domingo, 19 de octubre de 2014

POLÍTICA EXTERIOR ESTADOUNIDENSE

LA POLÍTICA   EXTERIOR  ESTADOUNIDENSE
         La visión pragmática, o simplemente práctica o instrumental, cuando no la propiamente pragmatista, se sitúa, con frecuencia, como un antecedente, o como un aspecto determinante, de la acción política Estadounidense. Edward S. Said (1935-2003) por ejemplo, pudo entrever un notorio influjo de esta línea de pensamiento a la hora de definir y proyectar dicha acción política: Detrás de esto se halla la creencia en el ‘Pragmatismo’ como sistema filosófico destinado a administrar la realidad: un Pragmatismo anti-metafísico, anti-histórico y hasta, curiosamente, anti-filosófico. Esa especie de anti-nominalismo posmodernista constituye, junto a la Filosofía Analítica, un sistema de pensamiento muy influyente en las Universidades Estadounidenses (Edward S. Said: “La Otra América”; en Le Monde Diplomatique; nº 89,  Marzo de 2003,  p. 23).
       El Pragmatismo Estadounidense es particularmente evidente en la Política Exterior, que no sigue ningún lineamiento claro y se adapta a cada situación según se hayan analizado los mejores resultados para el país. Recurrir al Pragmatismo significa que las situaciones son confrontadas en un nivel individual, a diferencia de un nivel colectivo que generalmente implica una planificación a largo plazo. El Pragmatismo afecta a la Política Exterior de EE.UU. en varias formas: aminora el requisito de que los responsables de la toma de decisiones sólo hagan política que esté basada en estrictos principios legales o principios ideológicos. La política no está casada con estrictos conceptos filosóficos o morales. Se puede decidir con mayor flexibilidad, basada principalmente en las percepciones políticas en lugar de rígidas consideraciones normativas.  Además, la  Política Exterior de EE.UU. tiende a ser más reactiva que proactiva; en sus Relaciones Internacionales  el país reacciona ante ciertos eventos que se producen en lugar de anticipar qué se va a producir, como ya mencionaron varios autores antes. En este sentido, el Pragmatismo contribuye a la tendencia norteamericana a preferir los objetivos nacionales a corto plazo en comparación a las soluciones a largo plazo, un enfoque que alimenta la falta de coherencia en las acciones de Política Exterior.
        Pese a las versiones contrapuestas a que se ha hecho alusión, el Pragmatismo es, como el Aislacionismo, cita obligada en un estudio que pretende desbrozar la génesis de la Realpolitik Estadounidense y que remite, necesariamente, al Excepcionalismo  Norteamericano.
        La tendencia principal de los primeros 14 años de este siglo ha sido el descenso gradual en la dominación Geopolítica Mundial de Estados Unidos en particular y de Occidente en general. Creemos que para entender las razones por las que el País con un aplastante poderío militar es incapaz de mantener su preeminencia hay que analizar la situación que se desarrolló a partir del colapso de la Unión Soviética: los Líderes Estadounidenses interpretaron la desintegración de la URSS como el final de la lucha mundial y el momento para empezar a desarrollar nuevos proyectos globales. A falta de fuerzas que se lo pudieran impedir, se podía actuar sin considerar las peculiaridades de las diversas regiones del mundo donde estos proyectos se introducían.
        En efecto, podemos distinguir que en la Política Estadounidense de los ‘90 dominaban tres postulados:
      1. El mundo ha pasado a ser Unipolar, por lo que se debe desarrollar un Sistema Económico Común donde a cada Estado se le otorga su propio papel en el marco de la división internacional del trabajo. Las fronteras interestatales se consideran un vestigio del pasado y no deben impedir el movimiento libre de capitales, mercancías y recursos humanos.
      2. El patrón Liberal del orden social es el único posible ejemplo para todo el mundo y debe desplegarse a fondo sin restricciones obsoletas dictadas por las culturas tradicionales.
      3. Occidente goza de una posición excepcional en comparación con otros países. En particular EE.UU. asume el papel de centro intelectual global empleado principalmente en la elaboración de un producto informativo, mientras que los otros países asumirán las funciones de extracción de materias primas y de producción de bienes materiales, en particular los que tienen un fuerte impacto ecológico.
