lunes, 8 de diciembre de 2014

LA NUEVA DERECHA EUROPEA

          LA “NUEVA DERECHA” EUROPEA
        La Nueva Derecha (Nouvelle Droite  en francés) es un Movimiento Ideológico de nacimiento reciente (a través de El Manifiesto: La Nueva Derecha del Año 2000 escrito por Alain de Benoist). Ellos mismos exponen que no son ni la Derecha Tradicional ni la Izquierda.
       Con la denominación de “Nueva Derecha”, heredera directa de los autores de la llamada Revolución Conservadora, se hace referencia a un estilo ético y estético de pensamiento político dirigido al repudio de los dogmatismos, la formulación  antiigualitaria, el doble rechazo de los modelos Capitalista y Comunista, la defensa de los particularismos étnicos y regionales, la consideración de Europa como unidad, la lucha contra la amenaza planetaria frente a la vida, la racionalización de la técnica, la primacía de los valores espirituales sobre los materiales. El eje central de la crítica al Sistema Político “Occidental” lo constituye la denuncia del Cristianismo                           dogmático, el Liberalismo y el Marxismo, como elementos niveladores e igualadores de una Civilización Europea, perdida y desarraigada, que busca, sin encontrarla, la salida al laberinto de la “identidad específica”. En el núcleo de esta civilización europea destaca la existencia del hombre europeo multidimensional”, tanto al nivel biológico, que en su concepción sociológica reafirma los valores innatos de la jerarquía y la territorialidad, como al específicamente humano, caracterizado por la cultura y la conciencia histórica. Constituye, en el fondo, una reivindicación de la “herencia” –tanto individual como comunitaria– fenómeno conformador de la historia evolutiva del hombre y de los pueblos, que demuestra la caducidad de las ideologías de la nivelación y la actualidad de la rica diversidad de la condición humana. Se comienza de nuevo intentando reconstruir los fundamentos ideológicos del Conservadurismo revolucionario sin caer en la “tentación totalitaria” y eludiendo cualquier “desviacionismo nacionalsocialista”.
      Ahora bien, hay dificultades de la “Nueva Derecha Europea” con el NeoConservadurismo Norteamericano y los AngloSajones en general: La primera de estas dificultades es la falta general de interés por el debate intelectual en el mundo anglosajón. Los Ingleses, y más aún los Estadounidenses, pretenden ser “pragmáticos”: En Filosofía, se adhieren mayoritariamente al Empirismo y al Positivismo, cuando no a una Filosofía puramente Analítica. En su ansia por los “hechos” se olvidan de que estos hechos no pueden disociarse de la hermenéutica, esto es, de un marco de interpretación. La famosa distinción de David Hume entre juicios de hecho y juicios de valor (el indicativo y el imperativo, lo que es y lo que debería ser) sólo puede tener un valor relativo. En cuanto a la Teoría Política, con algunas notables excepciones, a menudo se reduce a consideraciones prácticas que definen la agenda de la clase dominante. Esto explica por qué los Estadounidenses consideran indignos a los intelectuales, y por qué los intelectuales no han ocupado nunca el papel de árbitros morales, como sucede en otros países, especialmente en Francia.
      La expresión “Nueva Derecha” presenta además otras dificultades. Ya había “nuevas derechas” inglesa y americana pero, lejos de estar relacionadas con la Nueva Derecha Europea, representaban justo lo contrario. Combinando el fundamentalismo religioso, el atlantismo occidental, la defensa del Capitalismo y el apoyo a la Ideología de Mercado, estas “nuevas derechas” representaban, de hecho, todo lo que la Nueva Derecha Europea había criticado radicalmente. Simpatizantes de estas “nuevas derechas”, que podían haberse sentido intrigados por la “Nueva Derecha Europea”, sin duda deben haber sido decepcionados. En general, y a pesar de todos los malentendidos que pueden haber sido causados por una etiqueta, debe haber sido muy difícil encontrar un equivalente a la NDE al otro lado del Atlántico. En Estados Unidos, la “Derecha” en realidad se compone de dos grandes corrientes: una corriente principal, moderada y de clase media, que corresponde a los círculos “Conservadores” (ellos mismos divididos en numerosas camarillas), cuya Causa principal es el apoyo al Capitalismo: un sistema económico cuyo fundamento es la destrucción de todo lo que los Conservadores deberían conservar. Por otro lado, hay una minoría radical, representada por pequeños grupos extremistas que se hacen llamar “racistas”, cuya ideología se reduce a una mezcla de nacionalismo y xenofobia.
