sábado, 14 de diciembre de 2013

TECNICOS vs POLITICOS.




                 ANÁLISIS DE SITUACIÓN ESPECIAL

                    TRES DESAFÍOS PARA EL PTE. CARTES.
                                                     I
                             El Poder y el Orden.
   ¿TÉCNICOS VS. POLÍTICOS?.   
     

               a) Legitimidad y Gobernabilidad: Al conocido aforismo acuñado por Mao Tse Tung (Mao Zedong con la nueva grafía china) “el Poder surge del cañón de un fusil”, habría que añadir que si bien es indudablemente cierto, también lo es en un sentido limitado, porque además existen otras clases y fuentes de Poder tanto o más importantes, y la primera es la autoridad derivada de la legitimidad.
               El reconocimiento de la legitimidad puede basarse en una variedad de situaciones e ideas (como por ej. una ideología revolucionaria, una ortodoxia religiosa, un linaje real, un liderazgo carismático espectacular o el estricto cumplimiento de los cánones de la democracia liberal), pero solo tendrá éxito si se la expresa en términos que la mayoría de la población, la clase dirigente y los factores de presión puedan llegar a aceptar por haber llegado al convencimiento de que lo que ha sucedido está justificado porque es correcto. Y así, en un país como el nuestro, donde emergimos de una sociedad oprimida por décadas y políticamente desmovilizada, donde la mayoría de la gente estaba todavía “fuera de combate”, pudo darse el caso de la toma del poder por una Dirigencia corrupta e inepta apoyada por “grupos de presión”, mediante la neutralización de la mayoría y el “adormecimiento” de una gran parte de la población con el concepto de que mejor era aceptar los hechos consumados para que la “transición democrática” pudiese continuar su curso.
               Pero así como lo expresara uno de los personajes científicos de la celebrada película “Parque Jurásico” que “la vida irrumpe incontenible a través de cualquier barrera o condicionamiento con que se la quiera limitar”, así también la libertad de la democracia se expande y desarrolla aceleradamente a pesar de controles y presiones, y en poco tiempo más el Paraguay pos-stronista era ya un Estado políticamente sofisticado donde gran proporción de la población participaba en la vida pública a través de las elecciones, los grupos comunitarios, los Sindicatos, y como miembros de los Partidos Políticos, se volvía cada día más impaciente con la necesidad de reformar el Estado y el desarrollo económico acelerado con equidad, y por tanto también más exigente y crítica respecto a la “legitimidad”. Porque sin legitimidad no hay orden ni gobernabilidad posible.
               El Paraguay, como una de las zonas más atrasadas de la ya atrasada América Latina, se nos presenta saliendo del siglo XX sin haberse liberado de elementos semi-feudales, sin haber pasado por una Reforma ni una  Revolución liberal burguesa, pero, sin embargo, con elementos de una civilización moderna injertados en su existencia arcaica. Obligado, como toda América Latina, a avanzar bajo la superior presión económica y militar occidental, no pudo pasar por todas las fases del ciclo “clásico” del progreso Europeo y Norteamericano, debiendo pasar del extremo del atraso hacia el extremo del progreso como aquellas tribus que pasan bruscamente de la flecha al fusil, sin recorrer el espacio de tiempo que separa en el pasado a esas dos armas. Y entonces, su mismo atraso le obliga a avanzar políticamente, sin tregua, hasta el punto que marca el “nuevo orden internacional”, esa globalidad que se impone “urbi et orbe” y en la cual estamos envueltos. Pero como nuestra clase media burguesa es demasiado débil, es incapaz de sacudirse la carga de los elementos semifeudales (terratenientes, militares privilegiados, agroexportadores, contrabandistas y “ejecutivos de frontera” muy ricos, importadores suntuarios etc.), lo cual hace que, en el otro extremo, una pequeña pero compacta clase obrera que va “in crescendo”, apoyada por un campesinado cada vez más rebelde y una población marginal creciente, pueda generar tensiones que conduzcan a una explosión de ingobernabilidad.
