaces y en posesión de los necesarios conocimientos y experiencia. La historia de los Partidos Políticos de los distintos países demuestra que ellos pueden actuar con éxito cuando cuentan con grupos estables de Dirigentes expertos, prestigiosos e influyentes. Estos hombres y mujeres constituyen el núcleo Dirigente del Partido, nombrado por elección, que organiza prácticamente el cumplimiento de las resoluciones adoptadas y asegura el mantenimiento y transmisión de la experiencia y las tradiciones. La unidad de acción de los Dirigentes no significa en absoluto que no pueda existir diversidad de opiniones, discrepancias en cuestiones concretas (como ahora sobre los nombramientos en el Gabinete Ministerial y la Dirección de los Entes Administrativos) porque en caso contrario el Partido dejaría de ser algo vivo y se convertiría en un organismo muerto.
        El Príncipe Bismarck, el “Canciller de Hierro” que unió a los diferentes Principados y Estados alemanes bajo la hegemonía de Prusia para dar nacimiento al “Segundo Reich Alemán” decía que la política “es el arte de lo posible y la ciencia de lo provisorio”. Esto significa que la Dirección Política exige una gran capacidad y verdadero arte en la aplicación de la línea; caso contrario, la mejor línea política no servirá de nada. Por lo tanto, para la Dirección Política no es sólo saber sino ser capaz de hacer. ¿Cómo se adquiere esa capacidad, ese arte?: El mero estudio teórico, se comprende, no basta. Cada Dirigente únicamente puede dominar el arte de la dirección política sobre la base de una gran experiencia propia; no hay escuela capaz de cumplir las veces de la escuela que es la lucha práctica con todas sus vicisitudes y pruebas, con sus victorias y sus derrotas. ¿Y qué grandes esferas abarca el arte de la dirección política?: Lo primero de todo, la capacidad de trabajar entre las masas, porque los afiliados no escucharán jamás los consejos de los Dirigentes si no coinciden con lo que la experiencia de la propia vida les enseña. Otra parte importante de la dirección política es la capacidad para unir los esfuerzos propios a los esfuerzos de todos con quienes es posible llegar a la unidad de acción, sin excluir a los que mantienen discrepancias en cuestiones de fondo”. El arte de la Dirección Política comprende también la capacidad para elegir formas de lucha que correspondan a la situación, y de estar dispuestos a los cambios más rápidos e inesperados de estas formas. En fin, la ciencia y el arte de la Dirección Política se manifiestan asimismo en la capacidad para destacar las tareas principales en el cumplimiento de las cuales han de centrarse los esfuerzos.
        El Dirigente Político debe también tener una fuerte personalidad, no timorata, que le permita no dudar en defender los intereses de su Partido y su pueblo aunque fuere en la situación más difícil, arriesgando su posición y persona inclusive, y estar dotado de un buen nivel intelectual y cultura suficiente como lo demuestran los grandes políticos que registra la historia, por ejemplo: Winston Churchill, ganador del premio Pulitzer y el premio Nobel de Literatura; Charles De Gaulle, autor de varios libros entre los que destaca “Le Fil de la Epéeun formidable tratado de la historia militar de Francia desde la batalla de Azincourt en la Edad Media; Konrad Adenauer, Willy Brandt, Lenin, Stalin, Trotsky, Juan D. Perón y muchos más.
        Además de un superior razonamiento lógico y capacidad de análisis, tiene que ser muy intuitivo, dotado de una gran presciencia (esa intuición rayana en la adivinación) y lo que los alemanes llaman fingerspitzgefühl (“sensibilidad en la punta de los dedos”) que describe perfectamente el sentido de la oportunidad y de la cronometración de los acontecimientos. Por último, ser un gran psicólogo de masas que le permita conocer a la gente y verla como realmente es y no como él quisiera que fuese. Y, por supuesto con un gran idealismo y total devoción por su causa  con total convencimiento ideológico. Pues el gran Dirigente no lleva tras de sí a las masas caprichosamente sino que intuye hacia dónde se dirigen y se les pone delante. NO, NO SE PUEDE PRESCINDIR DEL POLÍTICO.