      De todo esto se desprendía el debilitamiento de la Soberanía Nacional de los países de la periferia y la transferencia de las funciones Estatales a ciertas Estructuras Supranacionales. 
      Bajo las banderas de la Globalización el gran negocio empezó a exportar intensamente las capacidades industriales desde Occidente a los países en desarrollo que ofrecían una fuerza laboral incomparablemente más barata. De ahí la desindustrialización en Norteamérica y Europa. Países anteriormente atrasados como China y la India no solamente se han convertido en poderosos Centros Geopolíticos (China está pisando los talones de EE.UU. en cuanto a volumen de PIB), sino que también han pasado a ser  los principales rivales de EE.UU., tanto económica como militarmente. La Política Liberal llevada al absurdo con la legalización de los vicios y perversiones y llevada a cabo sin consideración de las peculiaridades nacionales o de las tradiciones culturales ha desacreditado la idea Liberal como tal”, opinan Expertos Geopolíticos en un Artículo para el portal VPK News.
       El uso de las consignas de la  “protección de las fuerzas democráticas” para justificar  las intervenciones militares junto con el apoyo abierto a grupos ultranacionalistas (en Ucrania) o fundamentalistas (en Libia y Siria) ha hecho mermar la atracción del Modelo Social Occidental, algo que socavó las bases morales de la influencia Estadounidense en el mundo.
      Además se ha formado una gran burbuja virtual y no productiva  en la economía de EE.UU.,  que ha concentrado gigantescos recursos financieros cuyo tamaño es considerablemente mayor que el del sector real (productivo) no solamente de EE.UU., sino también de todos los Países Occidentales (Predominio del Capital Financiero del Neoliberalismo). De ahí la amenaza de un colapso del dólar y del crecimiento de todos los componentes de la deuda nacional, procesos que en su conjunto llevan a una crisis económica.
      Todo eso dio como resultado que las Élites Nacionales de los anteriormente incondicionales aliados de EE.UU. empezaron a tratar de liberarse de su control porque con el colapso de la URSS, estos países dejaron de necesitar la protección de Washington, sobre todo su protectorado económico; esto presentó una amenaza al acceso de EE.UU. a las materias primas baratas, principalmente en lo referente a combustibles, y debilitó su influencia.
      La intención de los aliados de salir de la esfera de protección Estadounidense fue fomentada por la obvia desconsideración de sus intereses por parte de la Casa Blanca. Ante esta situación, la Élite Estadounidense no tuvo otro remedio que tomar medidas de emergencia para neutralizar estos procesos. De todas las posibles soluciones se escogió el método más costoso y menos eficaz: el militar. Probablemente aquí prevaleció la ilusión de vencedor y amo del mundo o conclusiones incorrectas extraídas tras las guerras de Yugoslavia, Libia, Afganistán, Irak,  que le hicieron sentirse capaz de resolver cualquier problema político mediante guerras sin contacto directo, o sin riesgo de ocasionar grandes bajas en sus fuerzas.
      El análisis de los acontecimientos de la primera década de este siglo proporciona la imagen de la Estrategia Estadounidense en ese período: tras crear un fundamento moral y psicológico para un amplio uso de la fuerza  gracias a los atentados terroristas del 11 de Septiembre, lanzan ostensiblemente poderosas operaciones para aplastar a los Países obviamente desobedientes y posteriormente convertirlos en plazas de armas para la expansión en Asia Central y la presión sobre Rusia y China, así como sobre los países de Oriente Medio y África del Norte, que conforman “Eurasia” (Quien domine Eurasia dominará el Mundo, dijo ya en 1919 el más famoso de los Geopolíticos, Sir Halford MacKinder). Precisamente dos países de esa zona: Irak y Afganistán, manifiestos enemigos de EE.UU. con posiciones geopolíticas excepcionalmente beneficiosas, fueron escogidos como objetivos del primer golpe. Sin embargo, los primeros éxitos tácticos que permitieron a EE.UU. y sus aliados de la OTAN ocupar el territorio de estos países, fueron seguidos por enormes pérdidas económicas y humanas en la guerra contra la insurgencia.