               León Trotsky, por medio de la “Ley del desarrollo combinado” explicó la fuerza de las tensiones dentro de la estructura social. Sin embargo, trata la estructura social como un elemento “relativamente constante” de la situación de una sociedad que no explica por sí mismo los acontecimientos ingobernables de una revolución. Entonces, si la economía nacional y las relaciones básicas de las clases sociales pueden ser las mismas, por ej. , de los últimos 20 años, ¿qué explica directamente las erupciones de ingobernabilidad con desprecio de la Ley y el Orden que estamos observando en el Paraguay? ¿Puede ser simplemente efecto de la democracia? “No” –nos contesta Trotsky – “con democracia formal o sin ella, la explicación está en los cambios en la psicología de las masas”: si la estructura de la sociedad es el factor constante, la actitud y los estados de ánimo de las masas son el elemento variable que determina el flujo y reflujo de los acontecimientos, su ritmo y su dirección. El rasgo más indudable de una revolución o una ingobernabilidad generalizada es la intervención directa de las masas en los acontecimientos. “La rebeldía está presente en los nervios de aquellas aún antes de que aparezca en las calles”. Así, paradójicamente, la causa más profunda de una ingobernabilidad generalizada que lleva a una explosión social revolucionaria o a un cambio de las élites gobernantes, no se deriva automáticamente de la decadencia de un viejo orden, sino cuando bajo el impacto de alguna catástrofe como el colapso económico y el vacío de Poder, los hombres comprenden súbitamente su retraso mental respecto de los tiempos y se disponen a superarlo de inmediato; entonces se produce la gigantesca erupción de desesperación, esperanza y actividad. Como lo dijo acertadamente Alexis de Tocqueville (“La Democracia en América”): “soportado con resignación, mientras parece inevitable, una vez que ha pasado por la mente de los hombres la posibilidad de superarlo, el sufrimiento se vuelve intolerable”.
               Quienquiera observe las continuas manifestaciones de campesinos desposeídos de tierra y las ocupaciones de propiedades por gente cada vez más levantisca, organizada, informada, y también armada, con una conciencia de clase día a día más acentuada, los golpes guerrilleros del EPP, o la agresividad de los Sindicatos de Trabajadores; quienquiera analizase la incidencia de ese alto porcentaje de desocupación –confesado por el Ministerio de Hacienda– en   la pobre educación , mala salud, baja productividad y auge de la delincuencia, más el continuo incremento de la deforestación y el narcotráfico, y comprobase la intocabilidad de los privilegios como las de la oligarquía agraria latifundista, la “patria financiera” que casi no paga impuestos, la permanencia tranquila de ex gobernantes y políticos corruptos, amén de la influencia social y política de “cuasi-delincuentes” de frontera, puede darse cuenta que los elementos de una situación de ingobernabilidad generalizada están presentes y aumentando.
                  b) La importancia del Partido Político en la consolidación del Poder, el mantenimiento del Orden y la Gobernabilidad: Condición indispensable en la edificación del Poder del Gobierno es la presencia y  actividad del Partido Político que lo sustenta; porque sin el apoyo masivo de un Partido, probado y templado en los combates y con una larga tradición detrás de sí, el Gobierno no podrá librarse del yugo de los intereses creados y establecer su propio poder político; y la importancia del Partido Político se eleva aún más después de conquistado el Poder Estatal.