      No sólo la NDE no se identificó nunca con ninguna de estas camarillas derechistas anglosajonas, sino que ha luchado constantemente contra sus principios y presupuestos. Otras ambigüedades están relacionadas con el vocabulario. Vamos a dar sólo un ejemplo: en el ámbito de las ideas de la NDE se ha señalado consistentemente al Liberalismo como uno de sus principales adversarios. Sin embargo, la palabra “Liberal” tiene significados radicalmente diferentes en Europa Occidental y en los Estados Unidos. En Estados Unidos un “liberal” es un hombre inclinado al centro-izquierda que aboga por un Estado redistributivo; también es tolerante en cuanto a las costumbres sociales y tiende a ser un gran defensor de la ideología de los Derechos Humanos; en Francia se lo llama “Progresista. Por el contrario, en Europa, un “liberal” es, ante todo, un defensor del individualismo y el libre comercio, un opositor al Estado y también un partidario de América. Si se pregunta a un francés que nombre a un político liberal conocido, Reagan y Thatcher les vienen a la mente de inmediato. En otras palabras, lo que llamamos “liberal” se corresponde en gran medida a lo que los americanos llaman “conservador” y, por tanto, lo contrario de un “liberal”. Esta diferencia tiene orígenes históricos: los Estadounidenses han conservado el significado original de la palabra “liberalismo” que, cuando apareció por primera vez en el siglo XVIII, era realmente una corriente “izquierdista” de pensamiento, siendo el principal heredero de la filosofía de la Ilustración. En Europa, por el contrario, los Liberales fueron empujados gradualmente hacia la Derecha por el ascenso del Socialismo y del Comunismo, hasta el punto de que, a finales del siglo XIX, comenzó a identificarse con la Burguesía Conservadora. Uno puede ver inmediatamente los desprecios –y los falsos amigos– que un Libro que representa una corriente “anti-liberal” podía tener en América.
   Finalmente, la crítica a los Estados Unidos y la americanización                      global, que resulta de la afirmación progresiva de la hegemonía estadounidense, ha sido un tema estándar en la NDE. Esto difícilmente podría atraer a los Estadounidenses, que conciben a su País como la “Tierra Prometida”, la encarnación de la  mejor  sociedad   posible   y –por esa misma razón– como un modelo que merece ser exportado a todo el mundo. Es muy significativo que muy pocos textos de autores de la NDE hayan sido traducidos al inglés, a pesar de hayan sido traducidos a otros quince idiomas. La NDE, como una emanación de la “Vieja Europa” (o del “resto del mundo” que los Estadounidenses no alcanzan a comprender a menos que esté totalmente americanizado), sigue siendo una “terra incógnita” para la gran mayoría de los Americanos.
      Nosotros añadiríamos que la crítica a los Estados Unidos por parte de la NDE nunca ha derivado en americanofobia”; todo lo contrario: La NDE ha acogido a una serie de escritores y pensadores de los países de habla inglesa. Son pocos en número, pero no sin importancia, como los teóricos del comunitarismo, como Michael Sandel, el canadiense Charles Taylor, el inglés Alasdair McIntyre y, especialmente, Cristopher Lasch, un teórico del “socialismo populista”, una expresión que nos trae a la memoria al gran George Orwell, cuyas ideas también se han popularizado.
        Alain de Benoist:
        Alain de Benoist de Gentissard es un Académico francés. Líder e ideólogo principal del think-thank de la Nueva Derecha y del grupo GRECE. Edita desde 1968 el periódico Nouvelle Ecole y desde 1988 Krisis”. En 1978 recibió el Gran Premio de Ensayo de la Academia Francesa. Célebre intelectual que se formó en la Sorbona, habiendo estudiado Derecho, Filosofía, Sociología e Historia de las Religiones, de Benoist es poco conocido fuera de su país aunque sus obras han sido muy influyentes en el pensamiento de la Derecha Europea. En sus textos ataca y critica el fenómeno de la Globalización, la inmigración descontrolada y el Liberalismo considerándolos como contraproducentes con el concepto de Estado-Nación. Se muestra esperanzado en que dentro de los límites de la Democracia, las consecuencias negativas de estos fenómenos generen un intenso debate social que acabe reflejándose en el mismo sistema. Se adhiere a la teoría del marxista Antonio Gramsci de que antes de producirse un cambio político, es necesario conseguir la hegemonía cultural, esto es, conseguir que las ideas a implantar sean aceptadas por los ciudadanos.
