sábado, 13 de junio de 2015

LA CONCIENCIA DEL PARTIDO COLORADO

BADER RACHID O LA CONCIENCIA DEL PARTIDO
(El Dirigente político experimentado a quien el Presidente Horacio Cartes debería incorporar como Consejero Político)
     El Partido Colorado está atravesando por una crisis estructural,                 histórica e ideológica muy grave corriendo el gran peligro de un cisma que lo lleve a perder nuevamente el Poder en el 2018. Ante esta ominosa perspectiva los Dirigentes históricos que quedan, señalados como los “Karaí Guasú” (Grandes Señores) del Partido, están haciendo oír su voz con firmeza, y uno de los más preclaros es el Dr. Bader Rachid Lichi, ex-Presidente de la A.N.R., quien con su prédica y accionar constante se está convirtiendo en “la conciencia del Partido Colorado”.
     Rachid Lichi es una personalidad singular. Es uno de los políticos más consecuentes (en el estricto sentido de esta palabra: que adecua sus actos a sus palabras) que ha producido la “transición democrática”. Tiene todos los ingredientes que hacen a un Caudillo Republicano: historial político de lucha, apellido, prosapia, fortuna personal limpia, cultura, capacidad intelectual, fortaleza de carácter y una firme personalidad que lo ha llevado a los primeros planos de nuestro ámbito político nacional y es, tal vez, el último Líder-Estadista, en actividad, de nuestra generación en el Partido Colorado. Y él está luchando tesoneramente advirtiendo y educando a los Correligionarios sobre cuatro puntos principales de los problemas partidarios que se presentan y hay que corregir sin pérdida de tiempo. Los exponemos a continuación.
     El problema ideológico: La pobreza de nuestra actividad política se debe a la ausencia del debate ideológico. A pesar de que nuestro Estatuto Partidario de 1992, en su Art. 74, obliga a la convocación de un CONGRESO DOCTRINARIO IDEOLÓGICO “cada diez años, o antes si la Junta de Gobierno lo estimase oportuno”(sic); la Junta de Gobierno del Partido Colorado no presta atención alguna a la difusión de la ideología del “Nacionalismo Republicano” de “El Estado Servidor del Hombre Libre” que profesa el Coloradismo y lo coloca en la “3a. vía”, opuesta tanto a la ideología Liberal “Mercadocéntrica” con un Estado meramente subsidiario, “mirón”; como a la ideología Socialista Izquierdista “Estadocéntrica” con el Estado omnívoro, “atrapatodo”, autoritario. El Coloradismo preconiza el “Estado Regulador”, director, que interviene para suplir las fallas y deficiencias del mercado y armoniza los intereses políticos con los económicos; como ocurre en Suecia, Taiwán, Corea, Japón y lo fue en la Francia de Charles de Gaulle.
      Bader dice que hay que poner énfasis en los pilares de nuestra ideología: el NACIONALISMO (adaptado a la Globalidad del Siglo XXI), el AGRARISMO como lo preconizaron Juan León Mallorquín y Natalicio González y el REPUBLICANISMO con su DEMOCRACIA SOCIAL tal como ya lo plantearan a fines del Siglo XIX, Blas Garay, Fulgencio R. Moreno e Ignacio A. Pane; porque primero se piensa lo que se va a hacer y qué línea aplicar conforme al convencimiento ideológico que es la guía para la acción política; y concluye enseñando que: Ideología Política “denota una Doctrina del Poder Político en la cual, en forma simultánea, se definen los objetivos, se describen los métodos para alcanzarlos y se moviliza el apoyo que estos requieren” y agrega que está formada por tres componentes: “supuestos filosóficos, conceptos doctrinarios, y un programa de acción que dimana de la doctrina y está basado en los supuestos filosóficos”. Y la ideología se expresa en la Teoría entendiéndose como “buena teoría”, “aquella que puede ser adaptada o expandida a fin de que se reflejen en ella las nuevas circunstancias, de modo que permita explicar el pasado, sirva de modelo para el presente, tenga cierto valor de predicción para el futuro”. ESTO ES LO QUE NOS FALTA.