               La historia enseña de muchos casos en que las fuerzas políticas después de conquistar el poder, no sabían qué hacer con él, concluyendo de este modo a labrar su propia derrota. Entonces, el Partido que las apoya es el encargado de pertrecharle con este conocimiento. Después de la victoria, al Gobierno triunfante se le plantea la tarea de consolidar el Poder conquistado, y –en nuestro caso paraguayo actual– desplegar una labor encaminada a la transformación del régimen económico de la sociedad y, por último, organizar la creación de una nueva economía y de una nueva cultura. Y sin un Partido férreamente organizado y templado en la lucha, sin un Partido que goce de la confianza de todo lo que haya de honrado en la ciudadanía, sin un Partido que sepa pulsar el estado de espíritu de las masas e influir sobre él, es imposible llevar a cabo esta tarea. Esto significa que también nuestro Partido Colorado debe ser transformado, modernizado, remozado y cultivado con nuevas costumbres que lo hagan distinto a lo que antes era y lo llevaron a la llanura. Y esto debe ser fruto de un amplio debate sobre el tipo de Partido y de sociedad que queremos y el quehacer del Partido en esta etapa crítica de la vida nacional, con la elaboración de un PROYECTO IDEOLÓGICO, un PROGRAMA POLÍTICO para corto, mediano y largo plazo, y una PROPUESTA DE REORGANIZACIÓN de la estructura partidaria.
               Debemos comprender que ESTÁ CONCLUYENDO UN TIEMPO y CERRÁNDOSE UN CICLO en la historia de nuestro país y de nuestro Partido, por el AGOTAMIENTO DE UN MODELO DE GESTIÓN POLÍTICA. Tiempo, ciclo y modelo que, en el ocaso de sus trayectorias, convocan hoy, por ley ineluctable de la historia, a una renovación profunda y radical, que permita instaurar UN TIEMPO NUEVO, UN MODERNO CICLO HISTÓRICO, y UN MODELO DE GESTIÓN POLÍTICA ORIGINAL. Esto es fundamental porque el Partido es el que debe infundir en las masas el espíritu de disciplina y de organización para cumplir con las directrices del Gobierno y servir de “correa de transmisión” para el mantenimiento de la Gobernabilidad, la Ley y el Orden, aglutinando a los diferentes estratos del pueblo en torno a un objetivo común y cumpliendo la función de fuerza dirigente y orientadora del mismo. El Partido Político cumple esta función en el sistema por medio de todo un conjunto de organizaciones estatales y sociales que lo enlazan con las más extensas masas populares como las Seccionales, Sindicatos, las Cooperativas, la Juventud, las Mujeres, Profesionales, Campesinos, y otras organizaciones sociales. Por medio de estas organizaciones las capas populares más diversas expresan sus aspiraciones y su voluntad y el Partido debe apoyarse en ellas para llevar a cabo sus tareas evitando los brotes de rebeldía y manteniendo la paz y la seguridad. Porque la Dirección de un Partido sano, consciente de su destino histórico, garantiza la solución de todos los problemas nacionales en interés de todo el pueblo y no sirviendo los intereses particulares o de grupo. De ahí que todos los intentos de separar la actividad de tales o cuales órganos del Gobierno o Entes Administrativos Estatales y Paraestatales de la presencia del Partido, de sustraerlos al control del mismo, son profundamente nocivos y se oponen a los intereses del pueblo. El zafarse del Partido conduce a fracasos en el trabajo y al divorcio respecto de las masas.
               Por todo lo apuntado no es raro que el Neoliberalismo reaccionario antinacionalista descargue sus golpes principales sobre nuestro Partido Nacional Republicano. Simultáneamente, a fin de minar al Partido por dentro y desprestigiarlo por fuera, la propaganda Neoliberal se esfuerza por hacer creer a la opinión pública que se puede prescindir perfectamente de él. Porque el Neoliberalismo proclama que lo económico es más importante que lo político: niega en absoluto la necesidad de toda organización política; afirma que las clases populares no han de preocuparse de la política y que les basta con un Gobierno de “Tecnócratas”. Con su negación de la política, el Neoliberalismo subordina de hecho a la clase trabajadora a la influencia de la clase dominante.