        Ahora que tenemos la publicación en español del Libro de Tomislac Sunic “Contra la democracia y la igualdad. La Nueva Derecha Europea”(Editorial Fides); ofrecemos a nuestros lectores el Prefacio que Alain de Benoist escribió para la Edición Inglesa de 2009. Interesante recorrido por los principales temas de debate de la Escuela de Pensamiento Europea conocida como “Nouvelle Droite”, escrita precisamente por su Líder intelectual e ideológico:    
    Hay que destacar, sin embargo, que la Nueva Derecha Europea nunca ha sido hostil a la democracia y la igualdad. Por supuesto, ha sido crítica con el Igualitarismo y ha puesto de relieve los límites del Liberalismo y de la Democracia, pero eso es un asunto muy diferente.
       Entre la igualdad y el igualitarismo existe más o menos la misma diferencia que entre la libertad y el liberalismo, o lo universal y el universalismo, o el bien común y el comunismo. El Igualitarismo tiene como objetivo introducir la igualdad donde no tiene lugar y no se corresponde con la realidad, como la idea de que todas las personas tienen las mismas habilidades y dones. Pero, sobre todo, el Igualitarismo entiende la igualdad como "igualdad total”, es decir, lo contrario de la diversidad. Sin embargo, lo contrario de la igualdad es la desigualdad, no la diversidad. La igualdad de hombres y mujeres, por ejemplo, no borra la realidad de la diferencia entre los dos sexos. Del mismo modo, la igualdad de derechos políticos en la democracia no debe presuponer que todos los ciudadanos son iguales, ni tienen los mismos talentos, sino que todos deben disfrutar de los mismos derechos políticos, ya que, en sus relaciones políticas, se considera a todos los ciudadanos por igual, en virtud de la pertenencia al mismo sistema de Gobierno”.
      La Nueva Derecha Europea siempre ha denunciado lo que yo llamo la “ideología de la igualdad”, es decir, la ideología universalista que, en sus formas religiosas o profanas, busca reducir la diversidad del mundo –es decir, la diversidad de las culturas, los sistemas de valores y las formas arraigadas de la vida– a un modelo uniforme. La implementación de la ideología de la “mismidad” conduce a la reducción y erradicación de las diferencias; siendo básicamente etnocéntrica, a pesar de sus pretensiones universalistas, legitima sin cesar todas las formas de Imperialismo. En el pasado, fue exportada por los misioneros que querían convertir al planeta entero al único Dios; a continuación, en el mismo sentido, por los colonizadores que, en nombre del "sentido de la historia" y el culto del "progreso”, quisieron imponer su forma de vida a los "pueblos indígenas". Hoy, en el nombre del Sistema Capitalista, la ideología de “lo mismo” reduce todo a los precios del mercado y transforma el mundo en un vasto y homogéneo mercado, lugar donde todos los hombres –reducidos al papel de productores y consumidores para luego convertirse ellos mismos en productos básicos– deben adoptar la mentalidad del homo economicus. En la medida en que trata de reducir la diversidad, que es la única verdadera riqueza de la humanidad, la ideología de la “mismidad” es en sí misma una caricatura de la igualdad. De hecho, se crean desigualdades del tipo más insoportable. Por el contrario, la igualdad, que debe ser defendida siempre que sea necesario, es harina de otro costal.
       En cuanto a la Democracia: a la Nueva Derecha Europea nunca le gustó el despotismo o la dictadura, y mucho menos el totalitarismo. La Democracia, cuyo principio fundamental es la igualdad de los derechos políticos, no puede ser el mejor régimen posible, pero es el que mejor satisface las necesidades de nuestros tiempos. Pero primero debemos entender su significado exacto”.
