martes, 1 de abril de 2014

ADOLFO SUAREZ



                         LA VERDAD SOBRE ADOLFO SUAREZ

          La muerte del artífice de la Transición Española ha dado lugar, entre otros, a dos artículos aparecidos en el Diario ABC COLOR: uno de José Antonio Moreno Rufinelli, muy frívolo y carente de profundidad y análisis político y socioeconómico de su pensamiento y accionar; se pierde en lugares comunes y una horrible superficialidad. Eso fue todo lo que pudo brindarnos el “intelectual” ensalzado a menudo por los medios de comunicación (Sábado 29 de Marzo ppdo.). El otro, una entrevista del afamado periodista Hugo Ruiz Olazar a un conocido de Suárez, el empresario español Ignacio Ibarra (Domingo 30 de Marzo), adolece del mismo defecto: solo se pierde en anécdotas personales sin un examen a fondo de su política y personalidad. Trataremos aquí de desarrollar lo faltante.
          Quien esto escribe tuvo la oportunidad de dialogar extensamente con el Dr. Suárez en 1994, ocasión en que el mismo visitó el Paraguay y dio una Conferencia magistral en la Cámara de Senadores de la Nación –sita entonces en el Cabildo– donde abundó en temas de la transición democrática en la España postfranquista. Explicó con claridad su esfuerzo por transformar el Régimen Franquista de Partido (Falangista) o Movimiento (“Movimiento Nacional”) único en un sistema pluripartidista moderno, con la misión de superar los desencuentros que habían ensangrentado España durante décadas, proponiendo un proceso que vino a llamarse de “Reconciliación Nacional”.
          El importante periodista internacional Eloy Pardo rescata cosas interesantes de Suárez y dice al respecto: La lucha de intereses fue brutal. Pues mientras algunos quisieron realizar enormes cambios por la vía rápida, la Presidencia de Adolfo Suárez, un hombre procedente del Falangismo Social pero con antecedente Republicano por parte paterna, sorprendió a propios y extraños defendiendo la independencia de criterio española dentro de un nuevo marco superador de la Dictadura. Todo el mundo debió ceder para lograr un equilibrio y ello fue logrado por un político que se asemejó al Dirigente francés Charles De Gaulle”.
           En su célebre discurso electoral del 13 de Junio de 1977: “Puedo prometer y prometo”, Adolfo Suárez remarcó “no estar ligado a ningún sector privilegiado” y desear una “síntesis de esas dos Españas de ingrato recuerdo”. Recalcó que no era “un engañador ni de izquierdas ni de derechas” sino que asumía una mezcla entre conceptos usualmente ligados a unos o a otros. “Creemos que España se debe construir con la colaboración de la Derecha y la Izquierda, aunque defendemos un modelo de sociedad diferente”, dijo en la conocida alocución.
           En los años que siguieron se notó claramente que la Batalla por la Democraciaera, para algunos, una excusa perfecta para la transformación de los sectores nacionalizados de la economía hacia un marco de grandes privatizaciones, con mayor predominio del Capital Financiero (sector Bancario-Crediticio). Y de paso”   –acota nuestro citado periodista                internacional Eloy Pardo– convertir el Poder Político de turno, no en un actor económico primordial, sino en comparsa de las decisiones de Gabinetes ajenos al interés del Estado-Nación. Generar, en definitiva, una orientación hacia el modelo de Estados Unidos. Tal orientación quedó sellada y confirmada con la llegada al Poder de Felipe González y José María Aznar, que dieron a su política el enfoque liberal claramente inspirado por el American way of thinking (modo de pensamiento Norteamericano)”.
           Como vemos, no era, pues, Adolfo Suárez con sus ideas, el Presidente “adecuado” para seguir en el mando. Debía ser apartado, dimitir o ser depuesto por cualquier medio, incluyendo las mociones de censura, la sublevación de sus propios Ministros, la subversión probablemente financiada desde el exterior, incluyendo el terrorismo, tanto de extrema izquierda como de ultraderecha, y, finalmente, un auténtico golpe de Estado que fue realmente lo que provocó su dimisión.
           Y es que Adolfo Suárez fue un firme e irreductible sostenedor del NO ingreso de España en la ORGANIZACIÓN DEL TRATADO DEL ATLÁNTICO NORTE (OTAN) con todo lo que ello comportaba. Se propuso salvar la crisis económica de aquél entonces sin ceder a las presiones externas ni recurrir al FONDO MONETARIO INTERNACIONAL (FMI). Pagó su audacia y patriotismo con un aislamiento casi total y la frontal oposición de los Socialistas del PSOE de Felipe González. Conviene recordarlo precisamente ahora, pues son pocos –como ya hemos visto– los que dan relieve a este tipo de datos. --El Líder de la Unión de Centro Democrático (UCD), posteriormente Centro Democrático y Social (CDS), se resistió activamente a integrar el Estado que presidía en unas estructuras que conllevaban el aumento de la deuda externa e hipotecas sociales insoportables. Lo mismo sucedió, en su momento, con Charles de Gaulle” (Eloy Pardo: ibídem).
           Estos problemas, que venían arrastrándose casi desde el comienzo de su Presidencia, llegaron años más tarde inclusive al terreno personal. Tal es así, que en una campaña electoral posterior, en 1986, Suárez denunció: “Yo también tengo problemas con la Banca”, la cual le negó créditos para financiar aquellas elecciones. Y a renglón seguido también denunció las políticas económicas del PSOE: “Los Socialistas han seguido una política orientada por el FONDO MONETARIO INTERNACIONAL, con lo que han aumentado sustancialmente los beneficios de la Banca. La Banca nos ha dado la espalda, lo que quizás obedece al hecho de que el CDS no se pone de rodillas ante ella. Me enfrenté a los que querían hacer una España para ellos solos, y no una España para todos".
           Además de su oposición respecto a la OTAN, tanto Suárez como De Gaulle se distinguieron por una postura amistosa para con los países árabes, y por ello optaron por no mantener relaciones diplomáticas con Israel  dominado por un beligerante Sionismo. Sus adversarios, que gobernaron España después del “Golpe de Estado” -que al fin causó su dimisión- del 23 de Febrero de 1981, priorizaron en su agenda todo lo que Adolfo Suárez, muy maltratado entonces por la Prensa, mantuvo con firmeza.
           Y como remata nuestro citado Eloy Pardo: “--Suárez y De Gaulle entendieron que el interés nacional, especialmente en momentos de urgencia, no se construye sobre la base de la exaltación de antagonismos ideológicos y territoriales, sino con la participación conjunta de los más significativos sectores populares. Comprendieron la importancia de la influencia Sindical entre los trabajadores. Los dos personajes hicieron de la elaboración teórica un arte para superar visiones maniqueas que se suponía debían tener”. El Presidente Francés “vencido”, según los “Poderes Fácticos”,  por la primavera de Mayo del 68, fue sustituido por un miembro de su propio Gabinete: Georges Pompidou, apoderado de la Casa Rothschild; y en España, el Diario “El País”, tras la dimisión de Suárez en 1981, anunció en grandes titulares: “La Banca apuesta por Leopoldo Calvo Sotelo”. Su carrera política, moderada y centrista, pero demasiado innovadora e independiente, fue truncada por los Poderes e Intereses que ahora gobiernan España (con los resultados que observamos) y simulan llorarlo.-           


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