                 c) El papel del Dirigente político en la historia: La activa participación de los afiliados del Partido en las labores del mismo no reduce sin embargo el significado de la Dirección, el papel de los Dirigentes capaces y en posesión de los necesarios conocimientos y experiencia. La historia de los Partidos Políticos de los distintos países demuestra que ellos pueden actuar con éxito cuando cuentan con grupos estables de Dirigentes expertos, prestigiosos e influyentes. Estos hombres y mujeres constituyen el núcleo Dirigente del Partido, nombrado por elección, que organiza prácticamente el cumplimiento de las resoluciones adoptadas y asegura el mantenimiento y transmisión de la experiencia y las tradiciones. La unidad de acción de los Dirigentes no significa en absoluto que no pueda existir diversidad de opiniones, discrepancias en cuestiones concretas (como ahora sobre los nombramientos en el Gabinete Ministerial y la Dirección de los Entes Administrativos) porque en caso contrario el Partido dejaría de ser algo vivo y se convertiría en un organismo muerto.
               El Príncipe Bismarck, el “Canciller de Hierro” que unió a los diferentes Principados y Estados alemanes bajo la hegemonía de Prusia para dar nacimiento al “Segundo Reich Alemán” decía que la política “es el arte de lo posible y la ciencia de lo provisorio”. Esto significa que la Dirección Política exige una gran capacidad y verdadero arte en la aplicación de la línea; caso contrario, la mejor línea política no servirá de nada. Por lo tanto, para la Dirección Política no es sólo saber sino ser capaz de hacer. ¿Cómo se adquiere esa capacidad, ese arte?: El mero estudio teórico, se comprende, no basta. Cada Dirigente únicamente puede dominar el arte de la dirección política sobre la base de una gran experiencia propia; no hay escuela capaz de cumplir las veces de la escuela que es la lucha práctica con todas sus vicisitudes y pruebas, con sus victorias y sus derrotas. ¿Y qué grandes esferas abarca el arte de la dirección política?: Lo primero de todo, la capacidad de trabajar entre las masas, porque los afiliados no escucharán jamás los consejos de los Dirigentes si no coinciden con lo que la experiencia de la propia vida les enseña. Otra parte importante de la dirección política es la capacidad para unir los esfuerzos propios a los esfuerzos de todos con quienes es posible llegar a la unidad de acción, sin excluir a los que mantienen discrepancias en cuestiones de fondo”. El arte de la Dirección Política comprende también la capacidad para elegir formas de lucha que correspondan a la situación, y de estar dispuestos a los cambios más rápidos e inesperados de estas formas. En fin, la ciencia y el arte de la Dirección Política se manifiestan asimismo en la capacidad para destacar las tareas principales en el cumplimiento de las cuales han de centrarse los esfuerzos.
               El Dirigente Político debe también tener una fuerte personalidad, no timorata, que le permita no dudar en defender los intereses de su Partido y su pueblo aunque fuere en la situación más difícil, arriesgando su posición y persona inclusive, y estar dotado de un buen nivel intelectual y cultura suficiente como lo demuestran los grandes políticos que registra la historia, por ejemplo: Winston Churchill, ganador del premio Pulitzer y el premio Nobel de Literatura; Charles De Gaulle, autor de varios libros entre los que destaca “Le Fil de la Epée” un formidable tratado de la historia militar de Francia desde la batalla de Azincourt en la Edad Media; Konrad Adenauer, Willy Brandt, Lenin, Stalin, Trotsky, Juan D. Perón y muchos más.
               Además de un superior razonamiento lógico y capacidad de análisis, tiene que ser muy intuitivo, dotado de una gran presciencia (esa intuición rayana en la adivinación) y lo que los alemanes llaman fingerspitzgefühl (“sensibilidad en la punta de los dedos”) que describe perfectamente el sentido de la oportunidad y de la cronometración de los acontecimientos. Por último, ser un gran psicólogo de masas que le permita conocer a la gente y verla como realmente es y no como él quisiera que fuese. Y, por supuesto con un gran idealismo y total devoción por su causa  con total convencimiento ideológico. Pues el gran Dirigente no lleva tras de sí a las masas caprichosamente sino que intuye hacia dónde se dirigen y se les pone delante. NO, NO SE PUEDE PRESCINDIR DEL POLÍTICO.