        Como en el Partido existe un gran descontento –a raíz de los nombramientos en Cargos Ministeriales y Dirección de Entes Públicos– sobre si es mejor gobernar con “Técnicos” antes que con “Políticos”,  es interesante recordar lo que expresaba, ya en 1689 –después de consumada la Revolución Inglesa de 1688-89    llamada La Gloriosa”– George Savile, Marqués de Halifax, “Lord del Sello Privado” del Gobierno del nuevo Rey Guillermo III y el más notable e influyente de ese Gobierno, respecto a la diferencia entre un  “político culto” y un “técnico”: que la diferencia entre ambos es que el Político tiene “la capacidad de ver el momento y la parte, a la luz de lo perdurable y el todo” “con la amplitud y la precisión de un filósofo político y el rigor incisivo de un Estadista práctico. Es decir, que el Político (si está intelectualmente bien dotado) puede “volar más alto que un Técnico pedestremente apegado sólo a las querellas cotidianas que su estrecha y limitada función le presenta”; porque el “Técnico” no tiene la “muñeca política” que le permita comprender y “manejar” a la gente. Y Halifax nunca se contentó con ser enteramente un “hombre de Gobierno”: “El Gobierno del mundo –escribió, en el sentido de gobierno de las naciones– es una gran cosa; pero es también algo muy tosco comparado con el conocimiento especulativo”. Comprendió perfectamente que la política tenía que manejar multitudes, lo que le alarmaba, diciendo: “Hay una crueldad acumulativa en un número de hombres, aunque ninguno de ellos sea naturalmente malo… El zumbido iracundo de una multitud es uno de los ruidos más sanguinarios del mundo” (El Carácter de un Conservador de Ajuste; Londres, 1689).
      Este Gobierno mantuvo la frialdad con el Partido Colorado cuyas bases, aunque no se manifestasen públicamente, mascullaban su descontento en voz baja y dieron ahora la espalda al Poder como pasó con Duarte Frutos en el 2008. El Gobierno debe aprender la lección y tiene que apoyarse más en el Partido que es el que mantiene la gobernabilidad y sirve de “correa de transmisión” con el pueblo. Eso será más eficiente y eficaz para levantar la imagen del Gobierno y ganar elecciones antes que consejos de “expertos” sin apego a la realidad nacional y partidaria.
   Es de capital importancia el Partido Político en la consolidación del Poder, el mantenimiento del Orden y la Gobernabilidad. Condición indispensable en la edificación del Poder del Gobierno es la presencia y  actividad del Partido Político que lo sustenta; y la importancia del Partido Político se eleva aún más después de conquistado el Poder Estatal.

La pobreza de nuestra actividad política se debe en gran parte a la ausencia del debate ideológico del cual saldrán las consignas que darán la “idea-fuerza” que genere el entusiasmo y apoyo del pueblo. A pesar de que nuestro Estatuto Partidario de 1992, en su Art. 74, obliga a la convocación de un CONGRESO DOCTRINARIO IDEOLÓGICO “cada diez años, o antes si la Junta de Gobierno lo estimase oportuno”(sic) esto ni siquiera se ha intentado hacerlo; la Junta de Gobierno del Partido Colorado no presta atención alguna a la difusión de la ideología del “Nacionalismo Republicano” de “El Estado Servidor del Hombre Libre” que profesa el Coloradismo y lo coloca en la “3a. vía”, opuesta tanto a la ideología Liberal “Mercadocéntrica” con un Estado meramente subsidiario, “mirón”; como a la ideología Socialista Izquierdista “Estadocéntrica” con el Estado omnívoro, “atrapatodo”, autoritario. El Coloradismo preconiza el “Estado Regulador”, director, que interviene para suplir las fallas y deficiencias del mercado y armoniza los intereses políticos con los económicos y que ha dado grandes resultados para mejorar el nivel de vida del pueblo; como ocurre en Suecia, Taiwán, Corea, Japón y lo fue en la Francia de Charles de Gaulle.
La polémica con el Presidente Cartes: Los nombramientos para cubrir las Carteras Ministeriales y la Dirección de los Entes Administrativos hechos por el Poder Ejecutivo, han desatado una grande y aguda controversia en el Partido Colorado y en la opinión pública en general. Algunos más recalcitrantes piensan que el Presidente de la República se ha embarcado en un Gobierno apoyado fundamentalmente en “Técnicos” –que  precisamente por no ser “Políticos” y no tener la visión de futuro ni interés electoral ni “clientela” que satisfacer como éstos, no pueden ofrecerle resistencia alguna– extraordinariamente obedientes a los dictados de aquél. Recordamos lo que Shakespeare hacía decir a Julio César en su obra homónima: “Yo prefiero a mi alrededor hombres gordos de cara lustrosa y que ronquen por la noche antes que a esos individuos magros, ojerosos, que pasan las noches en vela, activan mucho entre la gente y piensan demasiado: éstos son peligrosos e incómodos, los otros no causan problemas”.