      Para 2006 los Estrategas se dieron cuenta de que los objetivos políticos de las operaciones en Afganistán e Irak  no eran alcanzables y de que la derrota militar de Occidente era una cuestión de tiempo, como está pasando ya con el surgimiento y poderío del Estado Islámico(ISIS) ahora elevado a la categoría de “Califato” que domina la mayor parte de Irak y gran parte de Siria y Turquía. Y al parecer, el Gobierno Estadounidense entendió que sin cambiar  los  métodos  era imposible realizar con éxito las tareas globales. Entonces, el remplazo del belicoso George W. Bush por el  pacificador Barack Obama –al que le entregaron un Premio Nobel de la Paz anticipado para crear la imagen pertinente– significó el cambio de EE.UU. para realizar una nueva estrategia aunque la metas no cambiaron; lo que cambió fue solamente la herramienta: se priorizaron los métodos del ‘poder suave’. Aun así la misión de la operación Primavera Árabe, lanzada en 2011, fue radical: derrocar a los Regímenes de Oriente Medio y África del Norte que estaban empezando a estar fuera del control estadounidense para remplazarlos por Gobiernos estrechamente vinculados con EE.UU. aunque no tuvieran aceptación popular.  Sin embargo, aquí Washington también fracasó. En los países donde los Regímenes Autoritarios procuraban llevar una política moderadamente autónoma conservando cierta dependencia de Occidente, aparecieron Fuerzas Islamistas radicales. Siria logró repeler la agresión sufriendo pérdidas materiales y humanas enormes. Egipto vio una Contrarrevolución que llevó al Poder a fuerzas que empezaron a reorientar sus políticas hacia otros centros geopolíticos, incluyendo a Rusia, y tuvo que recurrir a una sangrienta represión con Dictadura Militar cuyo destino aún está por verse. Esta serie de fracasos de EE.UU. en la región llevaron a que inclusive aliados tradicionales como Arabia Saudita y Catar empezaran a actuar con más independencia y a veces en contra de los intereses de su aliado Norteamericano. Se sabe que Arabia Saudita desembolsó a Egipto unos 3.000 millones de dólares para la adquisición de armas rusas. Según algunos medios, también fracasaron los esfuerzos del Presidente Estadounidense para inducir a las Monarquías del Golfo Pérsico a coordinar acciones para reducir drásticamente los precios del combustible para perjudicar a Rusia”, resalta el Artículo del portal citado. 
      Además, acotemos nosotros que EE.UU. está perdiendo su influencia en América del Sur, en particular en Venezuela, el mayor productor de petróleo de la región así como también en Ecuador, Bolivia, Argentina y Brasil.
      “En esta situación la declaración de una revolución de pizarra [o revolución del esquisto], que presuntamente ayudaría a Occidente a conseguir la independencia energética, de hecho es la admisión por parte de EE.UU. de que sus esfuerzos para restaurar el control sobre los recursos energéticos mundiales han fracasado”, añaden los expertos.
      Pensamos que una de las desventajas de la Estrategia Estadounidense es su radicalismo.  En lugar de realizar sus tareas gradualmente, paso a paso, suavemente, volviendo la situación a su favor, el Gobierno intentó hacerlo lo más rápido posible, prácticamente cambiando el Poder entero en el País del que se trate. Por lo tanto fracasa la gestión del proceso de cambios: de un Golpe de Estado bien controlado la situación desciende a la fase de Revolución, que es muy difícil o imposible de dirigir. Entre los ejemplos se encuentran todas las etapas de la Primavera Árabe y Ucrania, donde el Poder se resistió hasta el final y se involucraron en el proceso grupos radicales locales, que después de hecho tomaron el Poder en lugar de los Líderes por los que había apostado Washington. Otra causa de los fracasos estadounidenses es la subestimación de las fuerzas hostiles. Como resultado, las operaciones casi siempre se demoran, los objetivos no se alcanzan en la mayoría de los casos y se socavan los planes iniciales.
      Otra deficiencia que encontramos en la Política Exterior Estadounidense es atenerse a los mismos patrones: Los acontecimientos de la Primavera Árabe se desarrollaron en diversos países según el mismo escenario, el mismo modelo, sin tener en cuenta la diversidad étnica y otras diferencias. Luego, a pesar de las consecuencias negativas para los intereses de EE.UU., el mismo escenario casi sin modificaciones pudo verse en Ucrania. De ahí el fracaso posterior, con la reincorporación de Crimea por Rusia y graves pérdidas políticas de Washington.