                  d) Experiencias fallidas: Como ahora se ha abierto el debate –a raíz de los nombramientos en Cargos Ministeriales y Dirección de Entes Públicos– sobre si es mejor gobernar con “Técnicos” antes que con “Políticos”,  es interesante recordar lo que expresaba, ya en 1690, después de consumada la Revolución Inglesa de 1688-89 –llamada “La Gloriosa”– George Savile, Marqués de Halifax, “Lord del Sello Privado” del Gobierno del nuevo Rey Guillermo III y el más notable e influyente de ese Gobierno, respecto a la diferencia entre un  político “culto” y un “técnico”: que la diferencia entre ambos es que el Político tiene “la capacidad de ver el momento y la parte, a la luz de lo perdurable y el todo” “con la amplitud y la precisión de un filósofo político y el rigor incisivo de un Estadista práctico. Es decir, que el Político (si está intelectualmente bien dotado) puede “volar más alto que un Técnico pedrestremente apegado sólo a las querellas cotidianas que su estrecha y limitada función le presenta”; porque el “Técnico” no tiene la “muñeca política” que le permita comprender y “manejar” a la gente. Y Halifax nunca se contentó con ser enteramente un “hombre de gobierno”: “El Gobierno del mundo –escribió, en el sentido de gobierno de las naciones– es una gran cosa; pero es también algo muy tosco comparado con el conocimiento especulativo”. Comprendió perfectamente que la política tenía que manejar multitudes, lo que le alarmaba, diciendo: “Hay una crueldad acumulativa en un número de hombres, aunque ninguno de ellos sea naturalmente malo… El zumbido iracundo de una multitud es uno de los ruidos más sanguinarios del mundo”.
               Por eso queremos reseñar las experiencias de algunos casos muy emblemáticos y conocidos de Gobernantes que intentaron conducir sus naciones apoyándose solamente en “Técnicos” y algunos “Poderes Fácticos”, desechando a los Partidos Políticos en general y a sus Dirigentes en particular, y así les fue:
                  ALBERTO FUJIMORI: Presidente del Perú en la última década del siglo XX, se jactaba abiertamente ante la prensa de que en su Gabinete “no había un solo político sino todos “Técnicos” (sic). Y ¿cómo le fue a Fujimori? ¿cómo terminó? Desde que en 1992 dio su “autogolpe”, con la ayuda de las Fuerzas Armadas, disolviendo el Congreso, el Poder Judicial y proscribiendo a los Partidos Políticos, instauró en Perú una espantosa tiranía que violó todos los “Derechos Humanos” y las prescripciones constitucionales, con un conjunto de corrupción, torturas y crímenes de la mano de su “Asesor Técnico” de Seguridad Vladimiro Montesinos, aplicando una política económica neoliberal que provocó una violenta reacción popular, teniendo que huir del país y del poder, estando ahora ambos en la cárcel.
               Y ni siquiera mejoró la situación económica, dejando una herencia tan pesada que su sucesor Alejando Toledo no pudo revertir en cinco años de mandato, “levantando la cabeza” el Perú recién bajo el Gobierno del socialdemócrata Alan García, quien implementó una “Economía Social de Mercado” con muy buenos resultados que se sigue hasta hoy.
                  AUGUSTO PINOCHET: Este sanguinario Dictador de Chile que tomó el Poder, en 1973,  con un cruel Golpe de Estado, también proscribió los Partidos Políticos y puso en el Gobierno a los “Chicago Boys”: Técnicos neoliberales discípulos de Milton Friedman, que para 1982 llevaron al país a un colapso económico y social, teniendo que intervenir el tan vilipendiado Estado (para ellos) para salvar a Bancos, Empresas y en general el aparato productivo, siendo despedidos por el dictador quien nombró a Hernán Büchi como el “zar” de la economía para poner cierto orden, quien como Candidato Presidencial fue contundentemente derrotado por la coalición opositora la que operó cambios hacia una Economía Social de Mercado también.