        Otros más cautos creen todavía, sin embargo, que a consecuencia de esta derrota el Ejecutivo rectificará rumbos y no dejará de apoyarse en la Organización Partidaria porque su titular comprenderá perfectamente, tras este duro traspié, el peligro de quedar aislado de su base popular, “navegando” en las turbulentas aguas del “cambio”, que requiere el momento actual, recostado solamente en “Técnicos” obsecuentes (que aunque estén afiliados al Partido no han hecho nunca militancia política y no tienen experiencia de cómo llegar a la gente) y un Empresariado que exige una política de rápidos resultados para sus intereses.

        Así pues, nosotros pensamos que un Gobierno que quiera ser eficiente y eficaz, debe tener como Ministros y  Directores  de    Entes Públicos a Políticos intelectualmente capaces para comprender “el momento y la parte, a la luz de lo perdurable y el todo” y con gran sentido de organización para rodearse de excelentes Técnicos, como sucede en los Estados Europeos y en los EE.UU. Y esperemos que el Presidente Cartes más temprano que tarde así lo haga pues es lo bastante inteligente como para persistir en un grave error.
En su intento por construir su propio esquema de Poder el Ejecutivo abrió demasiados frentes de conflicto, tanto dentro como fuera del Partido; pero no se preocupó en generar apoyos: aliados firmes y permanentes que le ayudasen a gobernar. Siempre consideró que ese tipo de alianzas terminarían atando a toda la Administración. En la visión Empresarial de los colaboradores del Jefe de Estado “se está haciendo una administración impecable y quienes critican son solo adversarios que buscan obstaculizar al Gobierno”. No se cansan de repetir los buenos números de la macroeconomía; pero no ven el creciente malhumor social en que se desenvuelven. No comprenden que los buenos números no necesariamente están llegando a la gente y que en determinadas coyunturas no alcanzarán para amparar lo que podría ser una buena gestión. Esa concepción de la gestión de Gobierno no alcanza a entender que los acuerdos empresariales son insuficientes si no se logra consolidar paralelamente acuerdos políticos que permitan el desarrollo de los planes.
      Lo último y más importante: Un Estadista conservador del Poder debe ser un realista supremo y hacer ver a sus oponentes como perturbadores “visionarios”. Cosa que no se nota en el Gobierno actual, donde  –como decía el Gnóstico Basilidesel problema reside en que no se percibe que hay un problema”, y solo existe una conspiración de mediocridades unidas por el temor a toda acción decisiva contra todo lo que les produce ese temor… pues la esencia de la mediocridad se encuentra en que prefiere la ventaja tangible a la ganancia intangible de posición. Se debe tener en cuenta que un Líder, Movimiento, Partido o Gobierno que se convierta en foco de irritación permanente no puede durar (tenemos el ejemplo de Lugo y de Cubas-Oviedo).
     Recién a último momento, aunque sin tener conciencia de lo que se venía, el Presidente de la República comenzó a recurrir a los Caudillos, pero era tarde ya, porque el esquema estratégico y táctico falló, ya que en él no figuraron desde el principio los “Políticos de raza y experiencia”, la élite que domina la estructura partidaria generación tras generación y da continuidad a la historia de la sucesión del Poder. Así es como aparece patente la incapacidad de liderazgo de la Presidenta de la Junta de Gobierno, ésta sí política experimentada, parte de la élite partidaria, que no supo cumplir la misión de vincular a las bases, caudillos colorados, burócratas seccionaleros, élites parlamentarias, poderes fácticos y actores sociales, con el Despacho Presidencial que era el escenario donde, en definitiva, cobraban realidad las fórmulas “Partido de Gobierno” y “Gobierno Nacional”. Y ante este fracaso del esquema de Poder diseñado supuestamente para asegurar la continuidad del Poder del Partido Colorado en el Gobierno de la República hasta después del 2018, la ausencia de verdaderos Liderazgos Políticos que acompañasen el proyecto parece tener visos insolubles y fatalistas de tragedia griega… A no ser que aparezca en el escenario un evento o personalidad relevante que cambie todo el panorama y dé motivos para un nuevo y elevado esquema de Liderazgo Político y diseñe nuevos modos de acción para la “dinámica e masas”.