     La moral en la política: Muchos factores contribuyeron a la decadencia moral en el Partido, que acompañó la exaltación intelectual de nuestra reciente Democracia. Probablemente un “factor básico” fue, y es, el crecimiento de la disparidad de la riqueza. Por un lado, se extendió el “pecado” al haber más dinero para pagar su costo. La difusión de la riqueza y el libertinaje en las clases media y alta del Coloradismo debilitó el ideal ascético y sus costumbres; muchos correligionarios llegaron a despreciar una ética nacida de la pobreza y el temor al deshonor que se oponía entonces a sus impulsos y a sus medios. Sin saberlo, por no haberlo leído, cayeron sin embargo en una creciente simpatía por la opinión de Epicuro, de que debía gozarse la vida y de que todos los placeres debían considerarse inocentes hasta que se demostrase que eran culpables, triunfando de las prohibiciones de la tradicional Moral Republicana. Mientras tanto, en los estamentos bajos, se reproducía al revés la famosa frase de Lord Acton: “El Poder corrompe, el Poder absoluto corrompe absolutamente”. Para los pobres y desposeídos, podría decirse que “La falta de Poder corrompe, y la falta de Poder absoluto corrompe absolutamente”; ellos ahogaban su frustración y hambre vendiendo su apoyo y votos al mejor postor, convirtiéndose en una clientela prebendaria de los adinerados. Se perdió el respeto a los “Karaí Guasú” incorruptibles.
       Quizá, después de la disparidad de la riqueza, la mayor fuente de inmoralidad fue la inestabilidad política de nuestra época. La lucha de facciones; frecuencia de las elecciones que constituían verdaderas “guerras políticas”; la entrada con potencia de influencia extranjera; una suerte de “invasión” de nuestra vida política por nuevos políticos oportunistas, ambiciosos y venales que no reconocían restricciones morales; repetida desorganización de la agricultura y el comercio por los estragos de la corrupción y la falta de una profunda Reforma Agraria  y una drástica y justa Reforma Impositiva; desviación y burla de la Democracia y la Libertad por sustitutos mediocres de Stroessner que suplantaban la legitimidad pacífica por la fuerza “Timocrática” del dinero, la demagogia y la mentira. Platón y Aristóteles por primera vez teorizaron con el término Timocracia: para el primero es una forma de Gobierno que se basa en el deseo y la importancia del honor (timé) que da el dinero; “constitución ambiciosa de honores” la define Platón en La República (VIII, 545 b) y que es corrupción de la forma correcta de Gobierno porque de la “Timocracia” se pasa precisamente a la “Oligarquía” –Gobierno de los ricos–cuando los pocos que detentan el Poder ya no se contentan con el prestigio alcanzado y, violando las leyes, “se dedican a hacer dinero apreciando más esta actividad que la virtud” (República: VIII, 550, d-e) convertidos de este modo en negociantes y avaros, exaltan al rico, al que le ofrecen Cargos Públicos y colman de alabanzas, al mismo tiempo que desprecian al pobre.
      Bader dice al respecto, que “no basta con la “sanción moral”, debemos conseguir el castigo ejemplar: no debemos soportarlos sentados en sus escaños del Congreso, ni con la toga del Magistrado, ni en el Poder Administrador del Ejecutivo. Hay que recuperar los bienes mal habidos y poner en prisión a los corruptos. HAY QUE IR MÁS ALLÁ DE LA SANCIÓN MORALy revalorizar en el Partido el sentido y el honor de la moral perdida.
     La unión colorada: Los factores determinantes del destino del Coloradismo en el Paraguay, residen tanto en el propio Partido como en el entorno político. Al respecto, ya en 1943, el político y escritor liberal “Tiempista”  Juan José Soler en su libro “Hacia la Unión Nacional” respondía a la pregunta ¿por qué cayó el Partido Liberal? con las siguientes cuatro causas: 1.-Disensiones internas; 2.-Crisis de Jefatura; 3.-Técnica inadecuada para sostenerse en el Gobierno; 4.-Disolución de vínculos morales.