                   GONZALO SÁNCHEZ DE LOZADA: Criado y educado en los EE.UU., también instauró en Bolivia un régimen de “Técnicos” que ejecutaron una política económica Neoliberal diseñada y asesorada por nuestro conocido economista norteamericano Jeffrey Sachs, con los resultados que sabemos: una violentísima reacción popular con más de un  centenar de muertos que lo obligó (a Lozada) a dimitir y huir del país dejando abiertas las puertas para la entronización de Evo Morales.
                    JUAN CARLOS ONGANÍA: El caso de este General que también llegó a la Presidencia de Argentina por un  Golpe de Estado –que él llamó “la Revolución Argentina”, destinada a durar 20 años– es uno de los más emblemáticos por ser el primero en prescindir de los Políticos y sus Partidos, pretendiendo (como lo anunció soberbiamente) gobernar solamente con “Técnicos” y apoyado en el Empresariado y las FF.AA. Pero fracasó completamente tras cuatro años de Gobierno (1966-1970) siendo derribado por esas mismas fuerzas que lo encumbraron. Al respecto, es interesante recordar el campechano comentario de Perón ante su caída: “Yo sabía que este muchacho iba a fracasar. Entró comportándose como ‘el peludo de turno’ repartiendo golpes aquí y allá. Pero los Técnicos y los Militares solo conocen una cara de la moneda y no pueden gobernar sin los Políticos”. Y para remarcar aún más lo orgulloso que estaba de su condición de Político, declaró a la prensa durante su visita al Paraguay antes de volver a asumir la Primera Magistratura de Argentina: Los militares intentaron llegar a un acuerdo conmigo. Me ofrecieron incluso devolverme mi Grado de General. El Grado de General… ¿para qué lo quiero? Ser General no me costó nada, sólo tuve que dejar pasar el tiempo hasta alcanzar la antigüedad requerida. En cambio, ser Perón me costó”.
                    e) La polémica con el Presidente Cartes: Los nombramientos para cubrir las Carteras Ministeriales y la Dirección de los Entes Administrativos hechos por el Poder Ejecutivo, han desatado una grande y aguda controversia en el Partido Colorado y en la opinión pública en general. Algunos más recalcitrantes piensan que el Presidente de la República se embarcará en un Gobierno apoyado fundamentalmente en “Técnicos” –que  precisamente por no ser “Políticos” y no tener la visión de futuro ni interés electoral ni “clientela” que satisfacer como éstos, no pueden ofrecer resistencia alguna– extraordinariamente obedientes a los dictados de aquél. Recordamos lo que Shakespeare hacía decir a Julio César en su obra homónima: “Yo prefiero a mi alrededor hombres gordos de cara lustrosa y que ronquen por la noche antes que a esos individuos magros, ojerosos, que pasan las noches en vela, activan mucho entre la gente y piensan demasiado: éstos son peligrosos e incómodos, los otros no causan problemas”.