       Hace más de un año que estamos advirtiendo sobre la nulidad de los “Asesores Presidenciales” y esta vez volvieron a equivocarse al aconsejarle al Presidente salir a la palestra como un operador político más, convirtiendo estas elecciones en un plebiscito sobre su Gobierno, y hacerle pronunciar discursos agresivos, insultantes, cuando que la gente está cansada de ello y prefiere que se les dé esperanzas de solución a sus problemas y la posibilidad de una vida mejor. Mientras Cartes se pasó agrediendo, Mario Ferreiro se pasó prometiendo… y esto resultó. Además, en un momento que arrecian las protestas y denuncias contra la corrupción, el Presidente Cartes se exhibió, en vísperas de los comicios, ante los medios de comunicación, con el señalado por la Opinión Pública como el Paradigma de la Corrupción: Víctor Bogado. Son detalles que la gente no perdona.
       Los grandes perdedores de estas Elecciones Municipales son Horacio Cartes y Fernando Lugo, cada cual con su discurso extremista. El pueblo siempre es más conservador y centrista: los extremos dan miedo. Y la Centro-Izquierda moderada encabezada por Ferreiro demostró su atractivo en la Capital y Candidaturas afines triunfaron en los bastiones más emblemáticos de la República. Es de tener en cuenta esta fuerza, que de desarrollarse y hacer una buena gestión Municipal puede convertirse en una opción atractiva para el electorado y verdadero peligro para las chances del Coloradismo en 2018.
       El Oficialismo está desconcertado, se nota en su seno la ausencia de gente con capacidad de análisis: personeros como el Ministro de Defensa Diógenes Martínez y la Presidenta del Partido Lilian Samaniego, prorrumpieron en sendos disparates tratando de defender lo indefendible, conciliar lo inconciliable y explicar lo inexplicable: Diógenes diciendo que “El Partido Colorado ha aprobado un examen bastante difícil y ha salido airoso” y “felicitando al Partido por su éxito”. Agregando que “no conoce de otro sector político que haya llegado a la mitad de participación a la que llegaron los de la Asociación Nacional Republicana (ANR) este domingo”; cuando que la cantidad de votantes colorados fue inferior a la que votó en las Internas del 26 de Julio pasado. Y Lilian sosteniendo que se ganó en 142 distritos pero soslayando que se perdieron en los más importantes y emblemáticos y culpando a la celebración de las Internas en fecha muy cercana, con lo que lanzó un tiro por elevación al mismo Ejecutivo que fue el que propició dicho evento. También Marito Abdo quedó descolocado y desprestigiado atinando a decir otro disparate ofensivo para el pueblo colorado: que “la responsabilidad es de todos”.
       Con este descalabro electoral las posibilidades de “Reelección” del Presidente Cartes se han reducido a casi cero, si no rectifica la conducción del “Nuevo Rumbo”, dando un violento “golpe de timón” que produzca un “bandazo” en la política gubernamental, en ausencia del cual solo le queda renunciar a esa aspiración o intentar “la huida hacia adelante” prosiguiendo con ella contra viento y marea, intentando la Reforma Constitucional al comienzo de 2016. Pero aunque consiga esa Reforma, le aparecerán en el camino muchos aspirantes con serias posibilidades.

       Si queda todavía algo de honestidad y ausencia de cinismo en la Dirigencia Partidaria actual, se impone la aceptación de responsabilidades y el rodar de cabezas, como la renuncia de la Presidenta de la Junta de Gobierno y de los responsables de la conducción de la campaña electoral, así como una recomposición total del elenco gobernante, dando cumplimiento –ahora sí, más que nunca– a la promesa del Presidente de la República, electo por una masiva mayoría del Pueblo Colorado, de “teñir de rojo” las Intendencias (que no pudo ser) pero sí el elenco Ministerial y los puntos clave de la Administración Pública. Hay suficientes Colorados capaces y honrados con fidelidad republicana que con su gestión podrán levantar el ánimo y el entusiasmo por la suerte del Partido entre los hasta ahora desencantados Correligionarios.--  

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