      En la mayoría de los casos, EE.UU. comenzaba una nueva operación sin terminar la previa. Sin acabar con los Talibanes en Afganistán, lanzaron una operación en Irak. Sin retirar las fuerzas de esos dos países, amenazaron con represalias militares a Irán. Sin resolver el problema Sirio, aportaron a la desestabilización de Ucrania. Como resultado se dispersan los esfuerzos y recursos y se producen fracasos consecutivos, al igual que daños a la reputación del País. Seguir ciegamente un plan, por muy genial que sea, sin considerar la situación real, es un camino hacia la derrota”, recuerda el Artículo de “VPK News”. Nosotros ya habíamos apuntado en un Artículo anterior: El Excepcionalismo Norteamericano”, que en situaciones críticas y poco habituales, la Política Estadounidense es incapaz de reaccionar y adaptarse rápida y adecuadamente (fruto de la Ideología del Pragmatismo,y su expresión:el Excepcionalismo); sus acciones se vuelven asistemáticas y se escogen métodos inefectivos. Como ejemplo mencionaremos las visitas de Altos Cargos Estadounidenses a Kiev durante las protestas del Maidán o el contenido de las sanciones contra Rusia.
      Concluyendo podemos decir que las causas de la ineficacia de la Política Exterior Estadounidense son de carácter sistémico y radican en la misma estructura NeoConservadora de la “Élite del Poder” de EE.UU. y en los mecanismos de su funcionamiento. Es imposible eliminar estas causas a corto plazo, a no ser que haya un fuerte y decisivo golpe de timón, algo a lo que Latinoamérica (y especialmente Paraguay) debe prestar atención en el establecimiento de su Estrategia Política Exterior.
        Si los EE.UU. deciden rectificar rumbos para evitar nuevos fracasos en su Política Exterior deben volver a la tradición democratistadel Pte. Woodrow Wilson: su fe en el Sistema Democrático Liberal y confianza en que el mismo se expanda a otros países del área. Recordemos que el Presidente Wilson comenzó una tradición distinta en los Estados Unidos: no supeditar los ideales de la Democracia a las metas exclusivamente económicas. La Democracia era el “prerrequisito para la promoción de la libertad económica y la justicia social. Y estaba acérrimamente en contra de los Gobiernos golpistas, tiránicos y violentos: Jamás reconoceré a un Gobierno de carniceros dijo refiriéndose al Gobierno de facto del mexicano Victoriano Huerta, quien dirigió el Golpe que derribó y asesinó al Presidente Constitucional Francisco I. Maderos; pues para él Democracia significaba Estado de Derecho y respeto a los Derechos Humanos. Porque Woodrow Wilson era la encarnación misma de la tradición del Excepcionalismo y el Excelsiorismo Norteamericano y originó la que llegaría a ser la Escuela Intelectual predominante en la Política Exterior Norteamericana. Fue Wilson quien forjó el pensamiento norteamericano; fue Wilson quien captó las fuentes de la motivación norteamericana, siendo la principal que los Estados Unidos simplemente no se consideraban una Nación como cualquier otra, y cualesquiera que sean las realidades y las lecciones del Poder, la perdurable convicción del Pueblo Norteamericano ha sido que su carácter excepcional y excelso reside en la práctica y la propagación de la Libertad. Wilson repitió lo que ya era del dominio público desde Jefferson, la misión especial de los EE.UU. trasciende la diplomacia cotidiana, y los obliga a servir como Faro de Libertad para el resto de la humanidad”. “Creamos esta Nación para hacer libres a los hombres, y no limitamos nuestra concepción y nuestro propósito a este país, y AHORA HAREMOS LIBRES A LOS HOMBRES. Si no lo hacemos, desaparecerá la fama de nuestra patria, y todo su Poder se disipará” (Discurso en Boston: 24 de Febrero de 1919). Y en verdad, esta Escuela de Pensamiento es producto de la experiencia norteamericana: aunque han existido otras Repúblicas, ninguna fue creada conscientemente para encarnar la idea de la Libertad. La población de ningún otro país decidió encabezar un nuevo Continente y civilizar sus regiones despobladas en nombre de la Libertad y la Prosperidad para todos. Así, un positivo “Wilsonismo” redivivo debe ser adoptado por la Élite Pragmatista Norteamericana para cumplir el papel que le estuvo asignado por la historia. 


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