               Otros más cautos creen sin embargo que el Ejecutivo rectificará rumbos y no dejará de apoyarse en la Organización Partidaria porque su titular comprende perfectamente el peligro de quedar aislado de su base popular, “navegando” en las turbulentas aguas del “cambio”, que requiere el momento actual, recostado solamente en “Técnicos” obsecuentes (que aunque estén afiliados al Partido no han hecho nunca militancia política y no tienen experiencia de cómo llegar a la gente) y un Empresariado que exigirá una política de rápidos resultados para sus intereses. Pero es preocupante que en el discurso de toma de posesión del Presidente de la Rca., muy bien elaborado y con una retórica brillante, no se haya hecho mención alguna de la necesidad de una amplia y radical Reforma Agraria que reduzca esa tremenda asimetría estructural del campo –donde el 1% de la población es propietaria de casi el 80% de las mejores tierras cultivables– ni de la relación con los Sindicatos de Trabajadores, a los que no se puede ignorar, y su situación laboral. Por otra parte, los designados como Ministros  –excepto el Canciller Eladio Loizaga– no resisten la crítica a su condición de “Técnicos” en la materia de su competencia según se desprende de sus currícula que no revelan mucha experiencia en ella. Recordemos que el Diccionario de la Real Academia define al “Técnico” como “El que tiene sabiduría y experiencia práctica en un arte o ciencia”. Como “botón de muestra” tenemos la falta de reflejos políticos en la reacción del Ministro del Interior De Vargas, quien ante el primer ataque sangriento del EPP bajo este nuevo Gobierno, sólo atinó a responder  con medidas de fuerza pidiendo la movilización masiva del Ejército y la Policía, cuando que la experiencia histórica ha demostrado que el máximo empleo de la fuerza no basta para derrotar a las guerrillas, que, como lo escribió Mao Zedong, “viven y se mimetizan entre el pueblo como pez en el agua”. Si la potencia militar pudiese domeñar la insurgencia montada sobre el terrible descontento popular, los Franceses no hubieran “mordido el polvo” en Diem Biem Phu en 1954, ni sus sucesores en Indochina: los Norteamericanos, hubiesen perdido la Guerra de Vietnam, Cambodia y Laos; Argelia y Angola no hubiesen logrado su independencia a base de lucha guerrillera; Castro no habría triunfado en Cuba; los Sandinistas en Nicaragua; ni Colombia, que recibió durante décadas una masiva ayuda militar y económica, con “expertos”, de los EE.UU., estaría negociando la paz con las FARC. Recomendamos al Ministro del Interior –si es propenso a la lectura– enterarse de lo que escribieron, además de Mao Zedong (“Manual de Guerra de Guerrillas”), el vietnamita Ho-Chi-Ming (“Elefantes contra Conejos”), Ernesto “Che” Guevara (Obras Completas: “La Teoría del Foco”) y Regis Debray (“Revolución en la Revolución”) entre otros. 
      Cuando la tremenda ofensiva del Ejército Norteamericano contra las Guerrillas Vietnamitas, que llegó a tener 500.000 soldados en el terreno, el Líder Vietnamés Ho-Chi-Ming ironizó escribiendo que era una guerra de “elefantes contra conejos” diciendo que los elefantes no podrían aplastar a los conejos pues éstos se les escurrían entre las patas, y agregó que las guerrillas eran “hormigas rojas” y que “las hormigas “no pueden matar a un elefante pero se lo pueden comer”. Nuestro actual Ministro del Interior no tiene formación ni experiencia política –sólo ha sido un Burócrata del Poder Judicial y la SENAD– y está yendo de fracaso en fracaso, debiendo ser sustituido sin más trámite por un Dirigente Político, como quería Cicerón: “sapiente, prudente y experiente”, con mucha experiencia práctica en la resolución de graves problemas de ésta índole, gran bagaje intelectual que le permita comprender todas las aristas de la situación, y un valor personal con capacidad de decisión rápida y efectiva. Es nuestra convicción que tales cualidades se hallan reunidas en la recia personalidad del Dr. Bader Rachid Lichi, quien además tiene un “plan maestro” para derrotar a la subversión y devolver, también, la seguridad a la ciudadanía. Bader es un Dirigente consciente, organizado e informado. Es el candidato ideal para Minisro del Interior.  
                    Así pues, nosotros pensamos que un Gobierno que quiera ser eficiente y eficaz, debe tener como Ministros y Directores de Entes Públicos –excepto en las Binacionales– a Políticos intelectualmente capaces para comprender “el momento y la parte, a la luz de lo perdurable y el todo” y con gran sentido de organización para rodearse de excelentes Técnicos, como sucede en los Estados Europeos y en los EE.UU. Y estamos seguros de que el Presidente Cartes más temprano que tarde así lo hará pues es demasiado inteligente para cometer un gran error. Creemos que este Gabinete es tentativo y provisorio, con gente de su confianza a la que conoce mientras va observando a los Políticos Colorados capaces de ser útiles en el Gobierno.

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