        El 17 de Septiembre de 2014 se cumplió un aniversario más de la fundación del Partido UNACE que consumó, entonces, la fatal división del Partido Colorado, con más de 300.000 deserciones que pasaron a conformar el nuevo Partido, sangría de la cual el Coloradismo no pudo reponerse para el annus terribilis del 2008, sin aprender incluso la lección y continuando la división exacerbada que llegó a su “climax” con las internas partidarias para elegir al Candidato a Pte. de la República; las masas republicanas se hallaron brutalmente divididas, recordando la época de fines del siglo XIX y principios del XX, entre “Egusquizistas” y “Caballeristas” que llevó al Partido a la llanura en 1904 por la traición del Egusquizismo acaudillado por Guillermo de los Ríos (sucesor del ya fallecido Egusquiza) y el entronizamiento del Partido Liberal.
       Bader apunta que ahora está sucediendo lo mismo, y que los Colorados tradicionales, en particular, buscan instintivamente la última y única esperanza capaz de frenar la demolición del Aparato Político Partidario y su estructura social e ideológica, que costó edificar más de un siglo de vivencia constante, por parte de un redivivo “Neo Decoudismo-Egusquicismo Rojiverde” ahora presentado en un deformado Neo-Liberalismo criollo (ahora Roji-Azul).
        El Poder del Partido: Es lo que Rachid Lichi quiere salvaguardar a toda costa, pues afirma rotundamente que el gran Partido Nacional Republicano es todavía, a pesar de algunos desaciertos, un “haber colosal” de nuestra Patria y “una promesa inestimable para el futuro”. Tal es la dialéctica del proceso histórico, que el Coloradismo, aún en sus horas más difíciles, ha producido los Jefes de mayor visión y valor y ha dado la espalda a aquellos Dirigentes torpes y serviles. Pero los Dirigentes pasan… y el Partido queda. Por eso, los Colorados deben seguir trabajando por la renovación de la Dirección y deben jugarlo todo al impulso orgánico, profundo e irreprimible de las masas paraguayas de liberarse de la pobreza, el atraso y de los “mini-colonialismos” a que nos tienen sometidos nuestros poderosos vecinosEsta tarea fundamental de nuestra época no ha cambiado, por la simple razón de que no se ha resuelto… y los Colorados, dice Bader, no tenemos el menor derecho –a no ser que la desilusión y la fatiga se consideren “derechos”– a extraer la conclusión de que el Partido ha desaprovechado sus posibilidades históricas y debe renunciar a todas sus aspiraciones y resignarse… Treinta o cuarenta años en la balanza de la Historia, cuando se trata de los cambios más profundos en los temas económicos y políticos que afectan la soberanía, pesan menos que una hora en la vida de un hombre: y ¿de qué sirve el individuo que, a causa de los reveses sufridos en una hora o un día, renuncia a un propósito que se ha fijado sobre la base de toda la experiencia de su vida?
          Por eso, “poner una cruz” sobre el Partido Colorado a causa de alguna “recaída episódica” y perder así toda perspectiva histórica, sería imperdonable. Porque, por el momento, solamente el Coloradismo tiene dentro de sí la estructura socioeconómica para una democracia social renacida, la Ideología y el espíritu Nacionalista que requiere la hora; y esto DEBE DEFENDERSE. ¿Y qué defendemos nosotros?: la Soberanía y el progreso de la Patria y el Poder del Partido. Nosotros somos un Partido de Gobierno; no somos el Partido de la oposición irreconciliable… Cumplimos nuestra tarea patriótica exclusivamente a través del diálogo con el Gobierno y la educación y dirección de nuestro Pueblo, explicándoles a ambos lo que deben defender y lo que deben rechazar. ¡Aunque nos quedemos solos, porque a fin de cuentas, PARA CAER CON DIGNIDAD NO HACE FALTA COMPAÑÍA!. Éste es el Catecismo que está enseñando Bader Rachid Lichi y que lo convierte en “la Conciencia del Partido Colorado”.--
            



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