        La Democracia es el Régimen en el que la soberanía reside en el pueblo. Pero para ser verdaderamente soberano, el pueblo debe ser capaz de expresarse libremente, y aquellos a los que designa como sus Representantes deben actuar de acuerdo con sus deseos. Es por ello que la verdadera Democracia es la Democracia Participativa, es decir, la Democracia que permite a las personas ejercer su soberanía lo antes posible y de forma permanente, y no sólo durante las elecciones. En este sentido, el sufragio universal es sólo un medio técnico para evaluar el grado de acuerdo o consentimiento entre gobernantes y gobernados. Tal como se entendía por los antiguos Griegos, la Democracia, en su análisis definitivo, es un sistema que permite a todos los ciudadanos participar activamente en los asuntos públicos. Esto significa que la libertad en la democracia se define principalmente como la posibilidad de no participar activamente en la esfera pública, sin duda como la libertad para convertirse en algo ajeno a la esfera pública o de retirarse a la esfera privada”.
        Una Democracia puramente Representativa es, como mucho, una democracia imperfecta. En última instancia, el poder político debe ejercerse en todos los niveles, y no sólo en la parte superior, gracias al principio de subsidiariedad (o de competencia suficiente), lo que significa que las propias personas puedan tomar decisiones sobre lo que se relaciona con ellos tanto como sea posible, delegando sólo aquellas decisiones que interesan a las Comunidades más grandes para que se adopten en un nivel superior”. En momentos en que los Representantes están cada vez más aislados de la gente, cuando los Funcionarios no electos tienen cada vez más poder que los elegidos, cuando los Políticos se ven ellos mismos desposeídos de sus prerrogativas por un sistema Burocrático de expertos Técnicos”, que los sueños del Gobierno sobre los hombres adoptan los modelos de gestión de la Empresa o de una Administración de las cosas, la prioridad esencial es la renovación de la Democracia Participativa –la  democracia de base, la democracia directa– y el renacimiento de una esfera pública activa, que es la única capaz de mantener el vínculo social y garantizar el ejercicio de los valores compartidos(Alain de Benoist).
    “Con la crisis ha muerto la Dictadura de los Mercados”.
       Cuando la actual debacle financiera, que empezó en 2008, hizo estremecer a los pobres comentaristas Liberales que no sabían donde ponerse, Alain de Benoist realizó un Análisis que resultó extraordinariamente premonitorio y sirve de base para nuestra reflexión. En efecto,  cuando el entonces Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, hablaba de refundar el Capitalismo o declaraba que "la ideología de la Dictadura de los Mercados ha muerto con la crisis financiera"; cuando tan extraordinarias cosas sucedían, bueno era, y es, escuchar a Alain de Benoist, alguien que sí sabe donde ponerse: ahí donde siempre estuvo, rechazando el Socialismo, denunciando los desmanes del Capitalismo y previendo su actual Crisis Estructural. 
        En efecto, consideremos una cifra que resume la amplitud de la actual Crisis Financiera que se arrastra desde entonces. Desde el principio de aquél año, las grandes plazas bursátiles internacionales han visto como se esfumaba cerca de la mitad de su capitalización: 25 billones de dólares, o sea unas dos veces el producto interior bruto (PIB) de los Estados Unidos.
        “La Ideología de la Dictadura de los Mercados y de la Impotencia Pública murió con la crisis financiera”, declaraba Nicolás Sarkozy el 23 de octubre de 2008, al mismo tiempo que anunciaba la creación de “fondos soberanos” destinados a readquirir las acciones de las Grandes Empresas Industriales de importancia “estratégica”. Fue ello un giro radical que ha sido acogido pésimamente en Alemania: “una idea descabellada”, declaraba el Financial Times Deutschland.                        .

        La nueva Política Francesa marcaba, en efecto, una indiscutible vuelta al protagonismo económico del Estado. Se hablaba hasta entonces de libre comercio, de competencia abierta, de mercados financieros independientes. Se habla hoy –a seis años de distancia– de   volver al Proteccionismo, al Intervencionismo y al Capitalismo de Estado; en suma, a una “Política Económica Europea”. Este giro es muy bien acogido en Francia y en España, donde todos los sondeos ponen de manifiesto que los ciudadanos adhieren sumamente a la idea de que el Estado regule los Bancos, los Fondos de Inversión y los de Pensiones. En cambio, este giro suscita fuertes reticencias en los Estados miembros que, empezando por Alemania, desconfían del Estatismo, sobre todo de origen Francés.
        Frente a la amplitud de la crisis, ¿cabe, sin embargo, hacer otra cosa? Se trata de una Crisis Estructural, de la crisis del modelo neoliberal de crecimiento o de acumulación que se ha establecido a partir de los años ochenta. En un clima de desregulación generalizada de las operaciones Bancarias y de las inversiones Financieras, este modelo se ha caracterizado por la captura casi total de las ganancias de productividad por parte de los beneficios en detrimento de los salarios, ya que la riqueza ha dejado de provenir principalmente de las rentas del trabajo, derivándose en cambio de los patrimonios financieros (Predominio del Capital Financiero, efecto directo del NeoLiberalismo). Esta deflación salarial, que amenaza al compromiso social de la posguerra, ha tenido efectos negativos que no se han podido compensar mediante el endeudamiento. Es este Régimen el que hoy ha quedado roto. Las grandes crisis financieras son como los terremotos: después de la fuerte convulsión inicial, cabe esperar réplicas escalonadas temporalmente. Dicho más claramente: tras la fase de impacto, se asiste a un proceso en espiral, cuyos efectos acumulativos pueden conducir a situaciones de caosdice A. de Benoist.
        No cabe ninguna duda de que las Economías de Europa Occidental y de América del Norte seguirán experimentando una recesión profunda y de larga duración, que tendrá por efecto un aumento del desempleo. Ello debería de originar un descenso importante de los beneficios, que repercutirá inevitablemente en los mercados y las cotizaciones bursátiles. El vínculo entre la economía especulativa y la real es en efecto indudable, pues las Empresas dependen sumamente del Sistema Bancario, aunque solo sea por el crédito que necesitan para sus inversiones. Ahora bien, la crisis hace que los Bancos reduzcan ahora brutalmente sus créditos (es el credit-crunch). Es probable que esta contracción del crédito se produzca no sólo junto con una vertiginosa caída de las acciones y de los bienes inmuebles (como pasa en los EE.UU.), sino también con una fuerte devaluación del capital de los Fondos de Pensiones que cubren las Jubilaciones.
       En la zona del euro, la recesión ya es especialmente grave en España y en Inglaterra. Pero también Francia y Alemania podrían entrar en recesión desde finales de este año. Para evitar que la recesión se transforme en depresión, las Economías Occidentales van a verse obligadas a aceptar un fuerte aumento de la inflación, al mismo tiempo que el regreso del Estado como agente económico principal (como sucede en Rusia, China o Brasil). El fenómeno ya se observa en el sector Bancario, donde los Gobiernos se han hecho fiadores de los Bancos y Compañías de Seguros. El próximo paso podría consistir en restablecer las Protecciones Arancelarias,  reglamentar los Flujos Financieros Internacionales (que, por ej., en Sudamérica Argentina ha hecho), regresar a “políticas industriales” activas, o incluso que se acabara el dogma de la independencia de los Bancos Centrales y se transformara el Estatuto del Fondo Monetario Internacional (FMI). No cabe excluir tampoco una crisis del euro, y por tanto de las Instituciones Europeas.

        “Si hay un hecho decisivo que surge de esta crisis —declaró también en su momento Nicolás Sarkozy— es la vuelta de la política”. Pero ¿disponía verdaderamente de medios para ello? ¿No significaba ello ignorar la naturaleza propia del Capitalismo? “El Capital siente cualquier límite como un obstáculo”, decía ya Karl Marx, y Sarkozy pagó con su cabeza el precio de su sinceridad. La lógica de la acumulación del capital es la ilimitación, el rechazo de cualquier límite, el arrasamiento del Mundo por parte de la Razón Mercantil, la transformación de todos los valores en mercancías, el Gestell de que hablaba Heidegger. Ante la irresistible potencia del “turbocapitalismo” en cuanto a liberarse de cualquier límite, los esfuerzos de Nicolás Sarkozy, como vemos, resultaron vanos y hoy está fuera del Poder. El pensamiento de la Nueva Derecha Europea no deja, pues, de ser interesante y bien vale su análisis.-

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